La respuesta equivocada
Adrián quiso creer que aquello cerraba una puerta.
Valeria no.
-Una persona muerta no puede seguir a Esteban.
-Alguien lo sigue.
-Moral no.
Ella hizo su cara de detective.
Adrián sonrió y la besó.
Más tarde, acostados, hablaron de vivir juntos. Valeria imaginó domingos aburridos: desayuno, libros, discusiones por la temperatura del apartamento.
-Me gustan nuestros domingos aburridos -dijo Adrián.
A la mañana siguiente recibieron una fotografía.
Víctor Moral.
Tomada tres semanas antes.
Dentro del mismo edificio donde trabajaban.
El hombre muerto estaba vivo.
Y había estado cerca de ellos.