Capítulo 63
Mientras tanto, frente a un lujoso balneario de Shanghái.
Yang Zeyu y Zhang Liang entraron sujetando a Liu Jinhao. Nada más entrar, Yang Zeyu echó un vistazo al interior y exclamó:
—Joder, este sitio es la hostia de lujoso.
Zhang Liang, a su lado, también asintió enseguida. Liu Jinhao, al que llevaban entre los dos, no parecía haberse enterado de nada. Se limitó a asentir como un autómata.
A esas horas de la madrugada, el vestíbulo estaba casi vacío. Solo había unas cuantas personas repartidas por los sofás, charlando mientras esperaban a alguien.
Los tres se acercaron al mostrador de recepción. Al verlos llegar, la chica dejó el móvil de inmediato, se levantó y los miró.
—Buenas noches, caballeros. ¿Son tres? ¿Van a pasar la noche?
Yang Zeyu asintió.
—Sí, toda la noche.
—Muy bien, señor. El paquete de 398 incluye pernoctar en el vestíbulo. Puede escanear aquí para pagar.
Yang Zeyu negó con la cabeza.
—¿Quién ha dicho que vamos a dormir en el vestíbulo? Ábrenos tres suites.
—Eso, nada de vestíbulo. Ábrenos tres suites —añadió Zhang Liang. Cada uno llevaba diez mil yuanes de Lin Zee en el bolsillo. ¿Quién iba a dormir en el vestíbulo?
Cuando la chica oyó que querían suites, se alegró. Al fin y al cabo, eso contaba para sus comisiones, y encima, por ser turno de noche, cobraría un plus.
La chica sonrió de oreja a oreja.
—Muy bien, señor. Con las suites, el baño va incluido. Las normales son 1188 yuanes, las de lujo 2888 y las supremas 5888. ¿Cuáles prefieren?
Al oír los precios, los dos se quedaron de piedra. ¿Joder, tan caro? Pero ya habían ido de farol, así que tocaba rascarse el bolsillo. Total, Lin Zee les había dado la pasta para que salieran a pasárselo bien.
Tras pensárselo un momento, los dos optaron por las suites normales.
La chica sonrió.
—Perfecto, señor. Tres suites normales, 3564 yuanes en total. Escanee aquí para pagar, por favor.
Tras pagar Yang Zeyu, la chica les entregó las pulseras a los tres con una sonrisa. Les explicó que todos los servicios del balneario se cargarían en las pulseras y que pagarían el importe total a la salida.
Al ver que Yang Zeyu pagaba, Zhang Liang sacó el móvil y le transfirió los diez mil yuanes que le había dado Lin Zee.
Yang Zeyu, al recibir la transferencia, lo miró extrañado.
—¿Qué haces? ¿Por qué me lo pasas todo?
—Paga tú luego. Si no, no voy a poder cuadrar las cuentas —respondió Zhang Liang.
Yang Zeyu asintió y los tres cogieron el ascensor hasta las habitaciones del octavo piso.
Yang Zeyu y Zhang Liang le pusieron la pulsera a Liu Jinhao, lo dejaron tirado en una habitación y bajaron directos al sótano.
Liu Jinhao seguía sin despejarse. Se desplomó en la cama sin quitarse siquiera la ropa y se quedó frito en cuanto tocó la almohada. Quien no lo conociera habría pensado que se había metido entre pecho y espalda dos botellas de licor del fuerte.
Yang Zeyu y Zhang Liang bajaron al sótano, se dieron una ducha rápida y, tras consultar el cartel junto al ascensor, subieron directos a la zona de masajes del tercer piso.
A pesar de la hora, había bastante gente esperando para los masajes. ¿Cuánta? Tanta que no daban abasto los masajistas.
En el mostrador, Yang Zeyu y Zhang Liang se dirigieron a una mujer de unos treinta y tantos o cuarenta años.
—Oiga, ¿cuánto habrá que esperar?
La mujer negó con la cabeza.
—Pues no sabría decirles. Depende de si los clientes alargan la sesión. ¿Vosotros tenéis suite?
Yang Zeyu y Zhang Liang se quedaron de piedra y se miraron. ¿Qué tenía que ver eso con las suites?
La mujer se dio cuenta de su confusión.
—Si tenéis suite, podéis reservar ya. En cuanto quede libre un masajista, va directamente a vuestra habitación.
Los dos pensaron: joder, eso suena de puta madre. Pero tras pensárselo, negaron con la cabeza.
—No, es que si me voy a esperar a la habitación, no sabré qué pinta tiene el masajista... Eeh, quiero decir, si da buenos masajes o no. Y si no nos gusta y queremos cambiar, va a ser un lío.
La mujer sonrió, pillando al vuelo lo que querían decir. Sacó una tableta y dijo:
—Aquí tenéis las valoraciones de nuestros masajistas. Echadle un vistazo. Si os gusta alguno, os hago la reserva y, en cuanto quede libre, va directo a vuestra habitación.
Y claro, junto a las valoraciones, también aparecían las fotos.
Los dos se quedaron clavados mirando la tableta sin pestañear. Estuvieron un buen rato pasando el dedo por la pantalla. Al final, cada uno eligió a un masajista bien parecido y con buenas valoraciones para un masaje descontracturante.
Eso sí, el precio no era precisamente barato: novecientos noventa y ocho yuanes por noventa minutos. La mujer les registró las pulseras y los dos volvieron contentísimos al octavo piso.
Aquella noche, salvo Liu Jinhao, ninguno de los dos iba a pegar ojo.
Dos horas más tarde, Liu Jinhao abrió los ojos, aturdido, desde la cama. Se incorporó y miró a su alrededor con cara de atontado.
Al ver aquella decoración tan elegante, tan distinta de la residencia, a Liu Jinhao le explotó la cabeza.
—¿Pero qué cojones? ¿Dónde me habéis metido? ¿Esto es la residencia? ¿Quién coño me ha traído a un hotel?
Liu Jinhao sacó el móvil para escribir a sus compañeros de cuarto y preguntarles dónde estaban, cuando se fijó en la pulsera que llevaba en la muñeca. Murmuró alelado:
—Ah, que es un balneario... Yo pensaba que era un hotel.
—Un momento, aquí hay algo que no cuadra. ¿No se supone que estaba en el bar? ¿Cómo coño he acabado aquí? —Con eso en mente, Liu Jinhao escribió rápidamente en el grupo.
Liu Jinhao: —¿Dónde estáis? ¿Por qué estoy en un balneario?
Después de esperar un rato sin recibir respuesta, Liu Jinhao los llamó a los tres por separado.
Como era de esperar, las llamadas sonaron durante un buen rato y ninguno contestó.
De Lin Zee ni hablemos. Después de volver a sus habitaciones, Yang Zeyu y Zhang Liang habían esperado más de una hora hasta conseguir por fin sus masajes descontracturantes. En ese momento estaban en plena sesión. ¿Cómo iban a tener tiempo para atender a Liu Jinhao?
Para cuando Liu Jinhao recibió el mensaje de Yang Zeyu, ya había pasado más de media hora.
Yang Zeyu: —¿Ya te has despertado, Jinhao? Zeezi nos invitó a los tres a bañarnos. Como te vimos durmiendo, no te despertamos.
Liu Jinhao: —Ah, ah, me has asustado. Me preguntaba por qué estaba en un balneario.
En ese momento, Zhang Liang también envió un mensaje al grupo del dormitorio.
—Oye, Jinhao, ya que estás despierto, aún no te has bañado, ¿verdad? Bajemos a ducharnos otra vez.
Después de salir de sus habitaciones, los tres se encontraron junto al ascensor. Al ver solo a dos personas, Liu Jinhao preguntó enseguida:
—¿Dónde está Zeezi?
—Zeezi se fue con su madura. Fue a casa de ella a tomar té. Nos dejó veinte mil para que nos bañáramos y disfrutáramos.
—¡Joder, tanto! ¡Zeezi es un tío legal!
Al oír eso, Liu Jinhao abrió la boca de par en par por la sorpresa. Pero cuando los dos se acercaron a él, sintió que algo no cuadraba.
Liu Jinhao miró los rostros sonrojados y radiantes de Yang Zeyu y Zhang Liang y preguntó confundido:
—¿Qué habéis hecho vosotros dos? ¿Por qué estáis tan animados?
—Ah, nada. Pedimos un masaje descontracturante —respondió Yang Zeyu.
—Ah, entonces después de ducharme pediré un masaje también. Nunca he probado los masajes de estos sitios. ¿Cuánto cuesta el masaje descontracturante?
Al oír eso, Yang Zeyu y Zhang Liang se pusieron un poco nerviosos. Luego tartamudearon:
—Ci... cinco mil novecientos noventa y ocho...
—¿Qué clase de maldito masaje cuesta seis mil?
—Es que... añadimos tiempo y algunos servicios extra y eso...
—Vale, vale. ¿Cuánto dinero queda ahora? —los interrumpió Liu Jinhao.
—Cua... cuatro mil y pico...
Como el presupuesto no daba para más, Liu Jinhao solo pudo encontrar un masaje descontracturante con una puntuación mediocre.
...