11 . La abogada Kim
—Hoy te traigo una buena noticia. Tus compañeros de clase han dado un testimonio favorable.
Juyeon tenía la mente en blanco a pesar de lo que acababa de decir la abogada Kim. A medida que avanzaba el tiempo cada vez se quedaba con la mente en blanco durante más rato.
—Además, he oído que los rumores que hay sobre Seoeun no son nada buenos, ¿no?
La abogada Kim parecía bastante satisfecha por esas noticias. Juyeon no entendía muy bien de qué estaba hablando.
—He oído que Seoeun hablaba mucho de ese novio que tenía.
Las facciones de Juyeon se tensaron cuando escuchó eso.
—Tengo novio.
Cuando se lo confesó Seoeun se había puesto roja como si le diera vergüenza.
—¿Un novio?, ¿así de repente?, ¿quién es?
—Es un chico que trabaja conmigo a tiempo parcial.
—¿Ah, sí? Eso es genial.
Al principio se alegró de ver a Seoeun contenta.
Era muy solitaria, así que era bueno que tuviera a alguien a su lado.
Sin embargo, ese sentimiento no duró demasiado.
Seoeun se reía tanto que resultaba molesto, estaba tímida y no paraba de repetir la palabra «novio» todo el tiempo.
Parecía que era mucho más feliz con su novio que con ella. Juyeon empezó a enfadarse cada vez más.
—Oye, deja de trabajar ahí.
Pensaba que lo único que tenía que hacer era lograr que dejase la tienda. De esa forma podrían volver a pasar todo el tiempo juntas, pero Seoeun sacudió la cabeza:
—Mi madre sufre trabajando para mantenernos. Me gustaría ayudarla ganando un poco de dinero. Además, el dueño de la tienda también es bastante simpático.
—Yo te daré el dinero.
—¿Por qué ibas a hacer eso?
—¿Acaso la ropa y los zapatos que te he regalado hasta ahora no son dinero también?
—Pero dices que eso es porque tú no los usas…
Juyeon estaba furiosa como un niño al que le han arrebatado uno de sus juguetes.
El tiempo de Seoeun era todo suyo. Solía esperarla enfrente de la academia.
Con tan sólo una palabra de Juyeon, Seoeun se quedaba ahí esperando a que terminase sus clases.
Después comían juntas, tomaban algo y charlaban.
Pero todo había cambiado desde que Seoeun empezó ese maldito trabajo en la tienda 24 horas.
Ven luego, a las 8. Vamos a comer algo.
¡Lo siento! Hoy trabajo. :«( :»(
Seoeun siempre estaba ocupada con su trabajo a tiempo parcial. En cuanto terminaba las clases se iba corriendo a trabajar e incluso los fines de semana le decía que le tocaba sustituir a alguien. Juyeon se sentía como si se hubiera quedado sola otra vez.
—Hey, ¡Juyeon!
Cuando fue a la tienda Seoeun sonrió radiante y se mostró contenta de verla. Sin embargo, Juyeon ya no quería verla sonreír.
—Dame unos cigarros.
—¿Qué?
—No me hagas repetirlo. ¿Es que estás sorda? Quiero unos cigarros.
Irritada, Juyeon fue al refrigerador y volvió con una botella de soju y otra de cerveza.
—Cóbrame esto también.
Seoeun ya no sonreía.
—¿Por qué te comportas así?, ¿qué alcohol vas a beber tú?
—¿Y a ti qué te importa? Deja de fastidiar y cóbrame todo. ¿No es eso para lo que estás ahí plantada?
Seoeun no se enfadó ni le gritó que parase.
Eso hacía que Juyeon se pusiera aún más furiosa.
Si se hubiera enfadado pidiéndole explicaciones Juyeon podría haberle gritado de vuelta.
En ese caso, a lo mejor le habría dicho que se sentía sola y que mientras ella estaba trabajando en esa tienda y quedando con su novio ella estaba todo el rato sola y se sentía abandonada, pero Seoeun ni siquiera le dio la oportunidad de enfadarse.
Seoeun salió de detrás del mostrador y colocó las botellas de vuelta en el refrigerador sin decir nada.
Juyeon se mordió el labio. No le gustaba que estuviera actuando como si no pasase nada.
Juyeon no pudo contener su furia. Así que se llenó los bolsillos con lo primero que encontró y se marchó de la tienda. Tenía la esperanza de que el dueño se enfadase y echase a Seoeun acusándola de que habían desaparecido varias cosas durante su turno.
«No sé. No importa lo que le diga, Seoeun no me hace ningún caso.»
«Después de conocer a su novio ha cambiado por completo. Hasta me pidió que le comprase ropa para ponerse en sus citas.»
Juyeon difundió esos rumores maliciosos a propósito.
Pensó que si no se llevaba bien con el resto de los compañeros, Seoeun volvería a ella.
Justo igual que cuando se habían conocido durante el primer curso de secundaria.
Quería hacer que se diera cuenta de que, sin ella, la acosarían de nuevo y de que la necesitaba tanto como ella a Seoeun.
—Seoeun era un poco marginada y la cuidaste muy bien. Le diste dinero para gastar, ropa e incluso te ocupaste de cosas de las que no se ocupaba su madre.
—….
—Buen trabajo. Será una prueba de que Seoeun y tú erais amigas íntimas.
La abogada Kim sonrió con satisfacción mientras ojeaba los documentos. Juyeon se quedó con la mirada perdida sobre una esquina del escritorio.
—No es verdad.
La abogada Kim alzó la mirada como preguntando qué quería decir. Juyeon siguió hablando todavía con la mirada fija en la esquina del escritorio.
—Seoeun no es ese tipo de chica. En realidad, eso de que le di dinero para gastar es mentira.
—¿Cómo?
—Mentí al resto de los compañeros.
Es muy posible que Seoeun ni siquiera descubriera que había difundido una mentira como esa antes de morir.
A Juyeon le preocupaba eso. Le preocupaba el hecho de que alguien creyese en esa mentira que ella había contado ahora que Seoeun estaba muerta y que la gente al final la recordase de esa manera.
—Estaba nerviosa porque Seoeun se llevaba muy bien con todos. No me gustaba que tuviera novio y me molestaba que estuviera viviendo bien sin mí. Por eso dije esas cosas.
La abogada Kim parecía disgustada por lo que acababa de decir. Apretó los labios, frunció el ceño y miró a Juyeon con cara de disgusto.
—No vuelvas a sacar el tema. No puedes contárselo a nadie.
—¿Por qué?
—¿Qué pensarían si supieran que le guardabas rencor a Seoeun e ibas por ahí esparciendo rumores así a propósito? Ah, claro. A vuestra edad todo el mundo puede sentir celos e inventarse rumores, ¿no?
—…
—El fiscal está decidido a no soltar su presa. Te sentenciaría a diez años. Diez años. Es la pena máxima según la ley penal juvenil. ¿Has probado a imaginarte cómo será tu vida en diez años?
—No es verdad.
—¿Cómo?
—Los rumores sobre Seoeun. Ninguno es verdad, me los inventé todos.
—¿De qué estás hablando? Si la gente se los cree se convierten en verdad. Los hechos no importan.
—¿Y qué pasa si el resto piensa que Seoeun era de verdad así?
—Juyeon, tienes que entrar en razón. Ya está muerta, ¿qué importancia tiene?
Seoeun es Seoeun y tú deberías vivir tu propia vida.
¿Tienes una idea de lo favorable que es para este juicio el testimonio de que cuidabas muy bien de ella y no la acosabas?
¿Quieres pudrirte aquí durante diez años?
También deberías pensar en tu madre y tu padre.
Haz lo correcto. Tienes que recobrar el sentido. ¿Entiendes lo que te digo?
Juyeon se quedó sin palabras. Testimonio favorable. Si decía la verdad podía ponerse en desventaja. Testimonios favorables envueltos en mentiras…