Mi oscuro príncipe (Dark Prince Road 3) Capítulo treinta y ocho. Oliver
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Capítulo treinta y ocho. Oliver

Capítulo treinta y ocho Oliver

Mi corazón dio un vuelco en cuanto Briar apareció en mi campo de visión. Me puse de pie de un salto y me pasé una mano temblorosa por el cabello.

Está bien. Está entera. ¿Por qué mierda tu corazón quiere salirse del pecho?

—Oliver. —Dallas saltaba arriba y abajo, riéndose como si yo no tuviera toda la intención de estrangularla con mis propias manos.

Lo único que me detenía era el hecho de que su marido psicópata disparaba misiles desde tanques solo por diversión—.

Qué agradable sorpresa. ¿Buscando a tu próxima novia?

Farrow hizo un gesto circular con el dedo hacia los dormitorios, señalando a las estudiantes que se habían detenido a mirar.

—El rango de edad parece bastante adecuado.

Me lo tendría bien merecido si terminara en la portada de TMZ justo cuando por fin había conseguido el respeto colectivo del consejo del Grand Regent.

Ya de por sí no estaban de acuerdo con mi decisión unilateral de drenar el enorme estanque que consideraban el punto focal del campo de golf.

Pero tenía que hacerlo, considerando que MI PROMETIDA CASI PIERDE LA VIDA AHÍ.

Prometida falsa, imbécil delirante.

—Oh, solo soy un año menor que Ollie —dijo Briar con inocencia, sin captar el chiste sobre Frankie que a mí no me había hecho ninguna gracia.

Dallas le puso el chupete a Luca y alzó una ceja hacia mí.

—¿Has decidido unirte a nosotras?

—¿Qué me ha delatado? —Le mostré una sonrisa diabólica—. ¿El hecho de que has secuestrado a mi prometida?

— « Secuestrar» es una palabra muy fuerte. —Dallas puso los ojos en blanco y se detuvo frente a mí—. Prefiero « llevarla de vacaciones espontáneas».

—Entonces yo prefiero el término « abrazo apasionado».

—¿En lugar de qué?

—En lugar de « estrangularte», que es lo que estoy a punto de hacer.

—Hacemos esto por su bien, Oliver. —Farrow condujo a Briar hacia la puerta que yo estaba bloqueando, todavía intentando estimularle la memoria—. Ella merece saber más.

Traducción: merece recordar que eres un pedazo de maldita mierda tóxica.

Siempre supe que Farrow era más dura que un montón de clavos oxidados. Y casi igual de agradable.

Briar se pasó las uñas por el cabello y sacó mechones de su improvisada cola de caballo.

—Uf.

Corrí a su lado y la sujeté del codo cuando se tambaleó.

—¿Estás bien?

La mirada fulminante que lancé a Dallas, Fae y Hettie habría podido derrumbar un edificio entero.

—El doctor Cohen dijo que un mal recuerdo podía retrasar su progreso.

—Estoy bien. —Briar se apoyó en mí—. Solo… creo que recuerdo algo.

Mi corazón se hundió. Cuanto más se acercaba a la verdad, más nos alejábamos. No esperaba que realmente estuviera conmigo. Ni quería que lo estuviera. Al fin y al cabo, no merecía ni una pizca de afecto en mi vida. Simplemente… no estaba listo para que volviera a odiarme.

Briar chasqueó los dedos.

—Recuerdo la pelea.

Mierda.

Dallas se lanzó hacia Briar, casi tropezando con Luca por las prisas.

—¿Qué recuerdas?

—Con Hazel.

Me desplomé un poco, odiándome por lo aliviado que me hicieron sentir sus palabras.

No recuerda ese día.

Hettie ayudó a Briar a enderezarse.

—¿Qué pasó?

—La eché. Espera… —Briar negó con la cabeza—. No fue una pelea. No, no. Había un chico conmigo. Él era… —Frunció el ceño, concentrándose en la puerta de madera—. Era mi novio. Se llamaba Grant.

Grant merecía una tumba sin nombre, seis metros bajo tierra, solo por haber respirado el mismo aire que Briar alguna vez.

—Grant. —Los ojos de Dallas brillaron, irradiando pura diversión—. Qué interesante. ¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?

Briar se llevó la mano a la nuca, con los ojos entrecerrados, tratando de entender la revelación.

—Mucho tiempo, creo.

—Bueno, ya basta de vuestras estupideces —gruñí, metiéndome entre el grupo de mujeres y apoyando una mano en la parte baja de la espalda de mi falsa prometida—. Cariño, vámonos a casa.

—Está recordando cosas —protestó Dallas—. Estás interrumpiendo nuestro progreso.

—Tiene migrañas, y no recuerdo que el doctor Cohen haya mencionado nada sobre llevarla por todo el mundo para ayudarla a recuperarse. Necesita descanso.

—Estoy tratando de ayudar.

Mostré los dientes, en una actitud claramente salvaje.

—Todo lo que tocas se vuelve radiactivo.

—Quiero recordar. —Briar se apartó de mí y me fulminó con la mirada—. Sí, me duele la cabeza, pero esto es vital. Desde que desperté del coma siento que ha pasado una eternidad y no he avanzado nada. No sabes lo que es no tener recuerdos. Mis recuerdos soy yo.

—Sigues siendo tú, Mimitos. Divertida, inteligente y hermosa.

—Y perdida, desorientada y frustrada. ¿Por qué no quieres que mis recuerdos vuelvan tanto como yo? Es nuestra historia de amor lo que he olvidado.

—Sí quiero.

No, no quiero.

En cuanto recupere la memoria, se irá. Y yo no podré seguirla. No sin romper la promesa que le hice a Seb.

¿Y por qué, exactamente, la seguirías, imbécil? No es tuya. De hecho, te odia.

—No te creo.

Se giró hacia la puerta antes de que pudiera responder, recorriendo la madera pintada como si eso pudiera darle las llaves del pasado.

—Grant fue mi novio durante mucho tiempo. Dos, tal vez tres años.

La revelación me atravesó el pecho como si alguien me hubiera clavado una espada y echado lejía sobre la herida abierta.

No tenía derecho a sentirme mal, después de todo lo que le había hecho pasar.

Y aun así… En quince años, nunca había logrado superarla.

Nunca tuve una relación que durara más de dos horas, mucho menos dos o tres años.

—Solo intento ayudar —expliqué, viendo cómo su ceño se fruncía más al mirarme—. El doctor Cohen dijo que evitáramos cualquier cosa que pudiera alterarte.

—Espera, ¿cómo has llegado tan rápido? —Sus ojos iban de mí al pasillo y luego a sus « secuestradoras», como si ellas tuvieran todas las respuestas.

Guardé el teléfono en el bolsillo, dado que ya no necesitaba que Dallas respondiera mis malditas llamadas.

—En mi avión privado.

—Oliver, esto es absurdo. ¿Por qué no has llamado?

—He llamado. Os he llamado a todas apenas me enteré de que estabais aquí. Ninguna me ha contestado.

—Oh. —Briar sacó su teléfono nuevo del bolsillo, y parpadeó al ver las cien llamadas perdidas—. El mío todavía estaba en modo avión.

Farrow se encogió de hombros mientras se quitaba tierra de debajo de la uña.

—El mío siempre está en silencio.

—No tienes mi número —intervino Hettie—. Solo soy la humilde cocinera de tu amiga.

—Recibí tus llamadas. Pero las ignoré. —Dallas besó la cabeza de Luca y volvió a mirar a Briar—. Entonces, ¿qué más recuerdas?

—Hay una sala común aquí con una mesa de billar. —Señaló por encima del hombro—. Quiero ir a verla. Creo que recuerdo algo importante que pasó allí.

—Aww. —Dallas movió las cejas—. ¿Tú y Grant haciendo cosas prohibidas sobre la mesa?

—No, tiene que ver con Hazel.

—¿Por qué no llevas a Briar a verla, Hettie? —Farrow se aferró a los codos de ambas y las empujó suavemente—. Así Dallas, Oliver y yo podemos matarnos tranquilamente mientras aprovecháis el tiempo que nos queda aquí antes del vuelo de regreso.

Observé cómo Hettie guiaba a Briar por el pasillo, negándome a apartar la vista hasta que el último átomo de ella desapareció de mi campo visual.

Algo nauseabundo se agitaba en mi estómago.

Tenía que detener esta mierda. Briar y yo habíamos terminado en el momento en que traicioné a mi familia.

Necesitaba ayudarla a recuperarse, y luego no volveríamos a vernos nunca más.

Al menos eso le debía. El nudo violento que se apretaba dentro de mí solo podía ser culpa y preocupación por su salud. Nada más.

En cuanto Briar y Hettie quedaron fuera de alcance, Dallas se giró hacia mí con la boca abierta, y por primera vez no era para meterse un pastel entero sin cortar.

—Mierda, Ollie. —Se llevó una mano al pecho—. Estás enamorado de ella.

—Eso es ridículo. —La fulminé con la mirada—. No estoy ena… Es complicado. Nos conocemos desde que usábamos pañales. Estoy preocupado por ella, ¿sí?

Dallas se acarició el mentón, pensativa.

—Nunca pensé que fueras capaz de preocuparte por algo que no fuera el próximo hueco para tu pene.

—Pues sí, hay gente que lo hace —murmuré.

—No es tu caso. —Farrow deslizó el dedo por su teléfono sin molestarse en mirarme—. Fuiste programado como un imbécil anticuado. No creí que tuvieras esas funciones.

Dallas sonrió radiante.

—Debe ser una nueva actualización de software, ¿no?

Farrow hizo un gesto con la mano para cortar el chiste.

—Esa última analogía ha sido excesiva.

Dallas suspiró.

—Las bromas internas son como las galletas recién horneadas con virutas de chocolate. Nunca sabes cuándo parar.

Sin Briar presente para presenciar esto, me giré hacia ellas, con las manos en la cintura.

—Hora de dejar las tonterías. Os habéis pasado de la raya. Y mucho.

Fae hizo una pausa y dejó el dedo suspendido el tiempo suficiente para resoplar.

—¿Ah, sí?

Dallas acunó a Luca en sus brazos.

—Me pediste que ayudara a Briar. La estoy ayudando. Si dependiera de ti, no recuperaría la memoria en otra década.

Eso sí es una buena idea.

Me pasé la mano por el cabello.

—No debisteis sacarla de mi propiedad, y mucho menos llevarla a otro estado. ¿Entendéis lo delicada que está? Esto no es un maldito juego. ¿Y si me hubiera necesitado?

—Parece que te necesitó mucho durante su vida, y no estuviste ahí. —Fae me miró entrecerrando los ojos mientras guardaba el teléfono—. No finjas que ahora de repente te importa.

Tenía razón, por supuesto. Esa era mi vergüenza eterna.

Pero con ella en Europa y con una prohibición autoimpuesta de buscar información sobre ella, había logrado empujar la culpa a la periferia de mi mente.

Ahora que estaba frente a mí —deslumbrante, hermosa y adorable hasta el maldito extremo—, yo necesitaría sufrir amnesia para alejarme.

Me humedecí los labios y respiré hondo.

—Esta es la última vez que os lleváis a Briar a algún lado sin mi permiso. He tenido que abandonar una maldita reunión de la junta para estar aquí.

—¿De qué estás hablando? —resopló Dallas—. Eres como yo. Nunca has conocido un trabajo, mucho menos tenido uno.

Mierda. La verdad se me escapó como una fotopolla enviada por accidente a un chat grupal entre un montón de archivos adjuntos. (Lección aprendida: enviar una foto a la vez).

Dallas y Farrow me miraron fijamente, esperando una explicación.

Un músculo me palpitó en la mandíbula.

—No creo que me conozcáis cuando se trata de esta mujer.

—No creo que te conozcamos en absoluto —coincidió Farrow—. Estoy empezando a ver que tienes un trabajo, que no eres tan tonto y que eres capaz de tener sentimientos.

Este no era el momento de hablar de mí.

—Volved a hacer una mierda como esta con Briar una vez más, y haré que la vida de todos en Dark Prince Road sea un infierno.

No me llevéis la contraria cuando se trata de esta mujer.

No la pongáis en riesgo. No toméis decisiones estúpidas ni imprudentes.

Ella está bajo mi tutela. Es mi responsabilidad.

Yo debo protegerla. —Las miré a ambas—. ¿Está claro?

Dallas y Farrow intercambiaron miradas. Nunca me habían visto así. Yo tampoco me había visto así. Ni siquiera sabía que tenía dentro de mí la capacidad de preocuparme tanto.

Pero cuando me di cuenta de que se la habían llevado, lo único en lo que podía pensar era en los «¿y si…?».

¿Y si le daba miedo volar? ¿Y si se sentía sola? ¿Y si el avión se estrellaba? ¿Y si alguien decía algo que la ofendiera? ¿Y si no recordaba nada y se iba decepcionada? ¿Y si lo recordaba todo y yo no estaba ahí para abrazarla?

Finalmente, tras un momento de silencio, una sonrisa empalagosa apareció en el rostro de Dallas. Sonrió como si supiera algo que yo no.

—Clarísimo.

—Claro. —Farrow volvió a concentrarse en su teléfono—. Sigue mintiéndole. Eres el único que cree que lo haces por su propio bien. Pronto recordará por qué dejasteis de hablar.

—Bueno. —Dallas se sacudió las manos—. ¿Ahora qué?

—Ahora… —ya había comenzado a avanzar por el pasillo hacia la sala común, dondequiera que estuviera— voy a recuperar a mi prometida y largarme de aquí.