MANUAL DE PSICOLOGÍA Mentiras pequeñas
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Mentiras pequeñas

Eduardo llegó con un ejercicio distinto.

No había una palabra esperando en el pizarrón.

Tampoco fotocopias.

Cuando el grupo terminó de acomodarse, repartió una hoja en blanco a cada uno.

Bruno la levantó frente a la luz.

—¿Examen sorpresa?

—No.

—Qué bueno, porque no estudié.

—Eso no me sorprende.

Algunos rieron.

Eduardo regresó al frente.

—Quiero que escriban una frase que se hayan dicho a ustedes mismos durante esta semana.

Esperó un instante.

—Algo que, si lo examinan con suficiente calma, probablemente no era completamente cierto.

Mateo levantó la mirada.

—¿Como una mentira?

—Puede ser.

—¿Ejemplo?

Eduardo se tomó unos segundos.

—"Mañana empiezo".

Bruno se dio por aludido.

—Ya valí.

—"No fue tan grave."

Valeria bajó la vista hacia su hoja.

—"No me importa."

Mateo buscó su reacción.

Ella no reaccionó.

Eduardo siguió:

—"Lo hice por su bien."

La pluma de Sofía quedó quieta.

Andrés tampoco escribió.

—"Yo habría tomado la misma decisión aunque las circunstancias hubieran sido distintas."

Gael ya estaba anotando.

—"Puedo dejarlo cuando quiera."

Camila respiró por la nariz.

Muy despacio.

Eduardo observó al grupo sin detenerse en ella.

—No escriban su nombre.

—¿Las va a leer? —preguntó Nicolás.

—No.

—Entonces para qué las quiere.

—No las quiero.

Eduardo apoyó una pequeña caja de cartón sobre el escritorio.

—Cuando terminen, dóblenlas y déjenlas aquí. Después voy a destruirlas sin abrirlas.

Bruno levantó una ceja.

—Eso sí suena sospechoso.

—Entonces puedes quedarte con la tuya.

—No. Ya me dio curiosidad.

Eduardo se sentó.

El salón se llenó del roce de las plumas.

Algunos escribieron casi de inmediato.

Otros no.

Mateo sostuvo la punta del bolígrafo sobre el papel durante varios segundos.

Valeria escribió cuatro palabras.

Las tachó.

Escribió otras.

Camila no había empezado.

Estudió la hoja como si la pregunta estuviera escrita ahí y no hubiera escuchado bien.

Gael escribió una sola línea.

La leyó.

No la tachó.

Iván escribió algo y cubrió el papel con la mano aunque nadie estuviera mirando.

Bruno exhaló.

—Profesor.

Eduardo atendió la interrupción.

—¿Sí?

—¿"Estoy buscando trabajo" cuenta?

Hubo risas.

Bruno dejó salir una sonrisa.

Después vio la hoja.

La sonrisa duró menos.

—Era broma.

Eduardo no preguntó.

—Si ya terminaron, dóblenla.

Las hojas fueron cayendo dentro de la caja.

Quince.

Eduardo cerró las pestañas superiores.

Tomó un marcador.

Anotó:

AUTOENGAÑO

—¿Qué diferencia hay entre mentir y engañarse a uno mismo?

Laura levantó la mano.

—Cuando mentimos a otra persona solemos saber que estamos ocultando o distorsionando información.

—¿Y cuando nos engañamos?

—La distorsión puede sentirse verdadera mientras la sostenemos.

Eduardo dejó que la frase se asentara.

—Esa es una forma útil de empezar.

Debajo de AUTOENGAÑO escribió:

INFORMACIÓN QUE ME CONVIENE NO MIRAR DE LA MISMA MANERA

Gael fue al punto.

—Eso no define necesariamente autoengaño.

Eduardo lo observó un momento.

—Correcto.

Bruno giró hacia Gael.

—¿Ya empezaste?

—Es verdad.

Eduardo sonrió apenas.

—Tiene razón.

Giró hacia el grupo.

—Autoengaño es un concepto complicado. Incluso definirlo genera problemas: decir que una persona sabe algo y al mismo tiempo no lo sabe parece una contradicción.

Gael afirmó con un gesto.

—Entonces ¿cómo ocurre?

—No procesamos toda la información con la misma atención.

Eduardo anotó:

RAZONAMIENTO MOTIVADO

—Cuando una conclusión amenaza algo importante para nosotros, podemos examinarla de una forma. Cuando nos conviene, de otra.

Tomás intervino.

—Eso sí lo entiendo.

—A ver.

—Si alguien me dice que mi banda toca bien, pienso que sabe de música.

Varias sonrisas.

—Si me dice que tocamos de la chingada, empiezo a preguntarme quién es, qué escucha, si sabe tocar algo, cuántas cervezas llevaba...

Bruno levantó un dedo.

—La cerveza es evidencia importante.

Tomás siguió:

—Pero sí. A la opinión que me gusta no le hago investigación.

Anotó:

ESCRUTINIO ASIMÉTRICO

—Exacto.

Recorrió el grupo con la vista.

—La información que favorece una creencia que queremos conservar suele recibir menos resistencia; la que la amenaza, más preguntas, excepciones y explicaciones alternativas.

Valeria fue al punto.

—Entonces no es que uno necesariamente esté mintiéndose a propósito.

—No.

—Puede estar evaluando mal.

—Sí.

—¿Y cómo sabes la diferencia?

—A veces no la sabes.

La respuesta pareció decepcionar a Bruno.

—Profesor, usted tiene un talento especial para destruir todas las respuestas fáciles.

—Es un servicio gratuito.

Bruno pareció aprobar la noticia.

Eduardo continuó.

—Lo importante no es convertir "autoengaño" en una etiqueta que le pegaremos a todo comportamiento incómodo.

Escribió:

¿QUÉ EVIDENCIA ESTOY ACEPTANDO?

Después:

¿QUÉ EVIDENCIA ESTOY RECHAZANDO?

—Si aplican estándares diferentes dependiendo de qué resultado desean, vale la pena detenerse.

Daniel retomó la idea.

—¿Es lo mismo que sesgo de confirmación?

—Pueden relacionarse.

—Pero no son idénticos.

—No.

Eduardo señaló ambas preguntas.

—El sesgo de confirmación puede influir en cómo buscamos e interpretamos evidencia. El razonamiento motivado añade algo: existe una dirección deseada.

—Quiero que algo sea cierto —dijo Mateo.

—O necesito que no lo sea.

Laura intervino:

—También podría querer conservar una imagen de mí.

—Sí.

IDENTIDAD

—Ese punto es importante.

Caminó despacio frente al pizarrón.

—Imaginen que han pasado diez años creyendo que son una buena persona.

—No perfecta.

—Buena.

—Entonces descubren que una decisión suya dañó seriamente a alguien.

Mariana levantó los ojos.

—Tienes dos problemas.

Eduardo se volvió.

—¿Cuáles?

—Lo que hiciste.

—Y...

—La persona que creías ser.

—Exacto.

Escribió:

CONDUCTA

Más abajo:

IDENTIDAD

—A veces admitir un hecho no amenaza únicamente nuestra opinión sobre una conducta.

—Amenaza el relato completo.

Iván habló desde su lugar.

—"Yo no soy esa clase de persona."

Eduardo lo señaló.

—Esa frase aparece muchísimo.

—¿Y qué tiene de malo?

—Nada necesariamente.

Eduardo apoyó el marcador.

—El problema empieza cuando utilizas tu identidad como prueba contra tu conducta.

Iván lo miró.

—No entendí.

—"Yo no soy una persona violenta, así que eso que hice no cuenta como violencia."

Sofía levantó la vista.

—Ah.

—"Yo no soy infiel, solo pasó una vez."

Valeria se acomodó.

—"Yo no soy adicto, solo consumo cuando estoy estresado."

Camila no movió la cara.

—"Yo soy una buena madre, así que lo que hago necesariamente es por el bien de mi hijo."

Rebeca tomó nota.

Anotó:

QUIÉN CREO SER ≠ EVIDENCIA DE LO QUE HICE

—La identidad puede orientar la conducta.

—Pero no borrar los hechos.

Andrés intervino.

—¿Entonces lo sano sería decir "hice algo malo" sin convertirlo en "soy una mala persona"?

Eduardo lo observó.

—Puede ser mucho más útil.

Laura agregó:

—Porque si conviertes conducta en identidad completa también puedes terminar pensando que ya no hay nada que cambiar.

—Sí.

Eduardo trazó una línea.

—La culpa puede decir: "hice algo que necesito reparar".

—La vergüenza puede convertirse en: "soy algo que debería ocultarse".

La pluma de Iván quedó quieta.

Eduardo escribió otra palabra.

RACIONALIZACIÓN

Bruno dejó escapar el aire.

—Ésa la conozco.

—¿De dónde?

—De comprar tenis.

—Explícate.

—Compro unos carísimos.

—Después digo que duran más.

—Que me sirven para todo.

—Que estaban en oferta.

—Que técnicamente ahorré dinero.

—Aunque no necesitaba otros.

Tomás empezó a reír.

—Este güey tiene como quince pares.

—No son quince.

—¿Cuántos?

Bruno dudó.

—Eso no es relevante para la clase.

Eduardo esperó a que bajara la risa.

—La racionalización consiste, en términos generales, en construir una explicación aceptable para una conducta o decisión cuyos motivos reales pueden ser otros.

Anotó:

LA EXPLICACIÓN PUEDE LLEGAR DESPUÉS

Valeria fue al punto.

—Pero eso tampoco significa que nunca pensemos antes de actuar.

—Correcto.

—Porque suena como si toda razón fuera una excusa posterior.

—Y sería falso.

—Las personas deliberamos, comparamos, planeamos y anticipamos. También actuamos por impulso, emoción o hábito y, después, podemos construir explicaciones que vuelvan aquello más coherente de lo que realmente fue.

Gael preguntó:

—¿Cómo distingues una razón real de una racionalización?

—No siempre puedes hacerlo con certeza.

Gael hizo una pequeña mueca de insatisfacción.

Eduardo continuó:

—Pero puedes buscar predicciones.

Gael se interesó.

—¿Cómo?

—Si una razón estaba realmente presente antes de la decisión, debería haber alguna evidencia de que influyó antes.

—No solo una historia construida después.

Daniel añadió:

—Como mensajes.

—Notas.

—Conversaciones.

—Conducta previa consistente.

—Exacto.

Eduardo señaló el pizarrón.

—La memoria también puede reconstruir motivos. Podemos recordar que "siempre supimos" algo después de conocer el resultado.

Mateo habló después.

—Sesgo retrospectivo.

—Sí.

Escribió:

"YA LO SABÍA"

—Cuando conocemos el desenlace, lo ocurrido antes empieza a parecernos más predecible de lo que realmente era.

Su hermana le vino a la cabeza.

En las señales.

Las llamadas.

Los celos.

La violencia.

En todas las veces que después había dicho:

Yo sabía que ese cabrón iba a terminar así.

¿Lo sabía?

¿O ahora parecía obvio porque ya había ocurrido?

Se removió en la silla.

Andrés la miró.

Ella no dijo nada.

Eduardo observó al grupo.

—Las tragedias son especialmente peligrosas para este tipo de reconstrucción.

Sergio no estaba ahí esa semana.

Aun así, varios pensaron en Rogelio.

El tráiler.

El muchacho.

El vestido.

Eduardo no mencionó la historia.

No hacía falta.

—Después de un resultado terrible —continuó— aparecen frases como:

—"Era obvio."

—"Todos lo veíamos venir."

—"No podía terminar de otra manera."

INEVITABLE DESPUÉS ≠ INEVITABLE ANTES

Laura interrumpió las notas y alzó la vista.

Eduardo sostuvo el silencio apenas lo necesario.

—Cuando conocemos el final, podemos construir una carretera perfectamente recta desde el principio hasta el desenlace.

—Pero mientras las personas estaban viviendo cada momento, existían otras salidas.

—Otras decisiones.

—Otros datos.

—Otros futuros posibles.

Mariana preguntó: