Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 52
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Capítulo 52

CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS

Consultó su reloj: las cinco y cincuenta. Marcó un número.

—Depósito de Poole, ¿en qué puedo ayudarle?

—Soy la inspectora Clarke, de la policía de Dorset. ¿Se encuentra el doctor Bamford?

—Lo siento. Ya se ha marchado por hoy.

«Maldita sea».

—¿Sabe si ya le ha practicado la autopsia a Amanda Frobisher?

—Espere un momento.

Lesley se apresuró hacia su coche. Se metió en el asiento del conductor y giró la llave, lista para arrancar en cuanto supiera si valía la pena.

—¿Oiga? Perdone la espera.

—No se preocupe. ¿Ha realizado la autopsia?

—Todavía no. Está programada para mañana por la mañana.

—De acuerdo. —Entonces no hacía falta ir—. ¿Puede decirle que asistirá un miembro de mi equipo ?

—Se lo diré. ¿Algo más en lo que pueda ayudarla?

—No, gracias.

Colgó.

«¿Y ahora adónde?».

De vuelta a la oficina. Quería hacer balance del día con el equipo, comprobar los avances. Estaban repartidos por todo el condado: Mike y Meera en Sandbanks buscando grabaciones de cámaras de seguridad; Stanley, en el laboratorio de Dorchester; Dennis, en Swanage.

Dennis. Había sonado distante por teléfono antes, como si acabara de despertarse. Esperaba que estuviera bien.

Quizá debería dejar que se fuera a casa por la tarde, después de hablar con Kyle Kelvin, suponiendo que alguna vez dieran con él.

Tampoco es que fueran a detener a nadie hoy.

Al menos hasta que tuvieran el informe de la autopsia y los resultados de las pruebas de la sangre y la piel que Gavin había encontrado.

Arrancó el motor y puso rumbo a Bournemouth.

Sería agradable pasar un rato con Elsa, a solas las dos.

Sharon había salido a pasar la tarde con unos amigos del instituto y, por lo que Lesley sabía, no quedaba ningún preparativo de la boda por hacer.

Quizá podrían salir a cenar tranquilamente. Su última cena como solteras.

Sonrió mientras rodeaba el cabo cerca del ferry. No había ni rastro de Mike ni de Meera. ¿Debería detenerse y hablar con ellos?

Eran agentes experimentados.

Pero aun así...

No quería abandonar a su equipo cuando estaba a escasos metros de ellos.

Entró en el aparcamiento frente al Hotel Haven y buscó el coche de Mike. Nada. Quizá había aparcado en una de las calles donde estaba buscando cámaras.

Marcó su número .

—Jefa.

—Mike, ¿cómo va eso?

—Bien. No he conseguido encontrar a nadie que esté en casa y tenga cámaras que funcionen. Pero Meera ha tenido una idea brillante.

—¿Qué idea?

—Las cámaras del ferry cubren la carretera. Si Kelvin pasó por aquí cuando estaba atracado, lo habrán captado.

—No es una idea tan brillante —dijo Lesley—. Está en el agua o al otro lado la mayor parte del tiempo.

—Supongo. En cualquier caso, resulta que sí era una buena idea.

—Continúa.

—Arthur Kelvin cruzó en el ferry el sábado por la tarde, alrededor de las siete.

—¿Seguro que era él?

—He comprobado la matrícula de su coche. Subió al ferry a las 19:12. Tenía la ventanilla bajada, así que hay una imagen perfecta de su cara.

—Debía de hacer frío.

—Parece que estaba fumando, jefa.

—Genial. —Lesley golpeó el volante—. Ahora solo tenemos que averiguar adónde fue después de eso.

—No hay muchas cámaras en Purbeck, jefa. Pero podemos hablar con los que gestionan las cámaras de Swanage y Wareham, a ver si lo vieron.

—Hazlo, por favor.

—Meera ya lo ha intentado. No pueden acceder a los archivos hasta mañana por la mañana.

«Claro que no».

—De acuerdo. ¿Dónde estáis ahora mismo?

—En mi coche, a punto de volver a la oficina.

—Idos a casa ya —le dijo—. Ve a ver al bebé ese tan mono que tienes.

—Primero tendré que dejar a Meera en casa.

—De acuerdo. Te veo mañana por la mañana, Mike.

—Gracias, jefa.

Lesley suspiró al colgar. Tenían la sangre y los fragmentos de piel. Kelvin cruzando hacia Purbeck el sábado a las siete, lo que significaba que seguía vivo entonces. Y luego estaban las huellas de los neumáticos y el cucurucho de patatas fritas.

Estaba a punto de llamar a Stanley cuando divisó una figura familiar sentada en un banco frente a ella, contemplando el ferry.

Dejó el teléfono y salió del coche.

—¿Elsa? ¿Qué haces aquí?