Mi oscuro príncipe (Dark Prince Road 3) Capítulo noventa y uno. Oliver
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Capítulo noventa y uno. Oliver

Capítulo noventa y uno Oliver

Día de prueba cuatro.

Nadie menciona la inquietud como un efecto secundario de las relaciones a distancia. Ese impulso desgarrador, que te revuelve el estómago, que te provoca náuseas, esa descarga eléctrica dentro de ti que parece que va a explotar y llevarse tus órganos si no te levantas y haces algo.

Lo que sea.

Eli revisaba un muestrario de alfombras, con los pies sobre mi escritorio de la oficina.

—¿Algo más?

Con la punta del bolígrafo le aparté el zapato de la madera de caoba, orgulloso de haber logrado levantarme después de una borrachera de cuatro días.

Corrección: Eli había llegado a mi casa a las siete de la mañana y me arrastró a la oficina justo a tiempo para una votación importante, apenas dándome un minuto para ponerme un traje.

Mis dedos volvieron a mis sienes y se hundieron en la piel como si pudieran apretar y eliminar la resaca.

—¿Alguna vez estuviste en Waco?

—Me refería a algo relacionado con el trabajo.

—Soy tu jefe. Todo lo que te digo está relacionado con el trabajo.

Suspiró, cediendo un poco.

—¿Qué hay en Waco?

—Un imbécil.

Específicamente, un imbécil infiel que una vez hizo match con Briar en Raya, escribió comentarios de odio en cada tráiler de las películas en las que ella trabajó y se enfrentó a ella en Baylor cuando fue a visitar a sus amigos.

Le había ordenado a Sebastian que investigara sobre él meses atrás.

Kyle Clark. Exingeniero júnior en Raytheon. Futuro exdoctorando en Baylor.

Dallas me lo había contado todo cuando regresaron de su viaje, y lo había dejado salirse con la suya demasiado tiempo, demasiado distraído por tener a Briar cerca de mí.

Eli me lanzó una mirada por encima de una horrible muestra de poliéster fucsia.

—Hay muchos imbéciles en este gran país. ¿A cuál te refieres?

—A uno cuya esperanza de vida está a punto de acortarse.

—No hagas nada ilegal. No voy a sacarte de la cárcel.

—Tengo amigos para eso.

Dejé de frotarme las sienes el tiempo suficiente para entrecerrar los ojos.

—¿Acabo de escuchar preocupación en tu voz?

—Es instinto de supervivencia. Te ves hecho mierda.

Bueno…, sobre eso…

No me había duchado desde que Briar se fue. Qué más daba. No es como si dejara que alguien se acercara lo suficiente para olerme. Sería más fácil si ella se hubiera quedado en LA. Al menos tendríamos FaceTime.

Pero no. En cuanto aterrizó, producción le informó que habían adelantado el rodaje a una isla privada remota, propiedad de uno de los inversionistas multimillonarios. Algo sobre reducir costes de localización.

La diminuta isla caribeña tenía exactamente una torre de señal que requería una caminata de dos horas por una montaña llena de selva para conseguir cobertura. Incluso si quisiera que hiciera la caminata —que no quiero— no podría con su horario de filmación de veinte horas.

No había tenido noticias de mi novia en cuatro malditos días.

Apoyé la mejilla sobre el escritorio.

—Estoy vestido de pies a cabeza con sastrería hecha a medida.

—Tus calcetines ni siquiera combinan.

—Una elección de moda deliberada.

—La única persona cuyo nombre dijiste bien ha sido el mío, le gritaste al menos a la mitad del personal, y durante la reunión del consejo sugeriste cancelar toda la expansión del resort en Brasil.

—Eso habría provocado una deforestación masiva y pondría en mayor peligro a los titíes cabeciblancos.

—¿Titíes cabe…? — Eli cerró el muestrario de golpe—. ¿Quién demonios eres?

No respondí. Me puse de pie de un salto antes de explotar en la silla.

Esa descarga eléctrica no desaparecía. Tenía que hacer algo.

Los ojos de Eli siguieron mi marcha hacia la salida.

—¿A dónde vas?

—A Texas.

—¿Qué demonios hay en Texas?

Venganza.

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