Capítulo 12 “Sinoday” #2
Helzion se preguntaba seriamente si todo esto lo tuvo que pasar también Zerachiel, porque si era así, entonces no entendía como aquel ángel podía seguir actuando tan optimista.
Sabía perfectamente en lo que se estaba metiendo, Helzion ha hecho cosas por rebeldía, pero lo que estaba por hacer sobrepasaba a las demás.
Un cuarto oscuro, iluminado por luces con muy poca intensidad, casi parecía que habia vuelto de nuevo a esas catacumbas en las que despertó él y sus compañeros al llegar aquí.
-Me gustaría ir directo al tema, ambos sabemos las razones de esta reunión…- Helzion corto el silencio, ocultando toda su tensión en los más profundo de el-
Dos llamas se encendieron enfrente suya, exactamente iguales a como Zerachiel se las habia descrito.
“Eran como dos flamas flotantes, de un color azulino, pero también verdosos, es como si el agua dulce y salada se mezclaran en esos ojos”
Entonces eso eran aquellas llamas, los ojos del Levianthan.
- ¿No te cuestionas ni un poco las razones del por qué pedí la presencia de tu compañero, antes que la tuya? - la voz de la serpiente retumbo en cada hueso del ángel, pero no dejo mostrar al efecto al Estrodemon.
-Mi compañero, Zerachiel, ya me ha informado los temas que hablaron, me gustaría tomar la razón principal de que estamos aquí…- Helzion, desesperado insistió- mi gente está cada día preocupada de que los arcángeles vengan a nosotros con un ataque sorpresa…
Levianthan siseo, escuchando cada palabra de Helzion.
- ¿Qué te asegura que teniéndonos a nosotros su victoria estará asegurada? -una extraña voz se unió de repente, era una completamente diferente a la de Levianthan.
Helzion se puso a la defensiva al escuchar a un invitado no esperado en la reunión, incluso pudo escuchar como Levianthan había silbado del enojo.
De pronto, de un par de flamas azulinas, aparecieron otro par, y de esa otra, y así hasta que se hicieron en total 5 pares de flamas, todos estando enfrente de Helzion, todos igualmente ocultos tras las sombras de la habitación, dejándose ver sus brillantes ojos de demonio brillar.
Helzion se quedó pálido, completamente congelado, nadie le habia dicho que esto iba a ocurrir, siempre espero que su mayor logro seria comunicarse con un solo Estrodemon.
Pero aquí estaba, hablando no con uno, sino con los 5 Estrodemons.
Una parte de su consciencia comenzó a gritar del peligro, temiendo a que esto fuese una trampa y que ahora se iba a convertir en el banquete de estos grandes demonios.
-Están aquí…todos ustedes…- fueron las únicas palabras que logro formular, sus instintos estaban al borde.
Una risa seca lo hizo sobresaltarse, se podía escuchar como esa risa venia del par de ojos amarillos, brillando intensamente como el oro puro.
- ¿Crees que dejaríamos nuestras tierras para ir a escuchar un pobre ángel que necesita de nuestra ayuda? - volvió a reírse aquella voz juguetona, burlándose de Helzion sin ninguna vergüenza
Helzion solo frunció el ceño, harto de que en este lugar lo único que le hayan hecho ha sido burlarse y denigrarlo, pensando que sus ideas y planes son como un mero chiste.
-Quiero repetir mi pregunta nuevamente…, Helzion, ¿ese es tu nombre - una voz suave pero aun estruendosa acaparo la risa burlona, Helzion dirigió su mirada al par de ojos morados, asintiendo a la pregunta - ¿Qué te hace pensar que nuestra ayuda tendrá su victoria?
El peso de las miradas cayo fríamente en los hombros de Helzion una vez fue sentenciada la pregunta, los Estrodemons esperaban impaciente la respuesta del ángel, aunque muy dentro, todos ya sabían cuál iba a ser la respuesta del ángel.
-Ustedes…, ustedes combatieron contra los arcángeles en su momento, cuando se revelaron en contra de ellos junto a Lucifer - Helzion explico como si fuera lo más obvio, lo cual, lo era, después de todo son Estrodemons, los reyes mismos de los demonios, los únicos con las agallas de enfrentarse en contra de los arcángeles.
-Creo que has olvidado la parte más importante de ese suceso, nuestra derrota… - Levianthan siseo, al ser el único realmente presente en esa habitación, la voz de la serpiente era la única de los Estrodemons que hacía eco
-Se lo que les paso, conozco toda la historia - los Estrodemons se miraron entre ellos ante tal afirmación del ángel- ¡pero con su ayuda, las posibilidades de ganar son más altas!
- ¡¿Posibilidades!? - nuevamente, el dueño esa risa quejumbrosa y burlona se hizo presente en la conversación, riendo como si le hubieran contado el mejor chiste - ¿cómo osas a hacerte presente ante nosotros, pidiendo nuestra ayuda a cambio de una posible victoria?
- a pesar de las risas, la voz del Estrodemon se escuchaba bastante seria, indignada incluso - ¡¡mis compañeros y yo hemos sacrificado lo suficiente para arriesgarnos por otra “posibilidad”! !
Una gran mano salió de las sombras, azotando con furia el suelo con su gran mano, los demás Estrodemons no reaccionaron en lo mínimo ante el ataque de ira que desato su compañero, por el otro lado, Helzion retrocedió unos pasos por el miedo a que esa mano lo aplastara, incluso perdió el equilibrio ante el azote tan fuerte que dio el gran demonio, haciendo temblar toda la habitación.
Hubo un silencio tenso, el Estrodemon volvió a sus casillas, ocultando su mano ante las sombras nuevamente.
-Tanta es tu desesperación que has venido hasta aquí, pidiendo ayuda a los reyes de los demonios…, cuando tú mismo estas cargando la razón por la que no debes de venir aquí…- el quinto Estrodemon apunto a Helzion, resaltando aquellas piernas del ángel que brillaban con la poca luz.
Sus piernas metálicas, el resultado de lo que pasa cuando un demonio te infecta.
-…Mi gente vive con miedo…- Helzion hablo derrotado, viendo sus piernas metálicas, recordando el por qué estaban así en primer lugar- no importa que tanto lo intentemos, los humanos seguirán muriendo…
-Helzion se levantó nuevamente, acomodando su gran saco, ocultando sus piernas de nuevo- así que sí, mi desesperación es grande…
Los Estrodemons no estaban contentos con la respuesta del ángel, como era su osadía de mostrarse tan determinado, tan ingenuo, aquel ángel les recordaba tanto a esos viejos momentos, esos en los que aun tenían sus bellas alas.
-Lo que le sucede a los ángeles o los humanos no nos conciernen…, ellos dejaron de ser nuestra preocupación…- Un Estrodemon, el que tenía la voz más ronca y rasposa de todos los demás hablo por sus compañeros, o al menos eso parecía, pues Levianthan siseo ante esa respuesta
Helzion no podía creer lo que estaba escuchando, comprendía que eran Estrodemons, que eran los reyes de la peor parte de este planeta, pero jamás se imaginó que tales títulos fuesen a reflejar la moralidad de esos seres, pensaba que esa esencia, coraje y lucha por justicia seguiría dentro de las criaturas.
Pero parece que estaba equivocado, han cambiado, realmente se han corrompido con el paso de los años.
- ¿Cómo pueden decir eso?, los humanos son nuestra prioridad, de ahí vienen ustedes, ¡por ellos es que nosotros tenemos un propósito!
- ninguno respondió ante eso - Entiendo que ahora son lideres y tienen otras prioridades, realmente lo entiendo, pero yo ayudaría en lo que pueda… , sin importar los sacrificios…
No podía creer que todo este viaje y días que estuvieron en este mundo estaban a punto de ser en vano, no solamente estaba dándose cuenta de que en este mundo como en el de los ángeles todos buscan su propio beneficio, pero si no que también regresaría con su gente sin ningún tipo de ayuda.
-Ustedes también fueron ángeles, saben lo que estamos sintiendo ahora mismo, ¿realmente van a dejar que esto se repita de nuevo? -esas palabras parecieron apuñalar a cada Estrodemon presente, pues se escuchó varios quejidos, esas palabras habían provocado reacciones de molestia a los Estrodemons.
-Ellos nos prometieron no venir a nosotros si nos quedábamos aquí…- un murmuro, eso fue lo único que salió del silencio de culpa que estaban ahogados los Estrodemons, Levianthan, confeso con pena
-…Una promesa… ¿a qué te refieres? - Helzion se detuvo, aquella confesión podía ser la respuesta a todas sus dudas respecto a los Estrodemons, pero temía saber qué tipo de respuesta le darían…
-Levianthan…piensa las cosas…- el que alguna vez se burló descaradamente de Helzion, ahora estaba hablándole a su compañero con seriedad, preocupado
-Estamos dándole demasiado información, no sabemos ni siquiera que tan de fiar es - la voz suave ahora se convirtió en una demandante
Los demás Estrodemons comenzaron a hablarle a Levianthan tratando de evitar lo que estaba por decir, pero la gran serpiente estaba más que decidida ante lo que iba a hacer
- ¡Debe de saber! - la voz firme del gran Levianthan callo a las demás
Los flameantes ojos azulinos pronto fueron acompañados por unos cuernos, después por un gran hocico, todo rodeado de hermosas escamas que relucían ante la luz poca intensa.
-Desde que fuimos desechados del cielo, cada uno de nosotros partimos a lugares distintos, tomando tierras distintas - la gran cola de Levianthan se hizo presente enfrente de Helzion y en un movimiento quito todo el polvo, rocas y pedazos de huesos que habia en el suelo, para revelar un gran mapa entallado en la piedra del suelo- los demonios comenzaron a encontrar nuestras tierras y así poco a poco nuestros reinos se construyeron
Helzion miro con detalle el mapa, parecía como un mapa común del planeta tierra, pero habia ciertas partes que destacaban más, el ángel no tardo en darse cuenta de que esas partes detalladas eran los reinos de los Estrodemons.
- ¿Los…los demonios llegaron por cuenta propia? - no podía creer tal cosa, los reinados de estos demonios no fueron creados a base de poder como tanto le dijeron en la academia, si no que fueron fundados a base de la comunidad