La traición del escocés
Espadas de las Highlands es el primer libro de la serie centrada en la tercera generación de los Grant. Por desgracia, al haber avanzado veinte años, algunas personas ya no están entre nosotros. Esto fue difícil para muchos, pero especialmente para Alasdair.
Capítulo Tres
Los talentos de Dyna se revelaron muy pronto, tal y como recuerda su primo.
—Es un imbécil.
Alasdair sonrió con suficiencia y la miró por encima del hombro. No le sorprendía que ella hubiera adivinado sus pensamientos. Dyna poseía habilidades que nadie entendía ni discutía, sobre todo porque a ella le molestaba.
El primer suceso que él recordaba fue cuando ellos tenían cinco años, y ella unos tres años y medio. Los primos se habían quedado en casa con el abuelo y la abuela mientras sus padres hacían una visita al clan Ramsay.
Los tres muchachos se habían enfrascado en una discusión en lo alto de la escalera. Aunque Alasdair ya no recordaba el contenido de aquella discusión, nunca olvidaría la forma en que Dyna los había mirado fijamente desde el gran salón.
—No os peleéis —había dicho—. Os arrepentiréis. —Para luego marcharse a buscar a sus abuelos en su habitación, al final del pasillo.
Los tres la habían ignorado y habían seguido discutiendo.
Pronto empezaron a empujarse y Els tropezó.
Alick y Alasdair intentaron sujetarlo antes de que cayera por las escaleras, pero todos habían caído con él.
Sus abuelos habían salido de su habitación justo a tiempo para ver cómo los tres muchachos perdían el equilibrio y se precipitaban por los escalones.
La abuela había gritado y los chicos habían hecho lo mismo.
Alasdair recordaba no haber visto más que brazos y piernas y escalones volando ante él mientras los tres se precipitaban por la escalera. Los sirvientes llegaron corriendo, pero en cuanto aterrizaron, todos se callaron y no hablaron.
Al pie de la escalera había dos gruesos cojines que habían evitado que se hicieran daño. La abuela se quedó mirando los cojines, preguntándose quién los había cambiado de su posición habitual junto a la chimenea. Miró de un criado a otro, pero todos negaron con la cabeza.
Dyna volvió a entrar en el salón y dijo:
—Os dije que os arrepentiríais.
El abuelo se arrodilló frente a ella.
—Dyna, ¿has puesto esos cojines ahí?
Ella asintió.
—¿Por qué?
—Sabía que se iban a caer, abuelo. Lo vi. —Luego se fue tambaleando a las cocinas—. Tengo hambre.
La historia no se la habían contado a ninguna de sus madres.
El abuelo había dicho que debía ser su secreto.
Pero cada uno de los primos era consciente de las habilidades de Dyna.
La razón principal por la que se le permitía viajar con ellos, a pesar de los peligros, era su propensión a detectar el peligro antes de que ocurriera, a evaluar el carácter de una persona de un vistazo.
Aunque las habilidades eran inestables, tendían a ser más fuertes cuando ella estaba cerca de sus primos.
Como espía, era inestimable, más aún porque también era una fantástica arquera.
Capítulo Seis
Dyna habla sobre lo que implica ser una mujer en un mundo de hombres.
Alasdair y Dyna estaban a unas tres horas de la tierra MacLintock cuando él les hizo un gesto para que se detuvieran. Tuvo un repentino impulso de darse la vuelta.
—Algo va mal —dijo mientras desmontaba, indicando a sus cuatro guardias que se tomaran un descanso. Encontró un bosquecillo donde podían refugiarse mientras decidían qué hacer a continuación.
—Estoy de acuerdo. Lo siento en el viento.
Será de noche si volvemos a su castillo —dijo Dyna—.
Un buen momento para movernos sigilosamente en un castillo extraño.
—Se había trenzado el pelo en la parte superior de la cabeza en caso de que tuviera que fingir ser un muchacho de nuevo. A Dyna siempre le gustaban los retos.
—Ya te has movido sigilosamente, ¿no? —preguntó él sin pensar.
Dyna esbozó una sonrisa, sacó un odre de ale y dio un trago antes de entregárselo a Alasdair.
—Sí. Busqué en el piso de arriba y en las bodegas mientras tú estabas dándote un banquete.
Ignoró su pequeña broma y preguntó:
—¿Y has descubierto algo inusual?
—Sí, vi muy pocos objetos de valor. ¿Dónde estaban las espadas en las paredes? Había algunos candelabros, pero vi muy pocos adornos o reliquias de familia. Ya sabes cómo son los escoceses con sus castillos. Es un sentimiento de orgullo.
—Ella mencionó que su marido había quitado muchas de las cosas.
—Me pregunto si no tomó algunos de los artículos para sí mismo. ¿Crees que vendería sus posesiones?
—Por lo poco que sé de él, vendería a su propio hermano.
Alasdair dio un trago y se detuvo, pensando.
Su padre siempre le había enseñado a seguir sus instintos.
En este momento, tenía la molesta sensación de que algo estaba sucediendo en el castillo de Emmalin.
Dyna no había percibido nada, pero, de nuevo, sus habilidades siempre habían sido un poco inestables.
Ella no siempre sabía las cosas, pero cuando percibía algo, era inevitablemente cierto.
Además, el abuelo había tenido ese sueño…
—Sí, me gustaría volver. Hiciste un buen trabajo al detener a los bastardos que intentaron secuestrar a Emmalin hace más de siete días, pero espero que no tengas que disparar a nadie esta vez. —Él sacó un par de tortas de avena y le entregó una.
Ella la cogió, pero antes de dar un mordisco, se paseó por la zona. Él sabía que Dyna se estaba asegurando de que estuvieran realmente escondidos, algo que ella hacía sin pensar.
Aparentemente satisfecha, partió un trozo de su escasa comida y se sentó en un tronco, cruzando sus largas piernas delante de ella. Llevaba el mismo tipo de leggins que la tía abuela Gwyneth, su profesora de tiro con arco, había usado durante años.
—Tuvimos suerte de detener a esos hombres. Si no hubieran sido unos guerreros tan malos, quizá no la habríamos rescatado. Su marido no se esforzó mucho por recuperarla, ¿verdad?
—No, yo pensé lo mismo. Todos sus cabellos seguían en su sitio. —Él se sentó a su lado, suspirando al hacerlo.
—Ella dijo que estaba en un matrimonio arreglado, ¿verdad?
—Sí, un matrimonio arreglado por el rey Edward, lo que significa que no consultó a nadie más que a su único barón.
Está intentando apoderarse de Escocia de todas las maneras posibles, y eso no me gusta.
Si sigue robando a nuestras muchachas escocesas, toda nuestra tierra será propiedad o será administrada por los ingleses.
Ella es demasiado buena para el bastardo inglés.
—Se quedó mirando a los árboles, notando la oleada de pájaros en la zona.
—¿Sabes lo que odio, Alasdair? Odio que se asuma que las mujeres son ignorantes.
Incapaces de liderar. ¿Quién inició toda esa idea?
Puedo pensar tan rápido como la mayoría de los hombres.
Estoy bastante segura de que Emmalin no necesitaba que el rey la casara para que otro controlara sus tierras y su gente.
Ella debería liderar como lo hace Diana Drummond.
—Estoy de acuerdo, y lo sabes. Olvida lo que el mundo piensa. Tus padres creen en ti y en tus hermanas. Te tratan igual que a tu hermano. Y Alick, Els y yo sabemos que puedes superar en estrategia a la mayoría de los hombres.
Lanzándole una mirada de reojo y una sonrisa de satisfacción, ella dijo:
—Mi agradecimiento. A todos menos al abuelo. Nadie puede superar su estrategia. Es un líder brillante.
—Lo es —dijo él con nostalgia, temiendo el día en que lo perderían. Los hombres y las mujeres vivían hasta los setenta años, así que él esperaba y rezaba para que el abuelo viviera hasta los ochenta. Era cierto que ya no era el espadachín que solía ser, pero su experiencia era invaluable.
Ella jugó con su trenza y miró al cielo.
—También odio tener que esconderme cada vez que nos encontramos con alguien en uno de nuestros viajes. Todo el mundo está siempre muy preocupado por mi reputación. Pues a mí me importa un bledo mi reputación. Viajo con mis primos, no con un grupo de pícaros ingleses.
Él esbozó una sonrisa, encantado de verla furiosa.
—No te agradan mucho los ingleses, ¿verdad? —Él sabía la respuesta, por supuesto, pero pensó en provocarla.
—No, no me agradan. Me tendrían sentada en un sofá arreglándome el pelo. No haré eso y lo sabes. Gracias a Dios por mis padres y la tía abuela Gwyneth. La tía Ashlyn, también. Puedo protegerme gracias a ellos. Me uniría a los nórdicos antes que a los ingleses.
—Bueno, tu madre es mitad nórdica —dijo él, enarcando la ceja.
Capítulo Ocho
Alasdair encuentra a Emmalin en el túnel bajo la torre; la única forma que ha encontrado de protegerse contra los intrusos.
Quiere guiarla a través del túnel y convencerla de ir a la tierra Grant, una vez que haya encontrado a Dyna.
Si consigue encontrarla. Conocer los pensamientos de los demás no era la única habilidad de Dyna.
También puede saber dónde se encuentra él.
Tenía que recuperar a Midnight y encontrar a Dyna; si ella no lo encontraba primero.
Él, Alick y Els no siempre habían amado pasar tiempo con su prima menor.
De hecho, en ocasiones habían intentado dejarla atrás.
Una vez, habían visto una cueva que parecía ser un fuerte perfecto.
Habían entrado, con la intención de guardar su nuevo secreto, solo para encontrar a Dyna sentada en un tronco en el fondo.
Elshander se había vuelto loco.
—¿Cómo diablos sabías que íbamos a venir aquí? ¡Nosotros ni siquiera lo sabíamos!
Dyna había sonreído con suficiencia, se había encogido de hombros y había dicho:
—Soy mágica. —Le había guiñado un ojo a Els y salido por la boca de la cueva. Sus palabras de despedida habían molestado aún más a Els—. Y soy más inteligente que vosotros. Nunca dudéis de mí.