Marcadas (Trilogía completa) CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

NELE

Unos ruidos me arrastran hacia la superficie, pero vuelvo a hundirme en el sueño. Estoy tan agotada que podría descansar durante días. En alguna parte corre agua. Pasos recorren el pasillo. Se cierran puertas, alguien llama, voces amortiguadas pasan de largo. Ruidos de hotel. Ruidos normales.

Cuando por fin despierto de verdad, extiendo la mano hacia Adrian.

El otro lado de la cama está vacío.

Me envuelvo con una sábana como si fuera un vestido y me levanto. No hay nadie en el baño. La última somnolencia cae de mí cuando el corazón empieza a correr. Busco sobre la cómoda una nota, algo. Quizá solo ha ido a por café.

Nada.

Su bolsa de la compra ha desaparecido. Su ropa también.

¿Qué demonios, Adrian?

Abro de golpe las cortinas para dejar entrar luz. Al mirar hacia la calle y el aparcamiento, lo veo.

Camina hacia dos coches de policía que están frente al hotel. Cuatro agentes lo esperan. Cuando Adrian está lo bastante cerca, deja su bolsa en el asfalto.

Golpeo el cristal con ambos puños.

—¡Adrian!

Se gira.

Nuestras miradas se encuentran.

Levanta la mano. Luego se la pone sobre el corazón. Después asiente a los policías.

Como aturdida, veo cómo le ponen esposas y lo meten en el asiento trasero de uno de los coches. Uno de los agentes coge la bolsa de Adrian y la lanza al maletero. Luego se van.

Los otros dos policías se dirigen al hotel.

Me visto tan rápido como puedo. Justo cuando termino, llaman a la puerta. La abro de golpe.

—¿Qué está pasando aquí?

Uno de los agentes me entrega un sobre blanco grueso. Pesa, y lo reconozco al instante. Adrian llevaba allí ayer su efectivo en la tienda.

—Nos ha pedido que le demos esto, señora Hartmann. La llevaremos a comisaría en cuanto esté preparada. Hay unos formularios que debe rellenar. ¿De acuerdo?

—Claro —digo, y les cierro la puerta en la cara.

Corro de vuelta a la cama y abro el sobre. Dentro hay efectivo, una hoja de papel doblada y una cadena con un medallón redondo. El metal parece antiguo. Lo tomo un momento, observo la fina pátina y luego lo dejo a mi lado.

Abro la carta.

Nele:

Le he contado a la policía todo lo que habíamos hablado. Y también les he dicho todo lo que podría haber callado. Aunque estuviera atrapado en ese sanatorio, tenías razón en el bosque. Después de la muerte de Lilia, jamás debería haber permitido que Lohmann continuara.

En el poco tiempo que te conozco, siempre has intentado hacer lo correcto. Quise seguir tu ejemplo. Asumir la responsabilidad. Si hubiera actuado entonces, nada de esto habría tenido que pasarte. Por eso nunca podré disculparme suficientes veces.

He aceptado entregarme, declararme culpable y proporcionar toda la información que tengo. A cambio pedí una noche contigo. Me la concedieron.

Fue una noche perfecta, Nele. No tenía derecho a pedir más.

Por favor, perdóname por dejarte de esta manera. Si te lo hubiera dicho en persona, no habría podido hacerlo. No me habría sentido digno de ti.

No sé cuánto tiempo estaré fuera. Quiero que sigas viviendo. Que tengas una buena vida. La vida que habrías merecido antes de que todo esto empezara. Espero que sea posible. Pero también sé que seguirás cambiando cosas.

En el sobre está el medallón de mi madre, Johanna. No llegué a conocerla. Es lo único que poseo de ella. Quiero que lo conserves. Por favor, cuídalo.

Te quiero, Nele. Espero volver a pertenecerte algún día.

—Adrian

—

Paso una hora tumbada en la cama llorando después de leer la carta.

Luego la leo otra vez y lloro otra hora más.

Adrian, maldito cabrón.

Me siento como si hubiera vuelto a mi celda.

Sola.

Sin esperanza.

Y esa sensación permanece.

Durante mucho tiempo.