Matar a una amiga 18 . La abogada Kim
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18 . La abogada Kim

—¡Ja! ¡Vaya mierda de profesor!

La abogada Kim hojeaba los documentos irritada porque el profesor a cargo de la clase de Juyeon había dado un testimonio crucial.

«¿Es que sólo le importan los estudiantes muertos y no los que siguen vivos?»

El profesor apareció como testigo pocos días después de que empezase el juicio.

Además, poco antes habían emitido un programa muy sensacionalista.

Estaba lleno de caras censuradas con mosaico y voces modificadas y aparecían compañeros de instituto de Seoeun e incluso algunos de su misma clase vomitando teorías conspiranoicas.

¿Por qué mataría una chica de diecisiete años a su mejor amiga? ¿Qué pasó ese día en el instituto? Utilizaban todo tipo de fórmulas provocativas para atraer la atención de la audiencia y empaquetaban hechos sin confirmar como si fueran ciertos. Al menos, eso fue lo que le pareció a Kim.

La gente se enfureció y hubo una inundación de llamadas exigiendo que se aboliera la ley penal juvenil.

Llenaron el tablón de anuncios de la residencia presidencial, La Casa Azul, de peticiones y la gente decía que no podía seguir confiando sus hijos a los institutos.

Como de costumbre, la razón sucumbió ante la furia.

El fiscal mencionó que Juyeon trataba a Seoeun como a una esclava.

—La fallecida, Park Seoeun sufría acoso escolar y debió sentirse la persona más feliz del mundo cuando la acusada afirmó que sería su amiga.

Sin embargo, la acusada no se acercó a ella con intención de ser amigas.

Más bien, le dijo que tenía que seguir todas sus órdenes.

Fue lejos hasta el punto de decirle quiénes podían ser sus amigos y quiénes no, enviarla a hacer recados y utilizar métodos crueles para atormentar a su víctima y a los que una chica nunca debería recurrir.

La declaración del fiscal contradecía las afirmaciones de la abogada Kim de que Juyeon «cuidaba de la pobre Seoeun como si fuese una hermana». El fiscal terminó su intervención de forma tajante, como si quisiera poner un punto final:

—La acusada le dio cosas que no utilizaba como quien las arroja a la basura y trató a la víctima como a una esclava.

La abogada Kim se mordió el labio. El juicio no estaba yendo bien.

La declaración del fiscal de que Juyeon había estado acosando a Seoeun de forma persistente como un lobo disfrazado de cordero contradecía la versión de la abogada Kim de que había actuado sólo con buena voluntad.

¿Cuál era la verdad? En este momento ni siquiera Juyeon lo sabía.

A partir de cierto punto, le pareció como si todo fuera un chiste.

Le daba la impresión de que en cualquier momento aparecería Seoeun y diría que era sólo una broma.

Entonces, se abrazarían y Juyeon le preguntaría cómo había estado.

¿Podría preguntarle por qué le había gastado esa broma pesada y decirle que había pasado mucho miedo?

No.

Juyeon nunca podría perdonar a Seoeun.

¿Cómo se atrevía a provocarla? ¿Le había parecido divertido hacerlo? ¿Se sentía mejor ahora?

La furia de Juyeon hacia ella se hacía más y más intensa.

Era todo por Seoeun. Sin ella, todo eso nunca hubiera ocurrido.

¿Por qué había tenido que aparecer en su vida para atormentarla de esta manera?

¡¿Por qué?! Juyeon, que había planeado suplicar entre lágrimas diciendo que no tenía ni idea de cómo había ocurrido eso, estalló como un perro rabioso echando espuma por la boca y gritando en respuesta al testimonio del profesor:

—¡Yo no lo hice! ¡He dicho que no lo hice! ¡Os digo que yo no fui, joder!

Fue un gran error. Juyeon demostró al juez que cuando se enfadaba perdía la cabeza y actuaba de forma impulsiva sin pensar en qué estaba bien o mal. Tenía que volver en sí. La abogada Kim le había dicho que no debía dejarse arrastrar bajo ningún concepto.

—El testigo ha afirmado que vio a la acusada llegar corriendo desde el descampado hacia el instituto aquel día. Después de que la acusada abandonara el lugar, ¿fue personalmente al descampado?

—No.

—El testigo también ha declarado que la acusada presentaba un aspecto extraño y ni siquiera se había dado cuenta de que la cremallera de su bolsa estaba abierta. ¿Por qué no fue al descampado tras ver a su estudiante actuar de una forma sospechosa?

—…

El profesor no supo qué decir. Las acciones que aquel día pasó por alto pensando que no eran gran cosa ahora lo atormentaban.

—Si la acusada asesinó a la víctima tal como afirma, si el testigo hubiera ido al descampado de detrás del instituto ese día la víctima podría seguir con vida, ¿no es así?

—Protesto, señoría.

El rostro del profesor se tensó, palideció ante las palabras de la abogada Kim y el fiscal protestó. Sin embargo, la abogada Kim no se detuvo. Ése era el momento perfecto para cambiar el sentir de la gente.

—Señoría. No creo que se deba juzgar la vida de una chica en base a especulaciones.

Todo el mundo ve las cosas a través de su propia lente.

Las acciones bienintencionadas de la acusada podrían parecer poco honestas a ojos de otro.

Lo que realmente importa es cómo la víctima percibía a la acusada.

Ni siquiera en los mensajes que intercambiaron se ve rastro de ira o rencor de la víctima hacia la acusada.

La abogada Kim continuó su alegato con una expresión que transmitía confianza, como si esa fuera su apelación final.

—Lo que el profesor testigo presenció es cierto.

La acusada esperó a la víctima y como no llegó tras aguardar un buen rato se marchó a casa enfadada.

Estaba tan molesta que ni siquiera se dio cuenta de que su bolsa estaba abierta ni de que el profesor la estaba llamando desde detrás.

Como puede comprobarse a través de los mensajes del teléfono, la víctima hizo algo malo a la acusada.

A pesar de que la acusada ahora mismo no recuerda qué ocurrió ese día debido a su estrés postraumático agudo, el testimonio del profesor no puede utilizarse como evidencia de que la acusada asesinase a la víctima.

La acusada también está sufriendo por la pérdida de su amiga.

En boca de la abogada Kim, todo aquello sonaba plausible. Terminó su argumentación diciendo que esperaba que la gente entendiese los sentimientos de la joven que acababa de perder a su amiga y estaba siendo falsamente acusada de algo que no había hecho.