Epílogo
Había terminado la jornada. Salí del hangar y me dirigí al aparcamiento. A veces coincidía con Vega a esa hora y la llevaba a casa. Otras, no. Miré alrededor, pero no la vi, así que seguí hacia mi coche.
Un claxon sonó a mi lado.
Me volví. Un coche pequeño se había detenido junto a mí. La ventanilla del conductor bajó y reconocí a Vega al volante. Me acerqué. En el asiento del copiloto había un hombre.
—Teniente. Veo que por fin le han dado el coche.
—¡Hola, Marcus! Sí, por fin. Y gracias por ayudarme a elegirlo.
Sonrió y señaló al hombre que tenía al lado.
—Os presento. Mi novio, el capitán Martin. Este es el sargento mayor Marcus.
Nos estrechamos la mano a través de la ventanilla.
—Capitán.
—Sargento mayor.
Vega se volvió hacia él.
—Marcus me ayudó a buscar un coche. Es mecánico. También me ha llevado a casa alguna vez. Ha estado bastante pendiente de mí, porque al principio no conocía a nadie por aquí.
El capitán mantuvo la sonrisa, pero no parecía del todo convencido.
—Muchas gracias, Marcus.
—No ha sido nada.
Vega apoyó un brazo en la ventanilla y lo miró con una naturalidad que contrastaba con la atención que su novio me dedicaba.
—Y hasta que te destinen aquí, si es que ocurre, el sargento mayor tendrá que seguir cuidando de mí. ¿Verdad, Marcus?
La miré. Ella sonreía como si acabara de hacer un comentario de lo más inocente.
—Ya sabe que estoy a sus órdenes, teniente.
Se rio.
—¡Hasta mañana!
El coche arrancó. Me quedé mirando cómo se alejaba entre los vehículos hasta que lo perdí de vista. Después metí las manos en los bolsillos y seguí caminando hacia el mío.
El capitán podía quedarse con la duda. Yo, desde luego, no iba a ser quien le aclarase nada.