Mentiras en la nieve (Las investigaciones de Victoria Heslin 10) 51. Capítulo 51
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51. Capítulo 51

D iez minutos. Ese es el tiempo que tengo para decidir mi próximo movimiento.

Victoria Heslin no conoce la historia completa, pero sabe más de lo que yo creía. Mucho más. ¿Cómo se ha enterado de que Steve Foster me estaba investigando cuando ni siquiera yo lo sabía?

Es mejor de lo que pensaba. No estoy segura de cuánto tiempo más podré seguir fingiendo que soy la víctima. ¿Se lo estará creyendo?

Al salir de mi pequeño santuario del spa con ella justo detrás de mí, no puedo creer que se haya llegado a esto.

Lo de hace dos días parece haber ocurrido hace una vida entera.

Todo se ha desmoronado muy rápido. No dejo de reproducir los acontecimientos para intentar comprender cómo implosionó todo, el momento exacto en que mi sencillo encargo se convirtió en una sentencia de muerte.

Tenía lo que necesitaba, pero estaba alargando el trabajo.

Disfrutando por una vez... hasta que dejé de hacerlo.

Después de que Steve viera esas fotos y saliera furioso del bar, fui a los vestuarios a buscarlo, con la esperanza de que no se hubiera ido, de que estuviera allí recogiendo sus esquís.

Quería darle una explicación. Necesitaba una explicación que no lo expusiera todo, una versión de la verdad mezclada con mentiras bien calculadas.

Y lo que era más urgente: tenía que recuperar mi bolso.

Fue entonces cuando una figura salió de entre las sombras y me golpeó en la cabeza.

En ese instante, pensé que mi vida se había acabado. Pero no fue eso lo que ocurrió.

Recupero el sentido tendida en el suelo con un pitido en los oídos, como si tuviera una alarma sonando junto a la cabeza, sorprendida de seguir viva. El lado izquierdo de la cara me late de dolor.

A medida que se me aclara la vista, miro con furia a la mujer que acaba de asaltarme.

Incluso con su excelente disfraz —una peluca rubia que le sienta bien a su tono de piel—, reconozco a mi colega.

Lilly. Debería haberlo adivinado. Eso explica las fotos que recibió Steve.

Su estilo consiste en jugar con la gente, torturarlos solo un poco por el mero placer de verlos retorcerse. Disfruta infligiendo dolor.

Lilly me devuelve la mirada. —Eso ha sido personal. Odio el frío y detesto la nieve. Y aun así, aquí estoy en medio de una tormenta épica porque no has sido capaz de terminar el trabajo.

Me incorporo del suelo. La habitación da vueltas. Lilly pasa de ser una a ser dos y viceversa mientras las náuseas se instalan en mi estómago. Todavía desequilibrada, me apoyo en la pared. —Lo tenía todo bajo control.

—Greytech no opina lo mismo. La empresa de Foster se estaba preparando para vender esos algoritmos. Has tenido tiempo más que de sobra para conseguirlos. ¿Sabes qué creo yo?

En lugar de responder, me toco la piel dolorida bajo el ojo. Me va a salir un moratón enorme, pero no hay sangre.

—Creo que tenías otros planes, Anna —su voz se vuelve empalagosamente dulce y sugerente.

—Este viaje es la primera vez que estamos juntos y él trae su ordenador. Tengo la información. Está en una memoria USB en mi bolso. La tengo —repito, esperando que me crea.

La sangre me bombea en las sienes mientras intento averiguar cómo recuperar la memoria USB. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Habrá recogido ya Steve sus esquís para irse de Black Ridge?

—No tenías derecho a interferir —digo, necesitando ocuparme primero de la amenaza que tengo delante.

—No ha sido elección mía. Me enviaron para evaluar la situación y, tras veros a ti y al objetivo juntos, está claro lo que está pasando. No estabas actuando, Anna. Te has ablandado. A partir de hoy, yo soy la encargada principal de esta operación.

—¿Se supone que tú vas a terminar el trabajo? —pregunto, aunque sé que eso es exactamente lo que quiere decir.

—Ese es el plan —Lilly se mueve para bloquearme el paso a la puerta—. Aunque ahora está el problema añadido de qué hacer contigo.

—Yo soy la que tiene la información —repito.

Lilly se ríe. —Y por eso sigues viva. Por ahora. Pero has sido reclamada.

Reclamada. Todo el mundo en Greytech conoce ese término. Reclamada significa eliminada.

—Tengo que informar de que estabas comprometida emocionalmente, pero intentaré minimizar esa parte. Para ahorrarte vergüenza.

—Qué generosa —digo con la mandíbula apretada, aunque lo que de verdad quiero es gritar.

—Es más de lo que te mereces. Lo de Foster era un trabajo sencillo.

Acercarse, obtener los datos y salir. En cambio, os dedicáis a hacer planes como una parejita feliz —suelta una carcajada—.

¿De verdad pensabas que tenías futuro con él?

Tiene mujer, Anna. ¿Por qué iba a querer nada más que un lío contigo?

La verdad me escuece porque lo que sentía por Steve no era fingido. Creo... o creía... que era real. Pero me he estado mintiendo a mí misma, fingiendo que podría tener una vida normal con más vacaciones de esquí y mucho más en nuestro futuro.

—¿Y qué hay de Steve? —pregunto, aunque ya sé la respuesta. Él no era el primer objetivo de Greytech. Ya habían hecho «desaparecer» a dos empleadas de su empresa antes de darse cuenta de que Steve era el único que poseía todos los datos.

Lilly se encoge de hombros. —Daños colaterales, y eso está por encima de nuestro nivel. Otro activo está esperando para interceptarlo en cuanto se ponga en camino. Puede que intente culparlo de tu muerte. Aún no lo he decidido.

Aunque mi vida está igual de sentenciada, me duele el corazón por Steve.

Es en parte culpa mía que un desafortunado «accidente» vaya a provocar su muerte.

Y ahora, Lilly podría hacerlo parecer un asesino.

Yo he comprendido los riesgos desde el principio, pero él no sabía que estábamos jugando a un juego mortal.

—Vámonos, Anna —Lilly me empuja—. Disfruta de tus últimos minutos en la tierra. Lo siento, no hay última llamada. Ya sabes cómo funciona esto. Pero te prometo que lo haré rápido e indoloro. Incluso puedes elegir cómo quieres que lo haga. Tiene que ser silencioso. Por lo demás, a tu gusto.

—Entiendo —trago saliva por el nudo que se me ha formado en la garganta.

Comprendo que Lilly tiene que cumplir órdenes.

No tiene elección. Así es como funciona nuestra empresa.

Y si Lilly no me mata, lo hará otro. Quizá hoy, antes de que me vaya del complejo.

O mañana, al entrar en mi apartamento. Siempre estaré mirando por encima del hombro hasta el día en que muera.

La única garantía será que ese día llegará mucho antes de lo esperado.

—En marcha —dice Lilly—. Vamos a coger esa memoria USB ahora mismo. Quiero largarme de aquí antes de que llegue la próxima tormenta.

Empiezo a asimilar que voy a morir hoy. Esto es el final de verdad.

Mis últimas veces de todo. Últimos pensamientos, últimos suspiros, último paseo por la nieve.

Por mi cabeza pasan muchísimas cosas que nunca llegaré a hacer.

Cosas aleatorias. Visitar Tailandia. Establecerme en una casita para reformar.

Adoptar un gato. No es justo. Me han controlado y vigilado durante años.

Por fin pruebo un poco de felicidad y me lo arrebatan todo.

El alcance de Greytech es global. No hay ningún sitio donde huir.

Pero mientras caminamos hacia la puerta, la rebeldía estalla en mi interior. He pasado años siguiendo órdenes, haciendo exactamente lo que me decían. ¿Y para qué? ¿Para que puedan descartarme en el momento en que muestro un ápice de humanidad?

No. Hoy no.

La atención de Lilly está puesta en la puerta que tenemos delante.

Mi mano busca la rascadora de acero que hay en el banco de trabajo. No decido usarla de forma consciente. Mi cuerpo funciona por puro instinto de supervivencia. No puedo huir. Tengo que luchar. Es ahora o nunca.

Lanzo la herramienta de metal.

Lilly es rápida. Salta hacia atrás antes de que la herramienta haga contacto y se echa mano al tobillo, a la navaja que probablemente lleva sujeta allí.

No tengo ni un instante que perder. De un salto, le lanzo una patada potente al pecho.

Cae, rodando hacia atrás sobre el banco. Su cabeza golpea la esquina saliente de un portaesquís.

Con los ojos muy abiertos por la sorpresa, cae a cámara lenta. Se le escapa un cuchillo de las manos que tintinea contra el suelo duro.

Espero, con la adrenalina acelerándome el corazón como si quisiera salirse de mi caja torácica.

Se queda inmóvil.

—¿Lilly? Lilly, levántate —mi voz suena extraña y desquiciada en mis propios oídos.

No hay movimiento.

Recojo el cuchillo de Lilly y retrocedo unos pasos, esperando un truco.

El sudor me resbala por la frente. Me tiemblan las manos.

Al ver que sigue sin vida, caigo de rodillas y presiono con dedos temblorosos su cuello.

Nada. Sin pulso. Tampoco hay sangre. Ni un corte donde se golpeó la cabeza.

Lilly parece estar bien. Pero no lo está.

La mirada vacía, el ángulo antinatural de su cuello.

Está muerta. Debe de haber tenido un traumatismo craneal cerrado.

Durante un largo instante, no puedo respirar. Cuando Greytech se entere de que he matado a uno de sus activos, mi muerte no será rápida ni indolora.

Mi mirada recorre el vestuario, evaluando mis opciones. Puedo esconder el cadáver fuera, en la nieve. Eso me dará un día o dos. Pero no mucho más. Ahora soy un objetivo. En cada frontera, cada aeropuerto, cada estación de tren, Greytech buscará mi rostro.

A menos que... a menos que no me busquen a mí.