Capítulo 28
CAPÍTULO VEINTIOCHO
—Estoy contenta de verdad de que hayas traído a Ford a pasar un rato con nosotros en casa esta noche —le dijo a Mia su madre cuando entraron a la cocina para calentar el pastel de manzana que Claudia había preparado de postre—. Me gusta mucho, cariño. Parece un buen hombre.
A Mía le encantó que su madre no se refiriera ni al talento ni a la fama de Ford.
No había dicho algo como: teniendo en cuenta lo rico y famoso que es, es un hombre agradable.
En lugar de eso, Claudia se estaba fijando solamente en el hombre que era por dentro y en cómo trataba a su hija.
Existían muy pocas personas para las cuales la carrera y la cuenta bancaria de Ford careciesen de importancia, pero la madre de Mia era una de ellas.
—Gracias por ser tan agradable con él esta noche, mamá. Especialmente dado lo difíciles que han sido papá y los chicos al principio. Ford nunca ha tenido lo que se dice una familia y creo que estar aquí con nosotros esta noche significa un montón para él.
—Es el primer hombre que has traído a casa. Si eso no me dijera de por sí lo especial que es para ti, lo habría sabido solo con veros a los dos juntos en la boda.
Mia se quedó parada a medio camino de coger un puñado de tenedores limpios.
—¿Viste que había algo entre nosotros el fin de semana pasado?
—Tú siempre has mirado a los hombres con los que has salido de forma juguetona, flirteando.
Ellos no pueden apartar los ojos de ti pero tú nunca has tenido problemas en mirar en otra dirección.
Ford es el único hombre con el que te he visto nunca al que tú tampoco puedes dejar de devolverle la mirada.
Pero no es solo su atractivo externo lo que te atrae de él, ¿verdad?
—No. Pero cuando un tío tiene el aspecto que tiene él, es difícil recordar por qué debería intentar siquiera resistirme a él.
—¿Qué crees que te haría más feliz, cariño? ¿Encontrar la forma de seguir resistiéndote a lo que sientes por él? —Los ojos de su madre estaban llenos de calidez y comprensión—. ¿O ceder a lo que sientes cuando lo tienes cerca?
Era tanto una bendición como una maldición la forma en que su madre parecía tener visión de rayos X en los ojos en lo referente a las emociones de sus hijos.
Por un lado, significaba que siempre estaba allí para ellos, incluso antes de que ellos hubiesen aceptado que necesitaban su apoyo.
Por el otro, hacía que ocultarle la verdad fuese totalmente imposible.
Lo cual, se daba cuenta Mia ahora, fue el motivo por el cual no había traído a Ford a casa cinco años atrás.
No solo porque no quería perderse ni unas breves y preciosas horas de estar en sus brazos, sino porque aunque había estado enamorada hasta las trancas de él, debía de haber sabido también que ninguno de los dos estaba preparado todavía para amar de verdad al otro.
Sus padres y sus hermanos se habrían mostrado igual de protectores que esta noche…
Pero su madre habría visto todo lo demás.
Aun así, la madre de Mia nunca había intentado presionarla en una dirección o en otra, ya fuese en el amor o en su carrera. Claudia simplemente apoyaba a sus hijos en cualquier dirección que deseasen tomar. Aunque esa dirección a veces terminase por ser la equivocada.
—Cuando él volvió a mi vida hace una semana, creía saber exactamente quién era.
Pero no deja de sorprenderme de formas realmente buenas.
Me siento feliz con él, mamá, mucho más feliz de lo que recuerdo haberlo sido jamás.
Pero —se detuvo, sin saber cómo expresar sus emociones en palabras—.
¿Por qué es que cuanto más feliz me siento estando con él, más y más me asusto por perderme a mí misma en tanta felicidad?
—Yo estaba igual de asustada con tu padre —dijo su madre, acariciando los cabellos de Mia—.
Me daba miedo dejarme llevar y amarle sin reservas por si acaso algo iba mal y nos separaba.
La verdad es, cariño, que las cosas van mal todo el tiempo, pero también van bien.
Al final, me di cuenta de que no había otra persona con quien prefiriese compartir todos esos buenos y malos tiempos.
Claudia la había rodeado con sus brazos, y Mia se dejó abrazar, encantada.
—No sé por qué no te había hablado de esto hasta ahora. Tendría que haberte contado lo que pasó entre nosotros hace cinco años, pero me empeñé tanto en ocultárselo a todo el mundo…
—Si me preguntas, es perfectamente natural que cuando las emociones son tan intensas, cuando todo nuestro mundo empieza a girar en torno a otra persona, nos lo guardemos principalmente para nosotras. Estamos seguras de que nadie más podrá entender lo que es amar tan profundamente, ¿verdad?
Durante los últimos días, Mia había estado más y más cerca de aceptar que lo que ella sentía por Ford era real. Y que podía durar.
Esta noche, decidió, le diría por fin todo lo que había en su corazón. Y no se permitiría a sí misma sentir miedo sobre lo que era correcto o no, bueno o malo, mientras tuviese a su mejor amigo a su lado.
—Necesita una familia. —El corazón de Mia volvió a romperse del todo al pensar en el hombre y la mujer que había conocido el día anterior, que eran demasiado estúpidos para ver el hijo alucinante que tenían en Ford—.
No ha tenido tanta suerte como yo, que os he tenido a todos vosotros.
Así que deseo eso un montón para él. —Abrazó a su madre.
Necesitaba que ella supiera cuánto apreciaba el apoyo, el ánimo y el amor incondicional que Claudia le había dado desde el día en que nació—. Te quiero, mamá.
—Yo también te quiero, cariño. Y mientras que Ford puede que no haya tenido una gran familia con la que crecer, sigue siendo un hombre muy afortunado.
—¿Por su éxito, quieres decir?
—No —Los ojos de su madre estaban inundados por la emoción hacia su hija menor—. Porque no solo cuenta con tu amistad, sino también con tu amor. Lo único que te falta es darle tu confianza.
Sí, pensó Mia mientras las palabras de su madre le sonaban ciertas. Verle con su familia había sido como colocar la pieza final del puzle en su sitio. Una que obviamente encajaba desde el principio, pero que la había evitado hasta esta noche.
Porque si podía confiarle sus secretos, su cuerpo y su familia, entonces sabía que ahora podía confiarle también su corazón.
Incluso después de la boda del fin de semana pasado en Napa, donde Ford había visto lo bien que se llevaban los Sullivan, esta cena familiar con los parientes de Mia y sus dos hermanos era una revelación.
Era todo tan normal, tan fácil… Desde los platos de colores hasta la mesa y las sillas que Max había hecho él mismo, al perro de hocico gris roncando en el cojín de la esquina.
Se podía ver de dónde le había venido a Mia su habilidad para decorar, en particular en lo referente al color y a poner fotos familiares en cada mesa y en cada pared.
A Ford le encantaban especialmente las fotos de Mia creciendo, de un precioso bebé a una monísima niña con coletas y huecos en los dientes hasta una adolescente de infarto vestida para el baile de graduación.
Para cuando su baile de promoción tuvo lugar, él ya se había lanzado a la carretera, y no había pensado en ello siquiera.
Ahora se preguntaba, ¿cómo habría sido asistir con una chica como Mia Sullivan del brazo?
Pero ya sabía cómo habría sido ser el tío más afortunado del mundo… Porque era exactamente como se sentía ahora, cada uno de los segundos que pasaban juntos.
Sobre todo, le sorprendió lo cómodos que estaban los Sullivan estando reunidos.
Durante toda la velada, había habido tantas risas, discusiones amistosas y apoyo mutuo…
En muchos sentidos, a Ford le recordaba cómo eran su equipo y su banda cuando estaban juntos mientras hacían giras durante interminables meses.
Sorprendido por esa idea, se detuvo a pensarlo.
Durante todo ese tiempo había creído que no tenía una familia.
¿Pero no se había creado una propia con los demás músicos?
Solo que, aunque habían compartido un montón de cervezas y de noches en el backstage, nunca había confiado en ninguno de ellos de la forma en que Mia le había enseñado esa semana que se confiaba en un amigo.
—Pasas mucho tiempo en la carretera, ¿verdad? —le preguntó Adam en el preciso instante en que la puerta se cerró tras Mia y su madre.
Ford se volvió a mirar al hermano de Mia. Asintió y dijo:
—Me he pasado casi toda la década pasada de ruta.
—¿Cuánto tiempo falta para que vuelvas a irte? —Adam se había suavizado un poco durante la cena, pero claramente, seguía aún preparado para lanzarse al ruedo en defensa de su hermana.
—Tengo mucho que hacer para el campamento musical infantil que estoy abriendo aquí, en la ciudad.
No tengo planes de volver a salir de gira en cierto tiempo.
—Pero sabía lo que pensaba Adam, que Ford solo estaba jugando con Mia mientras estaba en la ciudad.
Solo había una forma de demostrarles a sus hermanos que sus intenciones con respecto a ella eran serias—.
Pero la razón principal de no volver a salir de gira es que espero convencer a tu hermana de que se case conmigo.
—¿Casarse contigo? —Adam les lanzó una mirada a su padre y a su hermano. Max no parecía particularmente sorprendido, pero Ford no estaba seguro de que pareciese contento del todo, tampoco—. ¿Pero cómo de bien os conocisteis vosotros dos hace cinco años?
Mia había dicho una y otra vez que el pasado ya no importaba, pero Ford todavía planeaba pasarse el resto de su vida compensándola, y a todos a quienes ella amaba.
—Amé a Mia desde el primer momento en que la vi, pero era joven y estúpido.
Esta vez fue Dylan quien gruñó:
—¿La engañaste con alguna grupi?
—No. Pero solo porque no la engañara, eso no significa que me la mereciera.
Por fin, habló el padre de Mia.
—¿Qué te hace pensar que ahora sí te mereces estar con mi hija?
Ford había asumido que Max Sullivan era un gran padre simplemente por cuanto lo adoraba Mia, e inmediatamente le había caído bien el hombre, pero durante la cena, su respeto por Max no había hecho más que crecer.
No solo había criado a cinco hijos geniales, también había conseguido mantener vivo el amor con su mujer durante casi cuatro décadas.
Los padres de Ford habían sido un ejemplo terrible de cómo criar y amar bien. Esperaba tener muchas más ocasiones de observar a Max y Claudia y aprender de ellos.
—Sé que piensas que nadie sería lo bastante bueno para tu hija.
Y tienes razón… Se merece a un hombre mejor que yo.
Pero puedo prometerte que nadie trabajará nunca igual de duro que yo para hacerla sonreír.
Ningún otro hombre la apoyará para que cumpla sus sueños tal como lo haré yo.
Y que la amaré más y más cada día durante el resto de mi vida.
De nuevo, los dos hermanos y su padre intercambiaron miradas antes de que Adam dijera:
—¿Esperas que creamos que lo dejarías todo por ella?
Ford había contenido su genio toda la noche con el hermano de Mia. Ahora, lo dejó salir, mientras se inclinaba hacia adelante y gruñía:
—Tu hermana es hermosa. Es inteligente. Es fieramente leal a sus amigos, sus empleados y su familia. Y no dudaría ni un solo segundo en dejarlo todo si eso significarse poder estar con ella el resto de mi vida.
Los tres hombres se quedaron en silencio varios largos instantes, observándolo para intentar medir su sinceridad. Por fin, su padre dijo:
—El día en que nació Mia, aunque ya tenía otros cuatro hijos, supe que estaba en problemas.
No solo vi la energía y la inteligencia en sus ojos, sino que era una belleza, y supe lo fácil que me sería vivir con miedo de que alguien se aprovechase de ella, de que hombres que solo verían su belleza y quisiesen lucirla como un trofeo la hiciesen sufrir.
Cinco años atrás, Ford había sido al menos en parte culpable de eso, pero ya había admitido su estupidez a su familia, así que se quedó en silencio mientras su padre proseguía.
—Ese día me prometí a mí mismo que confiaría en que Mia tomase las decisiones correctas, y que le enseñaría a insistir siempre en recibir el mejor y más poderoso amor.
—Max Sullivan levantó su copa desde el otro extremo de la mesa—.
No estoy diciendo que me vaya a resultar fácil dejar ir a mi niñita, ni saber que ya no soy el primer hombre al que recurrirá.
Pero si alguien va a ocupar mi puesto, me alegra de que seas tú, Ford.
Antes de que Ford pudiese empezar a expresar lo mucho que la fe de Max en él significaba para él, más allá de chocar sus copas en un rápido brindis, Mia y su madre volvieron a entrar llevando un enorme pastel calentito y seis tenedores.
Cuando todos lo atacaron directamente, Ford supo que aunque el padre de Mia no acabase de decir que aprobaba su relación, él lo habría sabido por la forma en que la familia asumió que él se pelearía por los pedazos de manzana del centro del pastel igual que todos los demás…
Y luego por la forma en que Mia se inclinó hacia él, a medio mordisco y le besó delante de la gente a la que amaba más que nada en el mundo.
Ford vio de reojo como Max y Claudia se sonreían justo antes de cerrar los ojos y devolverle el beso a Mia.