CAPÍTULO 69
C uando Renata salió del trastero, volvió directamente al hotel, recogió su bolsa y dejó la habitación. Después devolvió el coche a la empresa de alquiler y tomó un taxi hasta la estación de tren más cercana, la North Station.
Tenía que actuar rápido.
Aunque probablemente pasarían varios días, quizás incluso más, antes de que descubrieran los dos cuerpos, estaba segura de que pronto denunciarían la desaparición de ambos hombres.
Ya había eliminado a cinco de los ocho que la habían agredido, y los otros tres —o quien fuera el cabecilla— podrían averiguar quién estaba detrás de toda aquella carnicería y salir a buscarla.
Una vez en el vestíbulo de la North Station, entró con su bolsa en un aseo adaptado, se quitó la peluca gris y todo el maquillaje.
Salió convertida en Melissa Davis, con el disfraz completo que había usado en California.
Fue un alivio enorme volver a tener la cara limpia: el maquillaje teatral había empezado a irritarle la piel y le habían salido algunos granitos.