18
Estuve días en el hospital, bajo el efecto de los ansiolíticos que me recetó el médico. Cuando desperté, lo primero que vi fue a Garrett sermoneándome; lo oía lejos, pero le entendía. Los medicamentos me tenían atontada. Recordé a mi hijo peludo, pero me tranquilicé al sentir a Apolo a mi lado.
—Te lo dije, Colette. Te iba a dejar ese día y no quisiste —me recriminaba—. ¿Por qué tienes que ser tan testaruda y actuar como la mujer independiente que no necesita a nadie? ¿Acaso una mujer independiente no puede pedir ayuda?
—Ya deja de regañarme —le reclamé con los ojos entreabiertos.
—¡Colette! Joder, creí que no despertarías.
Me abrazó, subiéndose un poco a la cama.
—Hey, me pierdo unos minutos y ya te la quieres devorar —dijo Abby entrando a la habitación.
Me reí, sintiéndome algo mareada, y Garrett me soltó entre risas.
—¿No ves que esta mujer es demasiado sabrosa?
—¡Ya! —exclamé riendo.
—¿Estás bien, amiga? —preguntó Abby, mientras estrechaba mi mano entre las suyas.
Su semblante, antes sereno, se transformó de inmediato en una expresión de profunda preocupación.
—He vuelto a este vil y desgraciado mundo —respondí con un deje de sarcasmo en la voz—. ¿Cuántos días han pasado?
—Cuatro —contestó Garrett con brevedad.
—Oh, cielos. Todo el trabajo que debe de haber acumulado... —El agobio comenzó a instalarse en mi pecho.
—Hemos avanzado en todos los asuntos pendientes, Colette. Además, Abby y yo hemos tomado una decisión —añadió Garrett, intercambiando una mirada cómplice con ella.
Me incorporé con cautela en la cama, sintiendo aún una ligera debilidad en las articulaciones, y bebí un poco de agua para aclarar mi garganta.
—¿Qué decisión? —inquirí, frunciendo el ceño con desconfianza.
—Te mudarás conmigo —soltó Garrett de golpe, sin preámbulos.
—Ah —asentí mecánicamente, hasta que la implicación de sus palabras me golpeó—. Espera, ¿qué?
—Iré a buscar al médico —añadió él de inmediato, escabulléndose para evitar mis preguntas.
—¡Garrett Beaumont! —le grité, pero fue en vano; salió de la habitación a toda prisa.
Giré el rostro hacia mi amiga, exigiendo una respuesta.
—Abby, explícame esto ahora mismo.
—¿Qué cosa? —preguntó ella, fingiendo distracción.
—No intentes engañarme.
—Está bien, escucha: te quedarás con Garrett al menos por un tiempo. Necesitas buscar un departamento que cuente con mejores medidas de seguridad, Colette. Es por tu bien.
—¿Y qué pasará con Nick?
—El guardaespaldas está tras la puerta —indicó ella con un gesto vago hacia la entrada—. Él también se irá contigo, aunque Garrett todavía no lo sabe.
—¡Abigail! ¡No, no y mil veces no!
Ella se limitó a observarme con una mueca que dictaba una sentencia absoluta: ya no había nada que hacer, la decisión estaba tomada.
¡Oh, santos cupcakes!