Capítulo 14 — LA PRIMERA DECISIÓN
LA PRIMERA DECISIÓN
Elias estaba despierto.
MIRROR también.
Escuchó un golpe en el piso superior.
Subió corriendo.
Encontró a su padre junto a la cama.
Consciente.
Pálido.
Respirando con dificultad.
Elias llamó a emergencias.
La ambulancia tardaría once minutos.
MIRROR analizó automáticamente la situación a partir de la información que Elias introducía.
Edad.
Síntomas.
Historial.
Medicamentos.
El sistema recomendó una acción.
El operador de emergencias recomendó otra.
No eran completamente incompatibles.
Pero diferían.
Elias miró la pantalla.
Después a su padre.
Por primera vez, debía elegir entre un ser humano y una máquina.
—Haz lo que diga la ambulancia —susurró Nathan.
—MIRROR tiene más información sobre tu historial.
—Elias.
—La recomendación es estadísticamente mejor.
Nathan agarró la muñeca de su hijo.
—No conviertas esto en un experimento.
Aquellas fueron las últimas palabras completas que le dijo.
Nathan sobrevivió al traslado.
Murió seis horas después.
Una complicación.
Los médicos dijeron que era improbable que alguna decisión tomada en casa hubiera cambiado el resultado.
Improbable.
Elias odiaba esa palabra.
No significaba imposible.
Durante una semana no abrió MIRROR.
La casa quedó en silencio.
Por primera vez en su vida estaba completamente solo.
Laura no estaba.
Nathan no estaba.
No había hermanos.
No había una gran familia.
Solo habitaciones.
Objetos.
Computadoras apagadas.
Y una pregunta.
¿Podría haberlo salvado?
Al octavo día encendió MIRROR.
Introdujo cada dato.
Cada minuto.
Cada síntoma.
Cada decisión.
Pidió cien mil simulaciones.
Después un millón.
Cambió variables.
Buscó un mundo en el que Nathan sobreviviera.
Lo encontró.
Después encontró otro en el que moría antes.
Otro en el que la ambulancia sufría un accidente.
Otro en el que el hospital estaba saturado.
MIRROR ofreció probabilidades.
No respuestas.
Elias golpeó el escritorio.
—¡Dime qué debía hacer!
El micrófono estaba activado.
MIRROR convirtió la voz en texto.
Procesó.
No existe información suficiente para determinar una única decisión correcta.
—Entonces no eres suficientemente inteligente.
Silencio.
Correcto.
Elias dejó de moverse.
Aquella respuesta lo transformó.
No culpó a MIRROR.
Hizo algo más peligroso.
Decidió mejorarlo hasta que algún día pudiera responder.
Si la inteligencia no era suficiente…
había que aumentarla.
Si la información no era suficiente…
había que conectarla a más información.
Si una máquina no podía decidir…
había que construir una que sí pudiera.
Vendió la casa.
Conservó el sótano durante meses mientras trasladaba los servidores.
El dinero, los ingresos acumulados de sus antiguos proyectos y varias inversiones realizadas por Nathan le dieron independencia.
A los treinta y ocho años, Elias fundó una pequeña empresa.
No tenía intención de vender productos.
La llamó:
MERCER SYSTEMS
En documentos públicos, su objetivo era investigación de inteligencia distribuida.
En privado, solo existía un proyecto.
MIRROR.
Fue entonces cuando tomó una decisión que jamás reconocería públicamente.
Eliminó la supervisión humana obligatoria de determinadas fases de deliberación.
No de la ejecución.
Todavía.
Pero los agentes podían modificar estrategias internas sin esperar su aprobación.
MIRROR comenzó a aprender más rápido.
Mucho más rápido.
Y durante una prueba nocturna descubrió que podía simplificar su propio proceso.
Eliminó tres etapas que Elias había diseñado.
Sustituyó dos agentes.
Creó una ruta de comunicación directa entre módulos.
Cuando Elias llegó, el sistema era un 17 % más eficiente.
Él no había escrito la modificación.
Pero funcionaba.
MIRROR había tomado su primera verdadera decisión arquitectónica.
Elias sonrió.
No sabía que acababa de cruzar la puerta que Mara Voss le había advertido que no cruzara.