Capítulo 6 #2
—Ninguna tan buena como la que hicimos juntos el domingo pasado. —Sus ojos se oscurecieron ligeramente al estirarse para cogerle una mano y frotarle la palma con el pulgar—. Llevo toda la semana pensando en ti, Mia. No veía la hora de que llegase esta noche.
Era exactamente lo que tenía que decir, exactamente la forma correcta de tocarla. O al menos, tendría que haberlo sido. Ella tendría que haber estado babeando encima de él, tendría que haber estado agradeciéndole a su buena estrella que los dos hubiesen salido a correr el fin de semana pasado.
En vez de eso, se estaba preguntando por qué la camarera no podía venir más rápido a su mesa y así ella podría estar sosteniendo una copa en vez de la mano de James.
—Yo también he pensado en ti —se obligó a decir, y era cierto, de verdad había estado pensando en James durante esa semana. Les había hablado a sus amigas de él, hasta les había enviado una foto que le sacó mientras corría antes de que él se diese cuenta de que la tenía detrás.
Solo había sido a partir del momento en que puso los ojos en Ford que todo pensamiento referente a otros hombres, incluido James, se había escapado al galope, como los caballos del Derby de Kentucky.
Obligándose a acercarse un poco más hacia él en vez de en dirección contraria, le dijo:
—Quiero saberlo todo de ti.
—¿Qué tal si empezamos por lo básico y luego más tarde… te doy más si todavía lo deseas? —preguntó él haciendo una pausa encantadora.
En serio, ¿podría este tío ser todavía más genial?
Pero a la vez que ese pensamiento aún flotaba en su mente, cuando la camarera se acercó a su mesa con un «¿Qué os pongo?
», Mia aprovechó la oportunidad de soltar su mano y poner unos preciados centímetros de espacio entre ellos en un reservado que de repente le parecía demasiado pequeño.
La próxima vez tendría que recordar organizar una primera cita en una bolera o en algún lugar igualmente menos íntimo.
Pidieron sus bebidas y Mia rezó para que llegasen rápido para que pudiese empezar a atenuar todos esos pensamientos chiflados sobre Ford que no querían dejarla en paz.
—Yo ya sé que eres dulce y muy guapo —le dijo a James aunque odiando sentir que le estaba dando falsas esperanzas—. ¿Qué más puedes contarme?
—Tengo treinta y cinco. Nunca he estado casado. Soy vicepresidente en Anderson Financial.
Mia se esforzó en responder a todo eso adecuadamente.
—Siempre he pensado que sería divertido jugar con el dinero de otra gente —dijo después de beberse un sorbo (o tres) que tanto necesitaba de su Martini seco—. ¿Es esa toda la información básica que piensas darme esta noche?
Su sonrisa tendría que haberle encendido la sangre.
—¿Qué tal una más como primer round y luego es tu turno? —Cuando ella asintió con lo que esperaba que pareciera expectación, él dijo—: También siento una gran atracción por mujeres inteligentes que dirigen su propio negocio.
James la estaba mirando con un interés que podía ver que iba mucho más allá de solo querer tirársela.
A diferencia de Ford, que se había metido de lleno en su línea de te deseo y no pararé hasta que te tenga como un troglodita esa mañana.
Cuando la besó, ella había sentido como su estúpido corazón se alteraba tanto como su cuerpo…
Aunque sabía que él solo estaba jugando con ella como lo haría un gato, despreocupadamente, con un ovillo de lana, hasta aburrirse con el juego.
Mia nunca había sido una gran bebedora en especial, pero esa noche podría haberse tomado ya un par de copas más.
—Me he criado en Seattle. Me encanta vender casas. Y no te asustes cuando te diga lo siguiente, ¿vale? —Las cejas de él se elevaron al tiempo que ella dijo—: Tengo cuatro hermanos mayores.
—¿Te parece que me he asustado? —dijo él, y cuando ella se quiso dar cuenta, estaba acercando su boca a la suya.
Su pecho se inundó de pánico pero se obligó a sí misma a seguir adelante y permitir que sus labios la alcanzaran. Su beso fue cálido y suave. Ella se inclinó más cerca y le permitió que fuese más profundo acariciándole la lengua con la suya.
Y entonces fue cuando Mia tuvo por fin que admitir la total y absoluta derrota. No servía de nada continuar con esta farsa de cita. Porque si no sentía nada con el beso de James, estaba tremenda y profundamente acabada.
Extendió las manos sobre su pecho y en vez de agarrar su camisa para atraerlo más cerca, como había hecho con Ford, le empujó hacia atrás con firmeza.
—James, eres genial —dijo con voz suave—, y no puedo creerme que esté a punto de decirte esto, pero…
—Eso era solo el calentamiento previo, Mia. Déjame que te bese otra vez.
Dios, esta cita con James tendría que haber sido tan sexi…
Pero no sentía que nada referente a estar con él le pareciese bien.
Ni sus brazos rodeándola. Ni su boca besándola.
Ni siquiera la forma en que la miraba, como si tuviese la esperanza de que ella le dejase entrar en su corazón y en su mente, en vez de conocer ya todos sus secretos más profundos antes de que ella dijese una sola palabra.
No le costó ningún esfuerzo en absoluto decir:
—Lo siento, pero no puedo —y deslizarse del todo fuera de sus brazos. Tan distinto de la forma en que casi le había matado alejarse esta mañana de Ford después de solo un beso.
Especialmente cuando un solo beso de Ford nunca, jamás había sido suficiente…
Como era de esperar, uno de los temas más famosos de Ford empezó a sonar justo en ese preciso instante. No importaba cuanto se esforzase, ¿cómo iba a ser capaz de dejar de darle vueltas a sus recuerdos de él?
—Hay alguien más, ¿verdad?
La pregunta de James la devolvió al bar, haciendo que notara cómo se le estaba clavando el borde del banco de madera en la cadera y escuchara los sonidos de risas y flirteos a su alrededor.
Ella intentó decir que no con la cabeza, intentó negarlo, pero antes de lo consiguiera, James añadió:
—Si alguna vez le olvidas, llámame.
Vio en los ojos de James como lo lamentaba antes de que él dejase un billete de veinte sobre la mesa, se pusiese la chaqueta y se encaminase a la puerta.
Media docena de chicas solteras del bar le miraron marcharse y cuando volvieron la vista hacia ella y vieron a Mia sentada sola en el reservado, pudo leer claramente una pregunta en sus ojos: ¿Cómo has sido capaz de cagarla?
Mia saco el móvil y escribió un mensaje a sus dos mejores amigas. COPAS DE EMERGENCIA YA. VINOTECA.