LOS CASOS DE OSVALD TRUMAN Capítulo 39 — La verdad sobre Clara
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Capítulo 39 — La verdad sobre Clara

Samuel no corrió.

Eso fue lo primero que me sorprendió.

Se quedó de pie frente al lago, mirando el agua oscura como si supiera que no tenía adónde ir.

—Usted no entiende esta casa, detective —repitió.

—Explíquelo.

Samuel respiró hondo.

—Cuando llegué aquí, el viejo barón todavía vivía.

—Lo sé.

—Él mandó construir esos pasajes.

—También lo sé.

El hombre negó con la cabeza.

—No. Usted no entiende para qué.

Di un paso más cerca.

—Para vigilar al personal.

Samuel soltó una risa breve.

—Eso decía él.

—¿Y la verdad?

El chofer miró hacia la mansión.

La casa se alzaba silenciosa entre los árboles.

—La verdad es que en esta casa nadie veía lo que ocurría.

—Excepto usted.

Samuel tardó en responder.

—La primera fue Anna Keller.

El viento movió ligeramente la superficie del lago.

—Era una muchacha joven —continuó—. Descubrió los pasajes.

—¿Cómo?

—Escuchó pasos por la noche.

Eso coincidía con todo lo que había escuchado.

—Intentó contárselo al viejo barón —dijo Samuel—. Pero el barón pensó que ella estaba robando.

—¿Y entonces?

Samuel miró el agua.

—Me ordenó sacarla de la casa.

—¿Y usted obedeció?

—Era mi patrón.

Hubo un silencio largo.

—¿La mató?

Samuel no respondió directamente.

—Nadie volvió a preguntar por ella.

Eso era respuesta suficiente.

—¿Y Clara?

Samuel cerró los ojos un momento.

—Clara encontró el pasaje del segundo piso.

—¿El del retrato?

Asintió.

—Pensó que alguien la estaba vigilando.

—Porque era cierto.

Samuel miró hacia el túnel.

—Esa noche me vio.

—¿En el pasaje?

—Sí.

El lago permanecía inmóvil detrás de él.

—Sabía que iba a contarlo.

—Así que la llevó al túnel.

Samuel no respondió.

—Y la trajo hasta aquí.

El hombre volvió a mirar el agua.

—Las casas grandes tienen lugares donde las cosas desaparecen.

El silencio se volvió pesado.

—Se acabó, Samuel —dije.

El hombre asintió lentamente.

Por primera vez desde que lo había encontrado en el lago, parecía cansado.

—Sí, detective.

Sabía que ya no podía escapar.

Ahora solo quedaba una cosa por hacer.

Terminar la historia de la mansión.