Mi Oscuro Deseo (Dark Prince Road 2) Capítulo setenta y seisFarrow
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Capítulo setenta y seisFarrow

Capítulo setenta y seis

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En el quinto día de mi liberación de Zachary Sun, Dallas pidió refuerzos.

Di un gemido de dolor ante la percha que me había lanzado, desde el lugar que ocupaba, sentada al borde del edredón de su cama.

—Por última vez, no estoy deprimida.

En verdad, no lo estaba.

Desde que me había ido de la casa de Zach, me había prometido centrarme en mí misma; usar estos treinta días para ordenarme la mente y ponerme la cabeza en su sitio.

Con sus treinta y tres años, me llevaba diez de ventaja en esta tierra para averiguar quién era y lo que quería de la vida; yo me merecía estos treinta días extra.

Además, ahora que sabía que Eileen amaba a Zach —y mucho más de lo que había dejado entrever— mi antiguo acuerdo con él me parecía asqueroso (aunque también me lo parecían todas sus manipulaciones; tan desagradables como el papel higiénico de una sola capa).

Entonces, Dallas lanzó otra percha, pero a Frankie.

—Eso es lo que dicen todas las personas deprimidas.

«Tiene razón».

—¿Por qué necesitamos refuerzos? —Me puse la falda de tul esponjosa—. No somos los Vengadores.

—Habla por ti. Yo sí me siento Ironman. —Hettie, la jefa de cocina de los Costa y la persona más carismática en todo el planeta, frunció el ceño al ver el tutú rojo y dorado en que Dallas la había metido—. Vamos a una discoteca, no a un espectáculo de ballet.

—Mi hermana nunca tuvo una despedida de soltera. —Frankie le pasó un brazo alrededor del hombro a Dallas—. Si quiere que nos pongamos esto, nos pondremos esto.

—Gracias, Frankie. —Dallas se puso un vestido blanco que apenas le cubría la barriga—. Nada cura mejor la depresión que una escapada al club.

Me desplomé sobre su colchón y me cubrí la cara con las dos manos.

—¡Que no estoy deprimida!

Pero ella ya había pasado a nuestras camisetas y nos asignaba unas idénticas a las tres. Se pintó los labios de rojo cereza, con un pintalabios apto para embarazadas, y se dio la vuelta hacia nosotras.

—¿Qué tal estoy?

«La verdad, como una novia despechada en fuga». Pero también…

—Adorable.

Después de que las cuatro terminásemos de vestirnos, bajamos las escaleras de dos en dos, con los brazos entrelazados. Desde la isla de la cocina, a Oliver se le cayó la cuchara cuando nos vio. Echó la cabeza atrás y pegó un aullido, sin molestarse en hacer ningún comentario.

Romeo frunció el ceño y tiró del borde del vestido de Dallas.

—¿Adónde vais?

Ella se puso de puntillas y le dio un beso en la frente.

—Al club...

—¿Así vestidas?

Dallas llevaba puesto un vestido de novia con minifalda y velo, Hettie, Frankie y yo teníamos tutús brillantes y unas camisetas rosas con la leyenda: ESTOY CON LA NOVIA.

Dallas se alisó la camiseta.

—¿Qué tiene de malo nuestra ropa?

—No parece apropiada.

—Ay, por favor, si solo vamos a una zona de restauración… Un momento. —Dallas ladeó la cabeza—. ¿Pensabas que me refería a un club nocturno?

—¡Nadie llama «club» a una zona de restauración!

Dallas sacó su tarjeta de fidelidad exclusiva y la mostró, a modo de evidencia:

—Soy socia, por lo tanto es un club.

Como siempre, Romeo sucumbió a las artimañas de su esposa e hizo que nos llevara su chófer.

Me recorrió un pinchazo de envidia: yo quería tener lo que había entre Dallas y Romeo.

¿Tendría yo mi final feliz? La posibilidad de que se acabaran los treinta días y de que Zach me dejara plantada estrepitosamente me carcomió el cerebro durante todo el trayecto.

Eso era lo que pasaba cuando le das tu corazón a alguien: siempre había una posibilidad de no volver a quedar entera.

Una vez en la zona de restauración, probamos cada uno de los puestos, después comimos un segundo plato, un tercero y un cuarto hasta que vinieron los de seguridad y nos echaron.

Dallas tenía razón: no había nada mejor para curar la depresión que una escapada al club.

Tal vez sí estaba un poco deprimida.

Después de todo, llevaba la llave en mi sujetador, justo por encima del corazón.

El órgano que se rompería en pedazos al segundo en que decidiera usarla.