Mi oscuro príncipe (Dark Prince Road 3) Briar #2
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Briar #2

—¿Qué puedo decir? Ya no hay vuelta atrás.

—Lleva mi anillo de compromiso a sus labios y besa mi nudillo mientras me mira directo a los ojos—.

Estoy totalmente comprometido, Briar. Los Ángeles, los outfits de Barbie, el maldito dueto de Frozen .

Demonios, no me importa si me pides escalar el monte Everest y bajar yo solo cada pedazo de basura que encuentre, lo haré.

No hay nada que no haría para hacerte sonreír.

***

—No tenemos favoritos. —Agnes frunce el ceño hacia Ollie por encima de su copa de vino.

Él hunde su pavo en la salsa.

—Claro que sí tenéis favoritos.

Me hundo en mi asiento, ya con dos porciones de puré de patata encima en mi primera gran fiesta con mi nueva familia.

De hecho, mi primera fiesta con cualquier familia.

Al parecer, implican una cantidad poco saludable de licor y muchas discusiones inútiles.

Nunca me había dado cuenta de que « unión familiar» quiere decir « a ver quién grita más fuerte».

La madre de Zach acaba de terminar de sermonearlos a él y a Farrow sobre sus expectativas extracurriculares para unos nietos que aún no existen cuando estalla otra discusión entre Oliver y su madre.

Agnes se da golpecitos en las comisuras de los labios con una servilleta de lino.

—¿Alguna prueba?

—Claro. —Ollie señala con la zanahoria ensartada en la punta de su tenedor hacia sus padres—. Me pusisteis Oliver por el restaurante Olive Garden, mientras que a Sebastian lo nombrasteis por alguna escultura romana triturada.

—Era una pintura florentina, no una escultura, y Olive Garden es un clásico estadounidense.

—Además… —Felix se relame los labios—. Te pusimos Oliver por la fruta.

Ante su declaración, Agnes se deshace en una carcajada.

—Ugh. —Ollie finge hacer arcadas sobre su plato—. Qué asco.

Su madre hace girar el vino en su copa.

—Ni siquiera sabes por qué me estoy riendo.

—Y no quiero saberlo. —Empuja el plato, con los labios torcidos en una mueca—. Por lo que a mí respecta, fui una concepción inmaculada.

Su discusión continúa mientras yo amontono las porciones para Sebastian en un plato caliente. Pavo cajún, relleno de andouille , pan de maíz y boudin .

—Briar. —Dallas se inclina más allá de Romeo y Frankie para espiarme—. ¿Estás haciendo reserva de comida para después?

—Tal vez. —Me preparo mentalmente para dar excusas acerca de la carne en mi plato, pero Dallas estalla en una sonrisa.

Se abanica, tirando del cuello de su vestido para separarlo de su piel.

—Nunca me habías alegrado tanto.

Para cuando regreso de llevarle la comida a Seb, el personal ya ha retirado el plato principal.

Los restos de pay de calabaza y galletas de limón están abandonados en una bandeja de catering.

Oliver desaparece en el almacén para buscar juegos de mesa mientras Romeo regresa con una caja del tamaño de un campo de fútbol.

El regalo gigante cae sobre la mesa de caoba con un golpe y ocupa todo el espacio disponible.

Y se trata de una mesa grande. Es todo un espectáculo por sí mismo.

Está envuelto en un papel brillante color esmeralda que centellea bajo las luces cálidas.

—Ábrelo. —Dallas agita el extremo de la cinta dorada de seda que se enrosca alrededor de la caja en perfectos bucles—. Es de Romeo. Mi regalo de boda te lo doy el día de la boda.

—No pensaba que pasaría la aduana —explica Romeo, lo cual no explica absolutamente nada.

—Sobre eso. —Ollie entra al comedor lanzándole una baraja a Farrow—. Cambio de destino.

Fae abre el paquete y empieza a barajar las cartas para rummy.

—¿Ya no es en Nauru?

No puedo evitar recordar mi deseo de hace diecinueve años. De una vida que en ese momento me parecía imposible. Amigos ferozmente leales. Comidas caseras. Partidas de rummy en tardes tranquilas de fiesta.

Existe, y es hermosa, y es toda tuya. Para siempre.

Frankie frunce el ceño.

—Pero ya he comprado la ropa tropical más mona.

—Y yo he comprado la isla tropical más mona. —Ollie toma el asiento junto al mío, pasando un brazo por mi espalda—. Está en el Caribe. Tiene una buena pista de aterrizaje, para que todos podamos volar en privado.

—Aay. —Dallas se lleva la mano al corazón y prácticamente se derrite en su silla—. ¿Como regalo de boda para Briar?

Para Sebastian, en realidad. Si queremos que esté en la boda, tenemos que meterlo al lugar a escondidas, y si queremos meterlo a escondidas, tenemos que evitar la aduana. La única forma de hacerlo fue con una compra de cuarenta y cinco millones de dólares justo pasando las Islas Vírgenes.

Antes de que cualquiera de ellos haga más preguntas, agarro el lazo dorado y tiro de él.

—De todos modos, voy a abrir el regalo antes.

En cuanto la cinta se desenrolla, los lados de la caja se desploman sobre la mesa, y revelan algo elegante y metálico.

No tengo idea de qué es. Algún tipo de maquinaria, probablemente.

Con una larga manguera enrollada que serpentea desde un tanque hasta una boquilla.

Brilla como si alguien lo hubiera pulido hace un momento.

—Es un… —Me rasco la sien—. Un…

—Un lanzallamas —aclara Romeo, alzando una ceja—. Para tus arbustos. ¿Recuerdas?

—Claro. —Miro el monstruoso aparato sin pestañear, convencida de que merezco la visita del FBI, la ATF y todas las demás agencias de tres letras—. Gracias.

Oliver se inclina hacia delante para inspeccionarlo.

—No era exactamente lo que tenía en mente cuando dije que apoyaría tus pasatiempos.

—¿Quieres una demostración? —Romeo agrega un cubo de hielo redondo a su whisky—. Podemos dejar todo el acantilado reducido a cenizas antes del atardecer.

Por suerte, Agnes entra bailando a la cocina y el acantilado queda a salvo. Hace equilibrio con una bandeja en cada mano, ambas cargadas de dulces.

—¿Postre, cariño?

—No, gracias. —La ayudo a dejar las bandejas en la mesa y la detengo cuando levanta un plato pequeño—. Creo que ya no puedo comer más. Oliver y yo vamos mañana a casa de los Cooper para la segunda ronda de Acción de Gracias.

—Oh, Connecticut es precioso en esta época del año. —Agnes deja el plato que había reservado frente a Oliver y le aprieta el hombro—. Este lo he hecho solo para ti.

Luego se va en un torbellino de perlas brillantes y Jean Patou vintage . Oliver mira el plato en silencio mientras Farrow reparte las cartas a todos. Son cupcakes de boniato. Sus favoritos. Oh. Oh. Me inclino hacia él cuando murmura algo casi inaudible.

— No me había horneado mi postre favorito en quince años.

Las palabras me rompen el corazón, pero los cupcakes lo vuelven a coser.

—Las cosas están cambiando, Ollie. No estás solo. Esta vez… —le aprieto la mano debajo de la mesa y le digo lo bastante cerca para que solo nosotros lo oigamos—:… si el cielo se cae, yo lo aguantaré por ti.

***

Oliver

Mi hermano es un cabrón. Un sádico y oportunista en todo el sentido de la palabra.

El traje de terciopelo vintage que me compró se me mete por el trasero y chupa sudor de poros que ni sabía que tenía.

Sebastian logró convencer a mi prometida de seguir con los atuendos estilo Barbie, de ahí mi incomodidad general.

A pesar de que estamos a mediados de diciembre, hace más de treinta grados y hay una humedad infernal en la isla privada.

Desde mi lugar en la arena, puedo sentir los ojos de Seb clavados en mí, observándolo todo desde un faro cercano.

Briar sugirió que retrasáramos nuestra luna de miel.

En lugar de correr a Sagres Point, vamos a pasar una semana entera aquí, para que Sebastian pueda disfrutar la isla por la noche mientras todos duermen.

Ella siempre piensa en mi hermano cuando hacemos planes, otra razón más para casarme con esta mujer lo antes posible.

Además del cortejo nupcial, nuestra diminuta lista de invitados ocupa cuatro sillas: mamá, Melinda, la señora Sun y la tía Celeste.

Es lo mejor, considerando lo viral que se ha vuelto mi propuesta.

Lo bueno es que al menos todos los que tienen internet saben que Briar ya está reservada. Pequeñas misericordias.

La violinista empieza a tocar « La bella y la bestia», señal de que el cortejo debe avanzar.

Frankie baja caminando con Hazel y se detienen en las marcas más lejanas del lado de la novia junto al altar.

Luego Romeo escolta a Farrow, ya que Briar eligió a Dallas como su dama de honor.

La canción llega a un crescendo , dando paso a Zach y Dallas.

Ellos recorren el pasillo y ocupan sus lugares más cerca de mí.

Zach obtuvo el honor de ser mi padrino, pero solo para evitar que siga quejándose de que casi lo maté en su cámara criogénica.

Fue una buena decisión, porque su enorme cabeza bloquea mi vista de Briar escondida detrás del arco de rosas.

No hay forma de adivinar qué haré en cuanto la vea.

La música se detiene. Ya casi es hora de que mi novia camine hacia el altar, y estoy tan malditamente acelerado que podría desplomarme y empezar a hiperventilar hasta provocarme un infarto.

Ni siquiera entraría en el top diez de las cosas más vergonzosas que he hecho frente a Briar, pero estoy seguro de que mi familia jamás me dejaría olvidarlo.

Zach empuja mi zapato con la punta del suyo.

—¿Ya le has puesto nombre a esta isla?

Creo que intenta distraerme. No funciona mucho, pero le sigo la corriente.

—Estamos pensando en Naurua.

Romeo resopla y gira la cara para que el camarógrafo no lo capte.

—Eso tiene que ser violación de derechos de autor.

Estiro el cuello, intentando ver a mi futura esposa.

—Puedo pagar la demanda.

Zach frunce el ceño y se frota las cejas con incredulidad.

—¿Este es el mismo tipo que decía que el matrimonio era una secuela para hacer dinero?

La violinista nos hace callar al acomodar el violín en su cuello. Las primeras notas de « What Have I Done» de Dermot Kennedy recorren la playa.