Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—No. —Pareció encontrarse algo incómodo—.

Están haciendo un documental sobre mi música.

Natasha estaba esta mañana en el museo, grabando, cuando se nos ocurrió la idea del campamento.

—Cuando terminó de explicarle todo eso ya había sacado su móvil del bolsillo—.

Olvida que te lo he mencionado. Voy a decirle que esta tarde es imposible.

Soltando un taco en voz baja, ella posó su mano sobre la de él para impedir que llamase a los de las cámaras.

—Nunca había conocido a alguien tan insistente como tú.

—Suspiró ella, digiriendo su frustración porque fuesen a apuntarla con una cámara—.

Pero estoy segura de que ella tiene razón y que deberías grabar esto.

Estás haciendo algo grande, algo importante.

—Pero como ella había accedido a ser su agente inmobiliaria, eso también significaba que podría quedar inmortalizada para siempre en una película con Ford, sin importar lo que ocurriese entre ellos en el futuro—.

Puedo apañármelas con los del equipo de filmación.

Sus dedos apenas estaban agarrando de nuevo la manija de la puerta cuando él dijo:

—Hay otra cosa creo que es probable que deba mencionar.

Por supuesto que la había, pensó ella, volviendo la cabeza para mirarle.

—¿Y ahora qué?

—Natasha ya sabe quién eres. —Antes de que ella pudiese preguntarle cómo, él le explicó—: Mientras revisaba vídeos antiguos, ella encontró un par de la noche en que nos conocimos.

Yo no le había hablado de ti, no le había contado nada sobre mi vida privada.

Pero te vio a ti y lo supo . —El taxista estaba claramente cautivado por su conversación, pero ni a Mia ni a Ford les importaba un maldito rábano en ese momento—.

Ella se encaró conmigo y me dijo que cómo era posible que hubiese sido lo bastante estúpido como para dejarte escapar cuando obviamente lo eras todo para mí.

A Mia le daba vueltas la cabeza.

—Por eso volviste. Sus palabras eran apenas audibles.

—Ella me dio el empujoncito final, pero yo fue quien por fin acepté el hecho de que había querido volver cada día desde hacía cinco años.

Siento que me costase tanto mandar a paseo mi orgullo.

Lo siento más de lo que puedas imaginarte.

—Dijo él con el ceño fruncido—. El orgullo podría haberlo arruinado todo si yo lo hubiese permitido.

Tenía razón sobre lo del orgullo, sobre la forma en que podía arruinar vidas.

Y ella sabía que necesitaba reflexionar en profundidad sobre su propio orgullo en lo que a Ford respectaba.

Porque aunque era una cosa tener cuidado en no cometer el mismo error por segunda vez, era otra totalmente distinta ponerse terca por el mero hecho de ganar.

Especialmente si «ganar» significaba no estar con él.

Por desgracia, para entonces el taxista ya estaba empezando a mirar con bastante atención a Ford y lo último que ella quería es que su tan personal conversación con una de las mayores estrellas del rock del mundo acabase esta noche en la web de cotilleos de TMZ.

Sería demasiado fácil para el conductor coger su móvil y grabar el resto de la conversación.

Haciendo memoria, estaba bastante segura de que no habían mencionado ni sus nombres ni en qué trabajaba ninguno de los dos.

En este punto sería pura especulación por parte del taxista pensar que había tenido a una estrella del rock en la parte trasera de su coche.

Con un gesto de cabeza dirigido al conductor, ella dijo:

—Gracias por el viaje. —Se volvió a Ford y dijo—: Vámonos, Jeffrey. Llegamos tarde a ese documental que están grabando sobre tu problema secreto de acné.

Ford se estaba riendo al cerrar la puerta detrás de ellos.

—¿Jeffrey? ¿Acné?

Ella le dio unas palmaditas en su rostro perfecto.

—No te preocupes, algún día, cuando crezcas, ya se te pasará. Si las chicas son listas, te esperarán.

Él seguía riéndose cuando ella se acercó a decirle hola a la inteligente mujer que estaba ahí en medio de dos hombres con unas grandes cámaras.

—Tú debes de ser Natasha. Yo soy Mia. He oído que tú eres la responsable de hacer que tú-sabes-quién haya vuelto a mi vida.

—¿Y?

Mia volvió la vista hacia Ford, y cuando un grupo de turistas que salían del Museo de la Cultura Pop le reconocieron y le rodearon, respondió:

—El jurado aún está deliberando.

Ella siempre había admirado lo bien que él se portaba con sus fans, pero esta vez Mia deseó que no se mostrase así de amistoso con los que rivalizaban por su autógrafo.

Algunas de las mujeres se le habían arrimado un poquito demasiado…

Y cuando una de ellas le preguntó si le podía firmar los pechos, Mia apretó los puños.

Esta semana, hasta entonces, solo habían estado juntos en la casa del torreón, en las bodegas de su primo en Napa y en su despacho.

¡Cómo podía haberse olvidado de la forma en que las mujeres se le echaban encima allá por donde iba?

¿O de que las grupis harían cualquier cosa para intentar que Ford se fuese a la cama con ellas?

Nunca había sido una mujer insegura, pero ¿quién no se sentiría amenazada por eso? Daba igual lo mucho que ella creyera haber superado el pasado.

—Llevo meses en la carretera con Ford —dijo Natasha—, pero ¿sabes una de las cosas que me chocó más sobre él?

Mia apenas pudo apartar sus ojos entornados de la fan que ahora iba prácticamente en topless.

—¿El qué? ¿El talento que tiene?

Natasha meneó la cabeza.

—Que nunca, ni una sola vez, se fue con alguna grupi ni trajo una al autobús.

Ahora la otra mujer le prestaba toda su atención.

—¿Nunca?

—No. Ni una sola vez. Cuando me di cuenta de que no tenía ni el más remoto interés en las chicas que se le echaban encima, supe seguro que era uno de los buenos. Y —añadió Natasha después de una concluyente pausa—, entonces fue también cuando supe que su corazón ya debía de pertenecerle a alguien.

—Tú no haces este documental sobre él solo porque ese sea tu trabajo, ¿verdad? —Mia observó atentamente a la pelirroja con nuevos ojos. —Aparte de eso, también, eres su amiga.

Natasha asintió.

—Es un hombre que resulta fácil que te guste.

Y amarle , se encontró Mia pensando antes de poder frenarse.