20
Mudarse fue un caos. Como me habían robado el día del desastre, lo poco que me quedaba se subió a un camión de mudanza. Cuando llegué al departamento de Garrett con Apolo en brazos y Nick detrás, no sabía qué decir.
—Bienvenida a mi hogar —dijo Garrett abriendo la puerta.
Entré observando el lugar y, de reojo, noté que Garrett le hacía una mueca de disgusto a Nick.
—Gracias, Garrett. Como te dije, solo será por unos días —dejé a Apolo en el suelo.
—El tiempo que desees, Ett —sonrió amistosamente.
—¿Y cómo dormiremos? ¿Tienes más de dos habitaciones? —preguntó Nick.
—No —negó Garrett rotundo.
—Entonces podría dormir con Colette para cuidarla mejor —respondió Nick con desafío.
Sentí un sofoco y la cara me ardió.
—Oye —le reclamé a Garrett, tocándome las mejillas con las manos frías—, ¿y yo dónde voy a dormir?
—En mi cama —soltó él, sin más.
Me atraganté con mi propia saliva y empecé a toser. Nick me dio unas palmaditas en la espalda y Garrett se interpuso entre los dos.
—Ett, ¿qué te estás imaginando? —murmuró cerca de mi oreja—. Me refiero a que te cedo mi cama.
¡Dios, ayúdame a soportar las sensaciones que me causan estos dos filetes que has puesto en mi mesa!