Los Sullivan de Seattle, Libros 1-3 (Colección Los Sullivan nº 4) Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

—Levanta más la barbilla —dijo ella suavemente. Entonces le aclaró cogiendo agua en las manos.

Y mientras le vertía un puñado de agua tras otro, Ford no pudo evitar sentir que no solo era su pelo lo que ella le estaba lavando… Sino que estaba dejándole limpio de sus errores, uno tras otro.

—Ya está —dijo ella, pasándole las manos por la cabeza y apartándole el cabello húmedo de la cara—. Perfecto.

Él no quería abrir todavía los ojos, no quería hacer otra cosa salvo atraerla más cerca y apoyarle la cabeza en el pecho para escuchar los latidos de su corazón. Y cuando lo hizo, sus brazos le rodearon los hombros para abrazarle.

Ford no sabía cuánto tiempo se quedaron así, pero fue lo bastante como para que el agua se empezase a enfriar.

—Parece que se ha agotado el tiempo de la ducha. —Pudo escuchar en su voz la misma decepción que él sentía.

—Por fortuna, tu champú tenía la espuma suficiente para que los dos estemos del todo limpios.

—¿Eso es lo que me he perdido cuando tenía los ojos cerrados? —Un deseo constante y que no dejaba de aumentar había hecho que sus manos se tensaran instintivamente sobre sus caderas—. ¿Burbujas de jabón corriendo sobre tu cuerpo desnudo?

—Solo unos cientos de ellas o así —bromeó ella, pero antes de que él pudiera coger una pastilla de jabón para crear varios cientos más, ella soltó un gritito y se apartó del chorro de agua—.

¡Está helada! —Para cuando ella hubo cerrado el grifo, él ya había abierto la puerta para coger una esponjosa toalla.

Era su turno ahora de darle el gusto de rodearla con el suave algodón y de frotar sus curvas con las manos para secarla.

Ella cerró los ojos y dejó que su cuerpo se inclinase hacia sus manos.

—Mmm… Eso es genial.

Mejor que nunca.

Ahora que la tenía envuelta en la toalla y luchar contra su reacción hacia su desnudez no le costaba el ciento por cien de su concentración, él pudo notar las sombras oscuras de debajo de sus ojos.

Estaba cansada y él sabía que era el motivo.

No solo por su largo viaje conduciendo hasta Eugene de hoy, sino porque dudaba que ella estuviese durmiendo mucho más de lo que lo hacía él.

Al menos, estaba aliviando algo de presión tocándose.

No, ese era exactamente el mal camino, el que no había que tomar.

Más tarde, cuando ella no estuviese justo ahí tentándole, se permitiría fantasear sobre cómo exactamente se habría estado tocando ella.

Aunque con suerte, pronto confiaría en él con todo su corazón lo suficiente para que él no tuviese que fantasear… Porque estaría ahí con ella en la cama.

La cogió en brazos, junto con una toalla para él, y salió de la ducha y hacia su dormitorio privado al fondo del autobús. Sin abrir los ojos, ella le rodeó el cuello con los brazos y apoyó la nariz contra su piel todavía húmeda.

—Hora de irse a dormir.

Sus pesados párpados se abrieron.

—Todavía no.

Por supuesto, él también quería pasar más tiempo hablando, bromeando, riendo con ella. Pero estaba intentando pensar qué era lo mejor para ella al decir:

—Tienes que estar cansada después de este día tan largo y de tanto conducir.

—No —juró ella cuando él le dejó suavemente sobre la cama—, no estoy cansada en lo más mínimo. —Él apenas se había envuelto en su toalla y se había colocado detrás de ella para acercársela de espaldas contra su pecho cuando ella dijo—: Quiero saberlo todo de tu concierto.

—Estuvo bien. —Le acarició el húmedo cabello, extendido sobre su almohada. Su piel olía a champú pero su cabello seguía portando ese característico aroma a rosas—. He tocado esa nueva canción que escribí para ti.

Ella le pasó la mano por el brazo que la rodeaba por la cintura hasta que pudo ponerle una mano sobre la suya. Se la levantó para ponerla entre sus pechos y dijo:

—Ha debido de encantarles.

Su cabeza encajaba perfectamente debajo de su barbilla y él apenas pudo sofocar un gemido cuando ella meneó el trasero para ponerlo todavía más apretado contra sus caderas.

—Sí, les ha encantado.

—¿Cómo se siente uno al estar ahí arriba delante de toda esa gente a la que le encanta tanto lo que haces?

—Afortunado. —Ella se giró ligeramente para volver la cabeza y mirarle mientras él pensaba en cómo explicárselo mejor—.

Hay millones de chavales con guitarras. Un millón más que intentan dejar atrás sus vidas y encontrar una vida mejor.

Pienso en eso cada vez que me subo al escenario, en que todos los del público se desprenden voluntariamente de un tiempo y de un dinero de los que no andan sobrados para pasar una noche conmigo. Yo no sería nada sin ellos.

—Sí, lo serías. —Ella le apretó la mano con más fuerza contra su corazón—.

Aunque no hubieses triunfado tanto, aunque tus canciones nunca hubiesen sonado por la radio, aunque estuvieses tocando en tugurios de mala muerte en lugar de en estadios, seguirías siendo asombroso, Ford.

—Ella extendió la mano plana contra su corazón para que él pudiera sentirlo latir contra la palma—. Asombroso por dentro y por fuera.

Si él había creído antes que era difícil no hacerle el amor, de repente encontró que era mil veces más difícil no asustarla diciéndole exactamente cuánto la amaba… Y contenerse de rogarle que le amara igual.

—¿Cuántas casas has vendido hoy?

Él no podía verla sonreír, pero juraría que podía sentirlo cuando le dio:

—Solo una antes de decidir que salía pitando hacia Oregón. Era para una familia que va a estar realmente feliz con el barrio y con la playa cercana. Y lo que es mejor, conseguimos cerrar el trato sin que les costase un dineral. Odio ver a la gente desbordada por las deudas.

Él se habría esperado que la mayoría de agentes inmobiliarios celebrasen las ventas de fincas de precios más altos, porque esas ventas significaban un aumento automático de su salario.

Desde que se conocieron, Mia había pasado de ser bastante novata en el negocio a tener su propia agencia floreciente.

Pero él podía adivinar fácilmente que la razón por la cual ella había sido capaz de ascender tan deprisa era porque reunía a la gente con las propiedades que eran adecuadas para ellos, sin tener en cuenta lo que valían o lo pequeño que acabase siendo su porcentaje.

—Tener un hogar es importante. Era algo que él acababa de aprender.

Y aun así, mientras ella se acababa quedando dormida, aunque estuviesen en ese autobús en vez de en su nueva casa, solo abrazarla le hizo sentir como si por fin estuviese en casa.