Capítulo 62
Me estiré en la cama, esperando que Sandro ocupara el espacio a mi lado, pero sentí un nudo en el pecho al darme cuenta de que estaba vacío.
Después de que me pidiera matrimonio, imaginé que pasaríamos más tiempo juntos, pero, en cambio, despertarme y no encontrarlo allí me inquietó aún más.
Podría haber un sinfín de razones para que no estuviera allí, pero deseaba que lo estuviera.
Podría parecer una locura después de todo lo que había pasado, sobre todo por ser culpa suya, pero me sentía mucho más segura a su lado y me gustaría que siguiéramos así.
Oí que llamaban a la puerta.
—Pase...
—Buenos días, señora. —Dolores, una mujer de poco más de cuarenta años, entró en la habitación y me miró; por suerte, me había puesto un camisón.
Era una niñera que la madre de Sandro había encontrado para ayudarnos con los gemelos y que nos había visitado en el hospital durante los dos últimos y terribles meses, familiarizándose con mis hijos.
—Tienen hambre —me avisó.
—Voy ya. —Me impulsé para levantarme y ella me tendió la mano. —¡Gracias!
Ya había pasado un tiempo, pero sentía que aún no me había recuperado del todo del embarazo y, sobre todo, de la cesárea.
Dolores me acompañó hasta la habitación de los gemelos y los puso en mi regazo para que pudiera amamantarlos después de acomodarme en un sillón.
Estaba muy feliz de tenerlos en mis brazos. Ver que habían sobrevivido y que tenían la oportunidad de crecer fuertes y sanos; sin embargo, seguía muerta de miedo de que pudiera pasar algo terrible y eso me angustiaba mucho.
Me mordí el labio inferior al sentir algo de dolor mientras mamaban y Dolores se dio cuenta, colocándolos mejor en mi pecho y aliviando la molestia.
La mujer, además de haber criado a sus propios hijos, parecía tener mucha experiencia como niñera y yo estaba agradecida de tener a alguien así para ayudarme.
—Criar gemelos no es nada fácil —comentó.
—¡Ya! —Esbocé una sonrisa forzada mientras los miraba.
—Menos mal que la familia Velásquez tiene muchos recursos.
—Ojalá fueran solo recursos... —balbuceé.
Dolores podría haber sabido a qué me refería, pero optó por no decir nada.
—¿Has visto a Sandro? —cambié de tema.
—Creo que se ha ido.
—Ah...
No estaba segura, pero una parte de mí sabía que estaba tras el responsable del accidente y eso me angustiaba aún más. Tenía mucho miedo de que pasara algo aún peor, por mucho que intentara alejar esa idea.