Los Wycherley (Los Wycherley 1) Prólogo
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Los Wycherley (Los Wycherley 1)

Los Wycherley (Los Wycherley 1)

Por Vashti Harrison

© inepub.com

Prólogo

L a tía abuela Antoinette estaría muerta, pero la maldición que cargaba seguía bien viva.

No es algo que yo supiera aquella noche en que, con diecisiete recién cumplidos, esperaba la llegada de mi magia en los jardines de la plaza Hemlock.

La Luna de Trueno —la luna llena de ese mes— brillaba enorme y deslumbrante… como mi bendita ignorancia.

Debería haber estado aterrorizada, pero lo que sentía era emoción. Expectación. Los Wycherley venimos de una estirpe de brujería antigua y poderosa que se remonta a la Primera Era de la Magia. Estaba segura de que iba a ser todo lo que se espera de una bruja Wycherley.

Mis habilidades mágicas se despertaron y me elevaron por los aires. El poder me invadió y me sentí más viva que nunca; conectada con el mundo y con todo lo que hay en él.

Cuando empezó el dolor, creí que también formaba parte de la magia, incluso cuando empecé a gritar como una posesa.

No sabía que la tía abuela Antoinette ya no estaba en este mundo.

No sabía que la maldición familiar había quedado suelta y andaba buscando a otro Wycherley al que aferrarse. Y me eligió a mí.

A comienzos de la Tercera Era de la Magia, hace ya más de siglo y medio, a mi antepasada Mathilde Wycherley la maldijo su vínculo mágico, Heston Nightly.

Aquella maldición, poderosa y tenaz, no acabó con ella, sino que siguió buscando a otras mujeres de nuestra familia.

Siempre hay una que debe cargar con ella… hasta que se extinga nuestro linaje.

Mi familia observaba: mi hermano mayor, Vaughn, y nuestra madre, Nell, con su vínculo mágico, Frances, de pie a su lado.

Todos lo vieron. Vieron cómo la maldición se apoderaba de mí, cómo se aferraba a mi cuerpo.

Suaves volutas de humo gris comenzaron a rodearme, cada vez más densas y oscuras bajo la luz de la luna llena.

Se alargaban hacia mí a medida que me elevaba, cada vez más alto, como si mi magia intuyera lo que estaba a punto de suceder e intentara ponerme a salvo.

La maldición me envolvió por completo. Traté de gritar, pero no me salió la voz.

Era como si aquellos tentáculos de humo tuvieran forma propia… y voluntad. Pequeños ganchos afilados, cubiertos de púas, se me clavaban en la piel, se aferraban con fuerza, me devoraban desde fuera y se abrían paso por dentro como gusanos.

Vaughn dice que el pelo se me volvió blanco de golpe, del susto.

Mamá, en cambio, cree que fue algo gradual, como si la maldición hubiera ido borrando poco a poco el castaño de mi cabello.

Yo no me di cuenta. Pero sí recuerdo el dolor punzante en los ojos cuando aquella niebla gris empezó a instalarse en ellos… y en mí.

Volví al suelo con la magia vibrando en mi interior. La alegría de sentirla me llenó por completo y el dolor se desvaneció en un instante. Era como si el mundo entero se abriera ante mí, lleno de promesas y de posibilidades infinitas. Pero al mirar a mi familia, comprendí que algo no iba bien.

Desde ese momento me siento traicionada por mi magia. Tan profunda y poderosa… y también tan maldita. No podré conservarla mucho tiempo; la magia necesita un vínculo, y no hay bruja o brujo que esté dispuesto a unir su magia a la mía y cargar con las consecuencias de esta maldición.

Mi magia me abandonará dentro de unos años, y todo por culpa de un brujo llamado Nightly.