Sangre no significa inocencia
Rafael no negó haber estado debajo del vehículo.
-No estaba dañándolo.
-¿Entonces qué hacías?
-Arreglando lo que alguien había hecho.
-¿Quién?
Rafael apartó la mirada.
-Si te digo el nombre, vas a buscarlo.
-Sí.
-Por eso no te lo diré.
Adrián golpeó la mesa.
-Toda mi vida decidiste qué podía saber.
Rafael se puso de pie.
-Y sigues vivo.
-¿Ese es tu argumento?
-No. Es mi culpa.
Adrián se marchó.
Al contárselo a Valeria, ella vio el patrón.
-Tu padre te oculta la verdad para protegerte.
-No empieces.
-Y tú haces lo mismo conmigo.
-No soy él.
Valeria lo miró con tristeza.
-Entonces deja de parecerte.
Aquella noche durmieron separados por primera vez desde que empezaron a compartir casa.
El cepillo azul permaneció junto al de Adrián.
Dos objetos juntos.
Dos personas cada vez más lejos.