Capítulo 9
CAPÍTULO NUEVE
A llí donde la mayoría de novias en ciernes querrían una despedida de soltera muy ostentosa, y a pesar del hecho de que Nicola era una de las estrellas del pop más grandes del mundo y de que ni el dinero ni la ubicación le habrían supuesto ningún problema, la prometida de Marcus claramente no tenía interés alguno en hacer nada llamativo ni exagerado.
Por el contrario, tanto Nicola como Marcus parecían compartir la idea de que esta noche lo que iba a celebrarse se definiría como tranquilo .
Mia se echó a reír al averiguar que Marcus estaba celebrando su barbacoa de despedida de soltero al otro lado de la casa.
No podía pensar en ninguna otra pareja que hubiesen organizado sus respectivas despedidas con todas las mujeres a un lado de la casa y todos los hombres al otro.
Pero dado que Nicola desapareció dos veces en los primeros treinta minutos, Mia sospechó que esa organización tenía todo que ver con el hecho de que la novia y el novio no podían soportar estar alejados el uno del otro.
Especialmente no la víspera de uno de los días más importantes de sus vidas, cuando estaban a punto de pronunciar sus votos de amor eterno.
Mia estaba sentada al lado de su prima Sophie, que tenía otro pequeño Sullivan en el regazo.
Jackie todavía no estaba en la fase de hablar o de andar, pero claramente había pasado un gran día, porque cuando Mia pidió cogerla en brazos, lo único que quería era abrazos.
El hermano gemelo de Jackie estaba en la barbacoa de los chicos con su padre, Jake.
—Te la puedo coger si te empieza a pesar demasiado —se ofreció Sophie cuando los ojos de Jackie parpadearon y se cerraron de inmediato.
Pero a Mia le encantaba el suave peso del bebé en su regazo. Todavía no estaba preparada para tener hijos, lo que hacía que tener tantos primos con niños le resultase tan divertido.
—Tú la tienes todo el tiempo. Ni se te ocurra quitármela esta noche —dijo Mia, acercándome más a Jackie para absorber su fresco aroma a bebé.
Liberada de sus deberes maternales durante unos minutos, Sophie se recostó más en el cómodo sofá de exterior en el que estaban sentadas y cogió su copa de vino.
La vista de los viñedos con el sol poniéndose en el cielo era alucinante.
Tampoco era cosa mala que tuviesen una botella del mejor cabernet de Marcus a mano.
—Lo pasamos tan bien en el lago este verano con todos vosotros —dijo Sophie—.
Jake quiere subir hasta Seattle para enseñarles a los niños la Space Needle.
Y como se niega a aceptar que podrían ser todavía un poco demasiado pequeños para recordar después nada de ese viaje —añadió Sophie, riendo—, yo de ti me esperaría que llamásemos a tu puerta cualquier día de estos.
La primera vez que Mia escuchó que su prima Sophie, una bibliotecaria de voz suave, se había liado con el tatuado propietario de un bar irlandés Jake McCann, y se había quedado preñada por un rollo de una noche, ni más ni menos, se había quedado bastante estupefacta.
Especialmente porque el apodo de Sophie era Nice , buenecita, y las chicas buenas normalmente no seducían a los chicos malos y tatuados.
Pero aunque parecían muy diferentes, era obvio que eran una pareja absolutamente perfecta.
Igual que con Nicola y Marcus, Mia había aprendido viendo a sus primos enamorarse a lo largo de los años que el amor no siempre tenía sentido sobre el papel. Pero tampoco tenía por qué. Los únicos para los que debía tener sentido eran las dos personas que se enamoraban.
—Decididamente, apúntame como tu guía turística para esa visita. Aunque —aclaró Mia—, me temo que mis tareas de guía no incluirán cambios de pañales.
—Te acostumbras a cambiarlos después de algún tiempo.
Mia arrugó la nariz.
—Vale… Tu sigue diciéndote eso, y tal vez algún día te lo creas de verdad.
La mujer de su primo Gabe, Megan, estaba sentada en otro sofá enfrente del suyo.
—¿Creerse qué?
—Que cambiar a estas pequeñas bellezas —Señaló el culete de Jackie—, no es algo del todo asqueroso.
—De verdad que no lo recuerdo, ha pasado ya mucho tiempo desde los días de cambiarle los pañales a Summer.
Es gracioso. —dijo Megan, bajando la vista hacia su barriga a punto de reventar en cualquier instante—, creía que todo eso se había acabado para mí cuando ella aprendió a usar el orinal.
Pero nunca imaginé que conocería a Gabe.
En serio, Mia pensó allí sentada con las chicas bajo el sol poniente del Valle de Napa, cuanto puto amor había en la familia Sullivan.
Todos sus primos de San Francisco, y su hermano Rafe, estaban o casados o prometidos.
Era fabuloso. Ella estaba súper contenta por todos ellos.
Y, quizás, justo un pelín de nada celosa por lo perfectamente que estaban yendo sus vidas.
Especialmente cuando la suya era un lío tan grande.
Mia estaba observando a Chloe en el césped, sujetando la mano de Emma mientras su hija saltaba en una mini-cama elástica, cuando Valentina apareció por la esquina del edificio.
Su prometido, Smith, la seguía, cogiéndola de la mano y antes de soltarla, la atrajo para sí y le dio un largo beso.
Uno que hizo que todas las que les miraban desde los sofás de exterior suspiraran por lo monos que se veían juntos.
Cuando Smith dejó por fin que Valentina se acercara al resto de las chicas, se quedó haciendo guardia en el trampolín con Emma.
Smith, el primo de Mia, era una de las mayores estrellas de cine del mundo, pero nunca se había comportado como tal con su familia, y Mia a menudo olvidaba que solo con verlo a otras mujeres les daba un ataque al corazón.
Valentina y él se habían conocido cuando Tatiana, la hermana de Valentina, coprotagonizó con él la película Gravedad.
Por lo que Mia había escuchado, Valentina había intentado resistirse a él todo lo que pudo, pero al final no había tenido ninguna posibilidad de mantener su corazón a salvo.
Teniendo en cuenta la clase de locuras con las que Smith tenía que lidiar en Hollywood, era genial que Valentina fuese una persona tan sensata e íntegra, y que no le interesasen los focos en absoluto.
Valentina tenía el móvil pegado a la oreja mientras pasaba junto a la piscina y llegaba al patio donde estaban sentadas las demás. Después de una rápida conversación, Mia le oyó decir.
—Suena genial, T… Nos vemos pronto. —Valentina volvió a meterse el móvil en el bolsillo de su elegante vestido—. Mi hermana estará aquí pronto. Dice que su entrevista se ha alargado un poco, pero que está a punto de salir del hotel.
Mia adoraba a Tatiana Landon. A los veintipocos años, era una actriz en ascenso, especialmente después de haber actuado con Smith. Pero de alguna manera, en vez de convertirse en un insulso cascarón vacío bajo los potentes focos de Hollywood, siguió siendo totalmente dulce y natural.
Valentina estaba guapísima con un vestido amarillo de lino que se ajustaba a sus curvas y flotaba alrededor de sus pantorrillas.
—Es estupendo volver a verte, Mia —dijo antes plantar un besito en la mejilla de la dormida Jackie—.
Me pido al bebé en su siguiente siesta —informó Valentina a todo el mundo, mientras cogía una copa de vino de un camarero que daba vueltas por allí y se sentaba al lado de la esposa de Gabe— .
Siempre y cuando te parezca bien a ti, Sophie.
—Claro que sí —respondió Sophie con una sonrisa—. ¿Qué madre no querría que su niña no tuviese más de media docena de las tías más guais del mundo haciendo cola impacientes para pasar tiempo con ella? Y hablando de guay, aquí llega la mujer por la cual celebramos esto.
Nicola salió de la casa y entró en el patio. Con un estilo totalmente de estrella del pop, llevaba unas mechas de azul y rosa claro en el pelo, pero Mia estaba asombrada de lo elegante que eso resultaba en ella.
—¿Me hacéis un huequito? —Meneó las caderas en el espacio en el sofá entre Mia y Sophie. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos lo bastante brillantes como para que Mia pudiese adivinar fácilmente que justo venía de mantener otro breve encuentro con Marcus.
Había más mujeres riéndose junto a la fuente, incluyendo a la madre de Mia, a la de Nicola, a Brooke, a la gemela de Sophie, Lori, a la prometida de Ryan, Vicki, y a la de Zach, Heather.
Mia sabía que tendría ocasión de pasar algún tiempo con todas ellas más tarde, pero por ahora, este grupo de mujeres con las que estaba sentada era del tamaño perfecto para que todas pudiesen participar en la conversación.
Nicola estaba acariciando arriba y abajo suavemente con la punta del dedo uno de los pies de bebé de Jackie y dedicando una gran sonrisa a cada una de las mujeres sentadas con ella.
—¡Estoy tan contenta de que estéis todas aquí! —Sus ojos azules se humedecieron al decir—. Me encanta tener a todas mis mujeres favoritas en un solo sitio. ¿Qué decís a quedar así cada fin de semana?
—Que hay suficientes bodas Sullivan pendientes —dijo Mia—, así que probablemente podríamos hacerlo.
—Hay tanto amor por todas partes en esta familia —asintió Nicola, mientras todas se echaban a reír—, que cuando quiero escribir una buena canción de ruptura, tengo que terminar acosando a mi grupo y a mis bailarines para que me cuenten cualquier cosa chunga que esté pasando en sus vidas.
—Siempre podrías llamarme a mí —dejó escapar Mia antes de ser consciente de lo que estaba diciendo. Lo había dicho en tono jocoso, pero por supuesto, todos los ojos se clavaron en ella.
—Cuenta —la animó Sophie.
Mia se obligó a mostrar una sonrisa que no sentía de verdad.
—Ya sabéis la historia… Si es problemático, tengo que ir a por él.
Por fortuna, en vez de pincharla para sacarle más información, Sophie asintió.
—Chica, sé de lo que hablas, de verdad. —Miró a Mia—. Jake debía de ser uno de los mujeriegos más grandes del planeta cuando decidí seducirle por fin. Hablando de hombres problemáticos.