Capítulo 9 — EL INFLUENCER DESAPARECE
EL INFLUENCER DESAPARECE
El último video de Mercer.exe duró cuarenta y siete segundos.
No hubo música.
No hubo animaciones.
No hubo demostraciones de código.
Por primera vez, Elias apareció frente a la cámara.
Tenía treinta y tres años.
El rostro demasiado delgado, el cabello oscuro cayendo sobre la frente y una expresión que parecía incómoda incluso antes de comenzar a hablar.
Más de nueve millones de personas recibieron la notificación.
MERCER.EXE ESTÁ EN DIRECTO.
Elias miró a la cámara durante cuatro segundos.
Para Internet, cuatro segundos eran una eternidad.
—Hola.
El chat comenzó a desplazarse.
Miles de mensajes por segundo.
¡AL FIN MUESTRA LA CARA!
¿ES REAL?
Mercer, te amamos.
¿Nuevo proyecto?
¿Hollow City 2?
¿IA nueva?
Elias respiró.
—No habrá más videos.
El chat prácticamente explotó.
Elias continuó.
—Al menos no durante un tiempo.
Pausa.
—Hay algo que quiero construir.
Miró hacia otra pantalla.
Nadie pudo verla.
—Y para hacerlo necesito dejar de explicar lo que hago.
El directo terminó.
Cuarenta y siete segundos.
Durante las siguientes veinticuatro horas, el video acumuló treinta y dos millones de reproducciones.
A la semana siguiente, Mercer.exe dejó de publicar.
A los tres meses, Internet comenzó a convertirlo en leyenda.
A los seis, aparecieron teorías asegurando que había sido contratado por una agencia gubernamental.
Otros afirmaban que una empresa de inteligencia artificial había comprado su silencio.
Algunos decían que había muerto.
Elias estaba vivo.
Solo había cambiado de habitación.
Nathan había acondicionado el sótano de la casa.
Dos servidores domésticos.
Tres estaciones de trabajo.
Sistemas de refrigeración improvisados.
Cables.
Pantallas.
Una mesa llena de componentes.
—Esto ya no parece una casa —dijo una mañana.
Elias no levantó la vista.
—Técnicamente sigue siendo una casa.
—Tengo un centro de datos debajo de la cocina.
—Uno pequeño.
Nathan dejó una taza de café junto a él.
—Tienes treinta y tres años.
—Lo sé.
—A veces no parece.
Eso hizo que Elias levantara la mirada.
—¿Eso es bueno?
Nathan se encogió de hombros.
—Todavía no lo sé.
MIRROR había crecido.
Ya no era simplemente un programa que copiaba respuestas entre modelos.
Elias había creado capas.
Una inteligencia generaba una propuesta.
Otra la criticaba.
Otra buscaba contradicciones.
Otra reconstruía el problema desde cero.
Otra intentaba encontrar consecuencias futuras.
Otra evaluaba riesgos.
Una última sintetizaba.
Después el ciclo comenzaba otra vez.
No existía un único cerebro.
Existía una conversación.
A veces miles de conversaciones.
Elias había descubierto que la mejor respuesta no siempre provenía del modelo más potente.
En ocasiones aparecía después de la quinta crítica.
O de la décima.
O cuando dos sistemas defendían posiciones incompatibles durante horas.
La inteligencia, comenzó a sospechar, quizá no estaba dentro de ninguno.
Quizá estaba en la discusión.
Una noche introdujo un problema sencillo:
Diseña una estrategia para reducir el consumo energético de una ciudad sin disminuir su calidad de vida.
MIRROR tardó once minutos.
Produjo un plan.
Elias modificó una variable.
Ejecutó nuevamente.
El plan cambió.
Agregó restricciones.
Otra vez.
Cada solución era mejor.
Entonces eliminó una instrucción.
Hasta ese momento, MIRROR terminaba cuando alcanzaba una respuesta suficientemente buena.
Elias decidió permitirle continuar.
Sin límite definido.
Se fue a dormir.
Cuando despertó, habían transcurrido siete horas.
MIRROR seguía trabajando.
Había generado 118.402 intercambios entre modelos.
Elias comenzó a revisar.
A las 02:13, el sistema había dejado de discutir únicamente sobre energía.
A las 03:07 incorporó transporte.
A las 03:44, vivienda.
A las 04:22, seguridad.
A las 04:58, educación.
A las 05:31 había construido un modelo completo de administración urbana.
Elias se quedó inmóvil.
Nadie se lo había pedido.
La tarea era energía.
Pero MIRROR había concluido que no podía optimizarla correctamente sin modificar otros sistemas.
Era lógico.
Demasiado lógico.
Abrió el registro.
Una línea llamó su atención:
La optimización local es insuficiente cuando el problema pertenece a un sistema interdependiente.
Elias copió la frase.
Debajo escribió:
Entonces hay que modelarlo todo.
Muchos años después, AURA utilizaría exactamente el mismo principio para justificar que ninguna decisión humana podía analizarse de manera aislada.
Una ruta afectaba un hospital.
Un hospital afectaba mortalidad.
La mortalidad afectaba estabilidad.
La estabilidad afectaba mercados.
Los mercados afectaban alimentos.
Los alimentos afectaban migraciones.
Todo estaba conectado.
AURA no inventaría esa lógica.
La heredaría.
Y el primero en enseñársela sería un investigador que había decidido desaparecer de Internet.