Los asesinatos dominó (Los 4 episodios) CAPÍTULO 2
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CAPÍTULO 2

R enata Richardson tenía fama de mojigata.

A sus veintidós años, aquella belleza de ojos verdes habría podido aparecer en la portada de cualquier revista de moda de primer nivel.

Alta, con unas piernas interminables y una figura envidiable, era rubia natural y lucía una tez ligeramente pecosa.

Su cara de modelo era «tan fresca como un mint julep», como solía decir su abuela.

Renata no fumaba, no bebía ni se drogaba. Y —horror de los horrores— todavía era virgen.

Todo esto resultaba particularmente irónico, ya que aquel verano trabajaba de camarera en un chiringuito de una isla cuyo lema era ser refugio de todo tipo de hedonismo habido y por haber.

—¿Otra Margarita, por favor, cariño? —pidió una voz desde lejos, algo pastosa. La turista británica regordeta era una de las pocas clientas que aún seguían en las tumbonas junto a la orilla, espantando mosquitos.

Renata la saludó con la mano y se encaminó hacia el bar, hundiendo los pies descalzos en la arena suave, que aún conservaba, increíblemente, el calor del sol. Al menos tenía las piernas en plena forma.

Ni siquiera alzó la vista hacia el pequeño jet que cruzaba el cielo en su descenso hacia el aeropuerto.