Capítulo 17 — MADRID #2
—El EHDS —dijo el director general de la Unidad de Coordinación de Datos de Salud, con la voz que se le asentaba en la garganta, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente—.
El buque insignia de la digitalización sanitaria europea.
El Reglamento UE 2025/327. MyHealth@EU. HealthData@EU.
El canal por el que los historiales clínicos viajan entre países, por el que los datos se comparten, por el que la investigación europea se apoya.
—Miró a Jules—. Y usted, agente Harlow, me dice que este canal, el buque insignia, ha sido usado para robar datos.
Para exfiltrarlos. Para enterrarlos en una bodega.
—No lo digo yo —dijo Jules, con la voz que se le asentaba en la garganta—.
Lo dice la prueba. Lo dice el informe de Cyberzaintza.
Lo dice la conexión que una inspectora de la Ertzaintza estableció con los servidores de la bodega, con los discos que se procesaban, con la exfiltración que «respiraba».
—Miró al director general—. El EHDS, señor, no se usó para lo que se creó.
Se usó para robar. Para mover datos por el canal europeo, por el canal que nadie vigila, por el canal que se creó para la confianza.
—Hizo una pausa—. Y cuando un buque insignia se usa para robar, señor, deja de ser un problema local. Se convierte en un incidente europeo.
El director general se quedó un momento en silencio, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente, con la certeza de que el caso, el que tenía delante, no era un caso policial.
Era un caso europeo.
Era una brecha en el EHDS.
Era un incidente de la escala continental.
Era el que iba a activar los protocolos, el que iba a mover a Bruselas, el que iba a hacer que la DG SANTE, la de Salud y Seguridad Alimentaria, se sentara a la mesa, el que iba a abrir la vía europea del caso.
—Señor —dijo Jules, con la voz que se le asentaba en la garganta, con la ventana que daba a la torre de enfrente—.
La vía EHDS, la europea, es la que va a hacer que el caso no se pueda enterrar.
Porque la organización, señor, la que roba, la que entierra, la que borra, puede contener una noticia local.
Puede callar a un juzgado. Puede presionar a un municipio.
—Miró al director general—. Pero no puede contener una brecha en el EHDS.
No puede callar a Bruselas. No puede presionar a la DG SANTE.
—Hizo una pausa—. La escala continental del botín, señor, es la que va a hacer que la organización se caiga.
Y yo, señor, necesito que el Ministerio, que Bruselas, que la UE, activen el protocolo.
Que abran la vía. Que hagan que el caso, el del robo de los datos, se investigue a escala europea.
—Miró al director general—. Porque la organización, señor, robo los datos para enterrarlos. Y los datos, señor, son de toda Europa.
El director general asintió, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente, con la certeza de que el caso, el del EHDS, el de la brecha, el de la escala continental, acababa de cambiar de dimensión.
—Se activará el protocolo —dijo, con la voz que se le asentaba en la garganta—.
Se notificará a Bruselas. Se abrirá la vía EHDS.
HealthData@EU revisará el canal. —Miró a Jules—.
Y la organización, agente Harlow, la que robó los datos para enterrarlos, va a saber que ya no puede enterrarlos.
Porque los datos, agente, ya no son de un país.
Son de toda Europa. Y Europa, agente, no entierra.
—¿Y cuánto tardan los protocolos, señor?
—preguntó Jules, con la voz que se le asentaba en la garganta, con la ventana que daba a la torre de enfrente y la certeza de que el tiempo, el del caso, el de la organización, se estaba acabando—.
¿Cuánto tardan Bruselas, la DG SANTE, HealthData@EU en activar la vía?
Porque la organización, señor, no va a esperar.
La organización, señor, está moviendo las cuentas.
Está vaciando el dinero. Está enterrando la cadena.
—Miró al director general—. Y cuando los protocolos se activen, señor, la organización puede haber desaparecido.
Puede haber enterrado la prueba. Puede haber enterrado la red.
El director general se quedó un momento en silencio, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente, con la pregunta de Jules girándole en la cabeza.
—Los protocolos, agente —dijo, con la voz que se le asentaba en la garganta—, se activan por la vía ordinaria.
La vía ordinaria, agente, tarda semanas.
—Miró a Jules—. Pero hay otra vía. La vía del incidente crítico.
La del riesgo sistémico. La del buque insignia comprometido.
—Hizo una pausa—. Esa vía, agente, no tarda semanas.
Esa vía, agente, tarda horas. Y esa vía, agente, se activa cuando la brecha pone en riesgo el sistema entero.
Cuando los datos robados, los de los ciudadanos europeos, los de los historiales clínicos, los del EHDS, están en manos de una organización que los roba para enterrarlos.
—Miró a Jules—. Esa vía, agente, se activa hoy.
Se notifica a Bruselas esta noche. Se abre el canal de incidente crítico.
—Hizo una pausa—. Y la organización, agente, la que robó los datos para enterrarlos, no va a tener semanas.
Va a tener horas. —Miró a Jules—. Las que tarda una notificación de incidente crítico en llegar a Bruselas.
Y las que tarda Europa, agente, en responder.
Jules se quedó un momento en silencio, con la ventana que daba a la torre de enfrente y las palabras del director general girándole en la cabeza.
La vía del incidente crítico.
La del riesgo sistémico.
La del buque insignia comprometido.
La que tarda horas.
La que se notificaba a Bruselas esa noche.
La que iba a darle al caso, al de Irati, al de la organización, el tiempo que necesitaba.
—Señor —dijo Jules, con la voz que se le asentaba en la garganta—.
Active la vía del incidente crítico. Notifique a Bruselas esta noche.
Abra el canal. —Miró al director general—.
Y cuando la organización, señor, la que robó los datos para enterrarlos, se mueva, cuando vacíe las cuentas, cuando intente enterrar la cadena, Europa va a estar encima.
Va a estar vigilando el canal. Va a estar siguiendo los datos.
—Hizo una pausa—. Y la organización, señor, la que creía que los datos enterrados eran datos muertos, va a descubrir que los datos robados, los del EHDS, los de los ciudadanos europeos, se pueden seguir.
Se pueden rastrear. Se pueden recuperar.
—Miró al director general—. Porque los datos, señor, no se entierran.
Se siguen. Y Europa, señor, va a seguirlos hasta el final.
El director general asintió, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente, con la certeza de que el caso, el del incidente crítico, el del buque insignia comprometido, acababa de activarse.
—Se notificará esta noche —dijo, con la voz que se le asentaba en la garganta—.
Se abrirá el canal de incidente crítico.
Bruselas lo sabrá antes de que amanezca.
—Miró a Jules—. Y la organización, agente Harlow, la que robó los datos para enterrarlos, va a descubrir que Europa, la que creía lejos, la que creía lenta, la que creía burocrática, es rápida cuando el buque insignia se compromete.
—Hizo una pausa—. Europa, agente, responde. Y Europa, agente, no entierra.
Jules se quedó un momento en silencio, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente, con la certeza de que la vía europea, la del incidente crítico, la del buque insignia comprometido, era la que iba a sostener el caso.
La que iba a hacer que la organización no pudiera enterrar la cadena.
La que iba a seguir los datos hasta el final.
La que iba a llegar a Lisboa.
—Y Lisboa, señor —dijo, con la voz que se le asentaba en la garganta—.
Los datos robados, los del EHDS, los que «respiraban» hacia el Este, hacia la bodega, se exfiltraban hacia un centro de mando.
Un centro de mando, señor, que está fuera de este país.
Que está en Lisboa. —Miró al director general—.
Y cuando Bruselas, señor, siga los datos hasta el final, los va a seguir hasta Lisboa.
Hasta el centro de mando. Hasta la empresa que los procesa.
Hasta la cuenta que los entierra. —Hizo una pausa—.
La vía EHDS, señor, no termina en la bodega.
Termina en Lisboa. Y Lisboa, señor, es el centro de mando de la organización.
El director general se quedó un momento en silencio, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente, con las palabras de Jules girándole en la cabeza.
—Lisboa —dijo, con la voz que se le asentaba en la garganta—.
El centro de mando. —Miró a Jules—. Entonces la vía EHDS, agente, no es solo la del canal.
Es la del centro de mando. Es la de la organización.
Es la de la cuenta entera. —Hizo una pausa—.
Y cuando Bruselas siga los datos hasta Lisboa, cuando el incidente crítico llegue al centro de mando, la organización, la que robó los datos para enterrarlos, va a descubrir que los datos no se entierran.
Se siguen. Y que Europa, agente, sigue hasta el final.
—Miró a Jules—. Hasta Lisboa. Hasta la cuenta. Hasta la verdad.
Jules asintió, con el informe sobre la mesa y la ventana que daba a la torre de enfrente, con la certeza de que la vía europea, la del incidente crítico, acababa de cerrar el círculo.
Bruselas.
Los datos.
Lisboa.
El centro de mando.
La organización.
La cuenta entera.
Y la marea, la de la verdad, la de la que no se entierra, la que sube, la que no se detiene, la que llegaba a Lisboa, acababa de recibir el respaldo de Europa.