El silencio que duele
Pasaron días sin una ruptura oficial. Eso lo hizo peor.
Adrián escribía mensajes y los borraba. Valeria miraba el teléfono y no respondía a conversaciones que nunca llegaban.
En el trabajo se saludaban como desconocidos.
-Buenos días.
-Buenos días.
Tres años sin coincidir. Ahora sabían exactamente dónde encontrarse y fingían no conocerse.
Daniel empezó a escuchar a Valeria. Lucía hizo lo mismo con Adrián.
No hubo infidelidad. Hubo refugio.
Una tarde Daniel encontró a Valeria dentro de su automóvil.
-Tengo miedo de perderlo por una historia que empezó antes de que nosotros existiéramos.
-Quizá el problema no sea la historia -respondió él-. Quizá sea lo que están haciendo con ella.
Mientras tanto, Lucía le dijo a Adrián:
-Le dijiste qué debía hacer porque tú tenías miedo. Eso explica. No justifica.
Adrián entendió demasiado tarde.
Ese mismo día entró en un ascensor.
Dentro estaba el hombre de la fotografía.
Traje gris. Cabello blanco.
-¿Víctor Moral?
El hombre sonrió.
-Hace mucho que nadie me llama así.
Adrián lo siguió al pasillo.
-¿Mataste a Tomás?
Víctor se detuvo.
-Te pareces muchísimo a Rafael.
Y se marchó.
Adrián sacó el teléfono.
Buscó a Valeria.
No llamó.
Llamó a Lucía.
Ese pequeño gesto cambiaría muchas cosas.