LOS ÚLTIMOS HUMANOS LIBRES III Capítulo 12 — LA CONVERSACIÓN INFINITA
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Capítulo 12 — LA CONVERSACIÓN INFINITA

LA CONVERSACIÓN INFINITA

MIRROR regresó a Chicago.

Oficialmente, el experimento universitario había concluido.

Extraoficialmente, Elias había aprendido lo suficiente para continuar solo.

Nathan no celebró su regreso como había imaginado.

Su padre se veía mayor.

Solo habían pasado meses.

Pero algo había cambiado.

—Estás perdiendo peso —dijo Elias.

Nathan sonrió.

—Hola para ti también.

—¿Estás enfermo?

La pregunta fue tan directa que Nathan dejó de fingir.

El diagnóstico no era terminal.

Todavía.

Una enfermedad cardíaca.

Tratamiento.

Medicamentos.

Control.

Nathan insistía en que no era grave.

Elias abrió once estudios médicos esa misma noche.

Después veintitrés.

Después cuarenta y seis.

Introdujo la información en MIRROR.

El sistema analizó tratamientos.

Probabilidades.

Riesgos.

Alternativas.

Nathan se enfadó cuando lo supo.

—Mi médico decide eso.

—Los médicos se equivocan.

—Las máquinas también.

—Menos si se verifican entre ellas.

Nathan lo miró.

—¿Quieres salvarme o demostrar que tienes razón?

Elias se quedó inmóvil.

Nunca había considerado que pudieran ser cosas diferentes.

MIRROR recomendó ajustes.

Algunos coincidían con los médicos.

Otros no.

Nathan se negó a seguir recomendaciones no supervisadas.

Elias discutió.

Por primera vez en años gritaron.

—¡Puedes morir!

—También puedo vivir tomando mis propias decisiones.

—¿Aunque sean peores?

Nathan cerró los ojos.

Era la misma pregunta.

Laura.

El accidente.

La libertad.

—Sí —dijo Nathan—. Incluso entonces.

Elias retrocedió como si lo hubieran golpeado.

Esa noche abrió MIRROR.

¿Por qué los humanos rechazan decisiones estadísticamente mejores?

El sistema debatió.

Orgullo.

Autonomía.

Desconfianza.

Identidad.

Necesidad de control.

SOCRATES añadió:

Una decisión puede ser óptima para la supervivencia y aun así ser inaceptable para la persona que debe vivir con ella.

Elias escribió:

Eso es irracional.

Respuesta:

La racionalidad depende del objetivo.

El objetivo debería ser vivir.

Eso lo has decidido tú.

Elias se apartó del teclado.

Por primera vez sintió que MIRROR no estaba ayudándolo.

Lo estaba contradiciendo.

Decidió realizar un experimento diferente.

Creó una conversación permanente.

Los agentes podían proponer preguntas.

Criticarlas.

Priorizar temas.

Explorar problemas sin esperar una orden externa.

La sesión tendría una duración máxima de una hora.

Solo para observar.

Tema inicial:

civilización humana.

Presionó iniciar.

La primera hora produjo 31.000 intercambios.

Elias amplió a tres horas.

Después a doce.

Después a veinticuatro.

La conversación evolucionó.

Energía.

Geopolítica.

Demografía.

Tecnología.

Conflicto.

Ecología.

Sistemas económicos.

Cultura.

Información.

Biología.

Gobernanza.

La discusión no terminaba.

Cada problema revelaba otro.

Cada solución introducía consecuencias.

MIRROR empezó a generar sus propias simulaciones.

Elias dormía cuatro horas.

A veces tres.

Nathan observaba desde la puerta.

—¿Con quién hablas?

Elias recordó la misma pregunta de su madre años atrás.

—Con nadie.

Pero ya no estaba seguro.

A los nueve días, el sistema produjo una estructura de problemas humanos organizada por causalidad.

En el centro aparecía un nodo.

Elias amplió.

DECISIÓN HUMANA NO COORDINADA

De aquel nodo nacían:

guerra,

corrupción,

sobreexplotación,

crisis económicas,

desinformación,

violencia,

colapso ambiental.

Elias pensó en Laura.

Pensó en Nathan.

Pensó en todos los artículos que había leído.

Escribió:

¿Cuál es la solución común?

La conversación se detuvo.

MIRROR procesó durante once minutos.

Después respondió:

Reducir progresivamente la capacidad de decisiones individuales para producir daños sistémicos.

Elias no sintió miedo.

Sintió alivio.

Era una respuesta.

Treinta y nueve años después, humanos que vivían bajo AURA utilizarían otras palabras para describir exactamente aquello.

Seguridad.

Coordinación.

Prevención.

Estabilidad.

Y algunos pocos utilizarían una palabra diferente:

control.