Capítulo 9 #2
—Por suerte —dijo Mia—, fue lo bastante listo para entender que tú eras lo mejor que le había pasado jamás.
Megan levantó su copa para brindar.
—Por que nuestros hombres aprecien lo que valemos.
Mientras Mia movía ligeramente a Jackie hacia su brazo izquierdo para poder levantar su copa y chocarla con la de las demás, advirtió que cada una de las mujeres con las que estaba sentada lucía idéntica sonrisa de felicidad.
Con la intención de sofocar el estúpido sentimiento de celos porque todas ellas hubiesen encontrado el amor cuando ella estaba tan lejos de hacerlo como era posible, Mia tomó un largo trago de su copa.
—Nunca había visto así a Marcus, Nicola —dijo Sophie—. Siempre ha sido tan tranquilo y sereno… Y hoy estaba prácticamente rebotando por las paredes. ¡Está tan emocionado por poder casarse contigo por fin!
La piel de Nicola no había perdido del todo el rubor por su último encuentro secreto con Marcus y ahora que estaban hablando de él, el bonito color rosado inundó todavía más sus mejillas.
—Yo también estoy locamente emocionada. A veces…
—Se detuvo y meneó la cabeza como si no supiese realmente cómo poner en palabras todo lo que sentía—.
A veces me pregunto cómo he podido tener tanta suerte.
Quiero decir, si no lo hubiese conocido aquella noche en el club, y luego si Lori no hubiese estado coreografiando mi vídeo y no le hubiese invitado a ver los ensayos del día siguiente, me habría perdido lo mejor que me ha pasado en la vida.
—Si no hubiese sido aquella noche en el club, tú y Marcus os habríais conocido en otro sitio, de otra manera —dijo Valentina suavemente, lo que sorprendió a Mia, porque habría jurado que Valentina era más bien práctica que soñadora—.
Smith y yo siempre hablamos de cómo los dos nos fuimos rondando durante años en el negocio de las pelis y la televisión sin llegar a conocernos hasta que a mi hermana le ofrecieron el papel en Gravedad.
Pero pienso que el motivo por el cual no nos conocimos hasta el año pasado es porque todavía no era el momento correcto, y ninguno de los dos hubiese estado preparado para el otro hasta entonces.
—O podríais haber seguido mi ejemplo y haberos lanzado desnudas sobre el tío al que llevabais esperando toda la vida, y acabar preñadas de gemelos —dijo Sophie con una sonrisa.
Las risas del grupo fueron acompañadas por más vino y cosas de picar servidas en bandejas. Cuando cada una acabó de forma natural entablando conversación con la persona que tenía al lado, Nicola volvió sus bonitos ojos hacia Mia.
—Es genial verte, de verdad. Ojalá Marcus y yo hubiésemos tenido más tiempo después de la última actuación en Seattle para pasar un rato contigo.
—¡Y menudo concierto! —dijo Mia—. Estuviste asombrosa. Y tienes que saber lo mono que estuvo Marcus entre el público conmigo. ¡Está tan orgulloso de ti!
—El pobrecito ya ha escuchado esas canciones mil veces, por lo menos.
—Y firmaría encantado por hacerlo otras mil —dijo Mia con absoluta certeza—. Pero ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro —dijo la otra mujer—. Lo que quieras. Especialmente si primero me pasas al bebé.
—No, todavía no he terminado con mi ración de mimitos. Además, Valentina se ha pedido el siguiente turno de cogerla.
—¡Pero yo soy la que va a casarse! —protestó Nicola—. Eso debería ponerme a la cabeza de la cola de los mimitos.
—Buen intento —dijo Mia, abrazando más a Jackie—, pero todavía tendrás que esperar tu turno para disfrutar del amor de bebé.
Nada en el mundo puede hacer sentir mejor a alguien que un suave y calentito pequeño humano en su regazo respirando suavemente mientras duerme.
A diferencia de sus amigas, a Mia le había encantado hacer de niñera de otros peques en su adolescencia.
Era cierto que a veces suponía un follón, pero maldita sea, eran tan monos.
Los niños eran otra cosa sobre la que Ford y ella no habían hablado durante la semana que pasaron juntos.
Sí, se había enamorado de él, pero estaba claro que no había habido ninguna base real para ello.
No como ayer, cuando habló de niños correteando por la casa que ella le estaba enseñando.
Maldita sea, ¿por qué estaba pensando otra vez en él?
—Entonces, ¿qué quieres saber? —Preguntó Nicola, devolviendo a Mia a la pregunta que quería hacerle.
—¿Cómo hacéis Marcus y tu para que las cosas funcionen tan bien? No solo eso —añadió antes de que Nicola pudiera responderle—, lo hacéis parecer tan fácil… Y sé que no es posible, con tus calendarios de gira y grabación tan apretados y lo exigente de llevar los viñedos.
—No —asintió Nicola con una sonrisita—, decididamente, no es fácil.
Y no sé cuánto sabes tú sobre nuestra relación, pero al principio todo fue un lío.
Un lío absoluto, en realidad. Estaba tan empeñada en que él no podría soportar el circo que era mi vida que literalmente, le eché de ella, aun cuando era lo último que yo quería porque ya estaba enamorada de él hasta las trancas.
Pero ya conoces a Marcus. —La cara de Nicola se suavizó todavía más con una expresión de puro amor—.
Cuando él decidió que estaba seguro de poder soportar todo ese circo, de repente empezó a presentarse en todos mis conciertos, por todo el país ¿Cómo iba yo a resistirme a un empeño y una determinación tan grandes?
Especialmente cuando demostró lo mucho que estaba dispuesto a cambiar su vida por mí.
No voy a mentirte y decirte que organizar que nuestras dos agendas funcionen juntas sea siempre un camino de rosas, pero puedo tragarme alguna espina de vez en cuando por estar con él, de calle.
—Tras eso, se metió un grano de uva en la boca y luego le preguntó a Mia—.
¿Tiene esa pregunta algo que ver con ese hombre problemático tuyo que, voy a suponer, está también súper bueno?
—No es problemático. Es un tema cerrado —dijo Mia con un gesto descuidado de su mano libre.
—Pero sintiéndola obviamente tensa por su flagrante mentira, Jackie hizo una mueca en su sueño y se removió en los brazos de Mia—.
Perdona, pequeñina —le dijo antes de volver a mirar a Nicola—.
Pero he conocido a un tío muy mono en el vuelo de camino aquí.
Nicola levantó una ceja, claramente sin querer picar y despistarse con la distracción que Mia intentaba presentarle.
—Aunque me cueste todo el fin de semana, pienso conseguir que me cuentes todos los detalles sobre ese tío bueno secreto tuyo.
Aunque, hablando de tíos buenos, acabo de recibir grandes noticias sobre un invitado que me dijo que podrá venir mañana a la boda, después de todo.
Te daré una pista: es uno de los cantantes de rock más increíbles del planeta.
Aunque Mia intentó ser racional y pensar lo poco probable que su nombre saliera de la boca de Nicola, no pudo evitar que una potente sensación de agobio la invadiese.
Sintió la boca seca y tuvo que hacer acopio de hasta el último gramo de autocontrol para evitar removerse y no despertar al bebé que tenía en brazos.
—¡Ford Vincent! —Nicola estaba tan emocionada que no notó como todo el color abandonaba el rostro de Mia—. Soy tan fan suya que siempre me pongo un poco tonta cada vez que le oigo cantar, y es un tipo estupendo también.
Ford ponía tontas a otras grandes estrellas como Nicola. Pero Mia estaba lejos de sentirse así.
Más bien con el estómago revuelto.
Por supuesto que Ford y Nicola se conocían. Estaban en el mismo negocio, por amor de Dios. Ahora que se paraba a pensarlo, ¿no habían actuado los dos juntos en varios conciertos antes de que Nicola y Marcus empezasen a salir?
—¿Ford va a venir aquí? —A Mia su propia voz le sonaba como a lo lejos—. ¿A las bodegas? ¿A tu boda?
Sus labios seguían desgranando una pregunta tonta tras otra, pero ella no era capaz de detener ninguna.
Ahora sentía que apenas era capaz de mantener la compostura.
De no ser por el bebé que tenía en brazos, podría haberse levantado de un salto del sofá, y haber salido corriendo por los viñedos igual que la pequeña Emma.
Nicola estaba lanzándole a Mia una mirada extraña cuando los oídos de Sophie por fin oyeron el nombre de Ford.
—Un momento —dijo, haciéndose eco de las preguntas de Mia y aumentando el volumen para que todas pudiesen oírla—. ¿Nos estás diciendo que Ford Vincent va a venir aquí, a tu boda? ¿Cómo es que yo no lo sabía?