Los nueve dragones EPÍLOGO. LLUVIA SOBRE JIULONGSHAN
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EPÍLOGO. LLUVIA SOBRE JIULONGSHAN

Un año después, la lluvia volvió a cubrir las montañas de Zhejiang.

En una sala restaurada del Dragón de Metal se había instalado una exposición provisional sobre la historia del complejo.

No glorificaba a los promotores. Tampoco convertía las víctimas en decoración.

Una pared recogía fechas, nombres y documentos.

Otra explicaba el significado cultural de los dragones chinos, las cinco fases y los antiguos Reyes Dragón de los mares, dejando claro que aquellos símbolos habían sido reinterpretados libremente por los diseñadores del parque.

Lin caminó entre los primeros visitantes con una acreditación colgada del cuello.

Había discutido durante meses cada decisión del proyecto.

Se negó a reconstruir falsos dorados donde no quedaban pruebas del acabado original.

Se negó también a ocultar las cámaras clandestinas.

Una de ellas se mostraba detrás de un cristal, vacía, con la silla en la que apareció Xu retirada por respeto.

Shen llegó tarde siete minutos.

—Siete —dijo Lin.

—El tren.

—Tiene fotografía del panel de retrasos, supongo.

Shen levantó el móvil.

—He aprendido.

Su hija venía con él. Traía una cámara y la intención declarada de hacer un trabajo escolar sobre “cómo los adultos convierten todo en problemas innecesarios”. Lin dijo que era un excelente título.

En el exterior, frente a la boca del dragón, había una placa sencilla con una frase elegida por Tang:

LA MEMORIA NO DEVUELVE A LOS MUERTOS. IMPIDE QUE LOS BORREN.

Tang no acudió a la inauguración. Jian tampoco podía hacerlo. Había enviado una carta que Lin llevaba en el bolso y que leería esa noche.

Luo estaba allí, tomando notas pese a haber prometido que aquella vez asistiría solo como visitante.

La exposición cerró al atardecer. Los tres caminaron hasta el mirador. La lluvia había disminuido. A lo lejos se distinguían varios dragones entre la niebla.

La hija de Shen preguntó cuál era el más peligroso.

Lin pensó antes de responder.

—Ninguno.

—¿Ninguno?

—Los símbolos solo hacen lo que hacemos con ellos.

La joven pareció decepcionada.

—Eso es menos interesante.

Shen la miró.

—Es bastante más útil.

Bajaron por el sendero cuando empezaba a oscurecer.

Detrás quedaron las nueve criaturas de cemento, abiertas por fin a la luz, sin tesoros, sin maldiciones y sin dioses ocultos en sus entrañas.

Solo con habitaciones.

Solo con memoria.

Solo con la verdad humana, que había resultado mucho más difícil de soportar que cualquier monstruo.

FIN