CAPÍTULO 38Dos días #3
Era muy fácil mirar ese esfuerzo presente y permitir que modificara el peso del pasado.
Entonces le dije que había algo que ya no podía prometerle.
Daniel supo qué era antes de que terminara.
No sabía si podía guardar aquello. No sabía si moralmente tenía derecho a escuchar que alguien había provocado una muerte, manipulado evidencia y mentido durante una investigación y después decidir que la información podía morir conmigo solo porque lo quería.
Daniel se quedó quieto.
La reacción fue tan inmediata que vi cómo su cuerpo se tensaba antes de que respondiera.
—¿Estás diciendo que vas a ir a la policía?
Le dije que estaba diciendo que tenía que considerar la posibilidad.
Por primera vez desde que llegó a Wisconsin, la expresión de Daniel cambió de una manera que me hizo sentir una alerta física.
Se puso de pie demasiado rápido y su rodilla golpeó la mesa. Una de las tazas se volcó y cayó al suelo. El sonido fue pequeño, pero yo me sobresalté. Daniel lo vio. El cambio en su cara fue instantáneo. Dio un paso hacia atrás.
No hacia mí. Levantó las manos ligeramente, como si quisiera demostrar una distancia que no le había pedido todavía, y durante unos segundos no dijo nada.
Yo tampoco. El miedo que había sentido no provenía de una amenaza real; Daniel no había intentado acercarse ni había hecho nada contra mí.
Pero ambos comprendimos exactamente por qué yo había reaccionado así.
Lily.
Daniel cerró los ojos y respiró despacio.
Cuando volvió a sentarse eligió el sillón más alejado.
Dijo que lo entendía. No estaba seguro de que fuera verdad.
Le expliqué que no estaba intentando castigarlo.
No sabía qué haría. Quizá hablaría primero con un abogado.
Quizá lo que Daniel había contado ya no pudiera perseguirse después de tantos años.
No tenía idea. Lo único que sabía era que no podía prometer silencio antes de entender qué significaba cargar con aquella información.
Daniel escuchó sin interrumpirme. Después dijo algo que se quedó conmigo.
Si yo hablaba, probablemente perdería todo lo que había construido después de Lily. No lo dijo como amenaza. Lo dijo como un hecho. Podía perder el trabajo. Personas que lo conocían únicamente como Daniel empezarían a conocer a Matthias.
Su familia tendría que escuchar una versión de aquella noche que él había mantenido fuera durante años.
La investigación podía reabrirse o quizá no, pero incluso sin un proceso penal su vida cambiaría.
—Lo sé —dije.
Daniel me miró durante mucho tiempo.
—No. Todavía no.
No había agresividad en la frase.
Solo tristeza.
No entendí completamente qué quería decir y no le pedí que lo explicara.
Poco después dijo que necesitaba volver al hotel.
Esta vez fui yo quien no intentó detenerlo.
Lo acompañé hasta la puerta y durante un instante ambos permanecimos ahí, demasiado cerca para despedirnos como desconocidos y demasiado lejos para repetir el abrazo del día anterior. Daniel se fue.
No desapareció. Me escribió veinte minutos después para decir que había llegado. Ese detalle me afectó más de lo que debería. Esperé hasta la noche antes de abrir Veyra. La carpeta seguía sobre la mesa porque Daniel había decidido dejarme la copia del mensaje de Lily.
No le conté a Veyra los detalles completos.
Le dije únicamente que había descubierto evidencia de que la muerte no había sido el primer episodio en el que Daniel había perdido el control y que ahora estaba considerando entregar información a las autoridades. No pregunté si la predicción había cambiado.
Ya sabía la respuesta que esperaba y estaba cansada de formular variaciones de la misma pregunta.
Pregunté algo diferente.
—Si digo la verdad sobre alguien y esa verdad destruye su vida, ¿soy responsable de lo que ocurra después?
Veyra tardó más de lo habitual.
Puedes ser parte de la cadena causal sin ser moralmente responsable de todas sus consecuencias.
Me quedé mirando la respuesta.
—Entonces podría causar algo sin quererlo.
Sí.
—Incluso si creo que estoy haciendo lo correcto.
Sí.
La palabra produjo una sensación que no había sentido con las respuestas anteriores. No miedo. Reconocimiento.
Durante días había imaginado la predicción como el anuncio de una acción futura que no podía reconocer en mí misma. Un arma.
Una pelea.
Un accidente. Algo físico que, llegado el momento, transformaría a Lorraine en una persona capaz de matar. Por primera vez apareció otra posibilidad.
Quizá no tendría que tocar a Daniel.
Quizá bastaba con tomar una decisión. Cerré Veyra antes de seguir. No quería que completara la idea por mí. Caminé hasta la sala y recogí la hoja con el mensaje de Lily.
La frase seguía ahí:
No puedo seguir encubriéndote.
Durante años una mujer había protegido a Daniel de las consecuencias de sus peores momentos.
Yo no quería convertirme en ella. Y entendí entonces que esa era la primera decisión de aquellos once días que podía imaginarme tomando incluso sabiendo que quizá destruiría la vida de Daniel. Contar la verdad.
Miré el reloj.
Dos días. Todavía no sabía qué significaba que Daniel Ertel fuera a morir. Pero por primera vez podía ver un camino que conducía hacia algo que él mismo había descrito como la pérdida de todo lo construido después de Lily. Y ese camino empezaba conmigo.