Lo Mejor de Dyna Grant (Momentos Especiales de las Highlands 5) Elizabeth
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Elizabeth

Capítulo Dos

Al instante se vio rodeada por tres muchachos que blandían espadas: sus pequeños sobrinos. ¡Cuánto los quería!

Alasdair dijo:

—Lucharemos contra ellos —aseguró Alick.

Els asintió decidido.

—¡Sí, no se nos escaparán!

Los tres muchachos habían nacido la misma noche, eran los nietos primogénitos de Alexander Grant, solo que ninguno podía reclamar ese honor, porque, según Jennie y Brenna, habían nacido a la misma hora exacta, poniendo así fin a la rivalidad entre los padres, quienes deseaban que su hijo fuera el primero en nacer.

—Gracias, niños, pero no creo que os necesite esta noche.

Con sus seis inviernos, cada año eran más entrañables. Alasdair era moreno, Alick tenía el cabello rojo y Els rubio.

—Nos quedaremos de todos modos. —Alasdair registró el salón en busca de extraños que pudieran acosarla.

Una muchacha mucho más pequeña que ellos se les acercó y les dijo:

—¡Sois tontos! La tía Elizabeth los puede vencer a todos con su honda, no necesita vuestra ayuda. Las tías saben cuidarse solas.

Dyna, su sobrina, era un año y medio más pequeña, pero siempre acababan haciendo lo que ella decía. Nadie se explicaba por qué la niña ejercía tal influencia sobre ellos, pero lo dejaban correr.

Una criada pasó a su lado con una bandeja repleta. Alick le echó un vistazo y se puso en marcha.

—¡Aquí vienen los pasteles de frutas! Voy a por dos. —Desapareció tan rápido como un rayo.

—¡No antes que yo! —gritó Els detrás de él.

Alasdair se las arregló para meterse entre ambos y coger el primer pastel de frutas en cuanto la bandeja estuvo sobre la mesa, con una sonrisa de satisfacción en el rostro.

Los muchachos siguieron con sus disputas mientras comían los humeantes manjares, pero la atención de Elizabeth estaba fija en Dyna. Tenía que hablar con ella.

—¿Cómo sabías eso? —le preguntó—. Nunca he usado la honda en tierras de los Grant, solo en el Castillo Curanta.

Había aprendido con Gil. Que ella supiera, nadie había sido testigo de sus lecciones, especialmente nadie de las tierras de los Grant.

Dyna alzó la barbilla y señaló a un lado de Elizabeth.

—Está en tu bolsillo, ¿verdad?

Le dirigió una mirada desconcertante. La pequeña Dyna podía ser muy dulce, pero era especial, algo en ella era muy diferente, sin duda.

Algunos creían que era vidente.

Elizabeth esperaba que no, porque, si así fuera, seguramente sabría lo de Gil.

Metió la mano en el bolsillo y buscó el arma, aliviada al notar que seguía allí. Sin embargo, no sobresalía de su bolsillo, lo que eliminaba la única explicación sencilla de por qué Dyna lo supo.

—¿Cómo lo has sabido?

Dyna se encogió de hombros y se marchó echándose la trenza al hombro.

—Igual que como sé tus otros secretos.

En lugar de preguntar de qué secretos hablaba, Elizabeth optó por un enfoque más directo.

—Recuerda que deben seguir siendo secretos.

Dyna asintió mientras se abría paso entre la multitud.

Nadie escucharía los cotilleos de una niña de cuatro años, ¿verdad?

Capítulo Dieciséis

Dyna demuestra sus talentos desde pequeña.

Al cabo de un rato, oyó que venía un caballo, así que se detuvo y se acercó al desfiladero, desde donde se apreciaba una hermosa vista de las Highlands. Era Connor, lo que no resultaba nada sorprendente. Maddie solía enviar a uno de sus hijos a ver cómo estaba.

La sorpresa se produjo cuando Connor llegó, porque no estaba solo. Su joven hija Dyna, que tenía el cabello blanco y brillante como el sol, estaba sentada frente a él con expresión grave.

—¿¡Qué pasa!? —gritó Alex.

Connor cogió a Dyna de la mano y se acercaron a él.

—¿Ya te sientes mejor, papá? —le preguntó.

—Sí —respondió él secándose la cara sudorosa con la manga de su túnica—. ¿Por qué estáis aquí?

Connor conocía las reglas tan bien como los demás. No quería que ninguna muchacha se acercara a aquel sitio; su ira no era algo que lo enorgulleciera. Solo lo aceptaría en circunstancias excepcionales.

Por supuesto, Dyna era excepcional. Tenía una extraña habilidad para adivinar las cosas.

—Adelante, díselo al abuelo —le pidió Connor asintiendo con la cabeza.

Audaz como una mujer de treinta años, ella miró fijamente a Alex con los ojos clavados en los suyos y le dijo:

—Los muchachos están aquí mirando.

—¿Qué? —preguntó Alex escrutando la zona—. No veo a nadie. ¿Cómo lo sabes, muchacha? ¿Te han dicho que venían?

—No —respondió ella frunciendo los labios—. Los veo aquí. —Señaló hacia su cabeza—. Y se esconden entre los árboles. Te han seguido.

Sus palabras le provocaron un escalofrío. No dudaba de ella.

—¿Dónde, Dyna? —preguntó Connor.

Señaló una zona donde la arboleda era más espesa.

—Allí.

—¡Alasdair, Alick y Elshander! —gritó Alex—. ¡Tenéis tiempo hasta que cuente hasta tres para dejaros ver! ¡Uno... dos...!

Els salió corriendo y gritando:

—¡Dyna!, ¿¡por qué eres tan entrometida!?

Sus primos lo siguieron avergonzados.

Alex les señaló un sitio frente a él.

—Los tres aquí. Explicaos.

Alick miró a Els, luego ambos miraron a Alasdair, el que normalmente hablaba en nombre de todos.

—Nos hemos enterado de que se han llevado a la tía Elizabeth y queremos ayudar a rescatarla —dijo Alasdair.

Las palabras le salían tan deprisa que era difícil entenderlo—.

Podemos escondernos y espiar, como hicimos ahora, y luego venir a buscaros a ti y al abuelo o al tío Connor.

¡Queremos ayudar! Queríamos verte practicar para poder mejorar y. ..

Alex levantó la mano para detener las divagaciones del muchacho.

—¿Cómo habéis llegado hasta aquí? ¿Dónde están vuestros caballos?

—Corrimos —respondió Alick.

La expresión de determinación en sus rostros lo dejó impresionado. No era la primera vez, tenía la corazonada de que estos tres muchachos, nacidos el mismo día, a la misma hora, eran especiales. Dyna también lo era, y cuando llegara su momento, los cuatro harían grandes cosas.

Capítulo Veintiuno

¡La joven Dyna vuelve a sorprenderlos a todos!

Los sobrinos de Elizabeth, sus pequeños protectores, se contoneaban, empujaban y retorcían delante de su abuela con las espadas de madera en alto. Kyla miró a Alick y le dijo:

—Y ahora, ¿qué tramáis vosotros tres?

—¡Mamá, tenemos que proteger a la tía Elizabeth! ¡Podrían volver a por ella!

Sela se acercó a Elizabeth y le dio un rápido abrazo.

—Me alegro de que estés en casa.

Dyna, que estaba junto a su madre, se unió a los tres muchachos.

—Creo que habéis llegado un poco tarde —les dijo—. Ya no se os necesita, Gil es ahora el protector de Elizabeth, lo ha sido durante muchas lunas.

Elizabeth miró fijamente a Dyna, preguntándose cómo podía saber algo así. Que estuviera con Gil ya no era una novedad, pero cuánto tiempo habían estado juntos no era de dominio público.

Miró a Kyla, a su madre y a Maeve, pero todas parecían tan desconcertadas como ella.

—Sela, ¿tú le has dicho algo?

—¡Para nada! Últimamente, ella me cuenta más cosas a mí de las que yo le cuento a ella.

Dyna miró a todos sus mayores y sonrió, algo que no hacía a menudo.

—¡La boda será divertida!

Maddie la envolvió en un cálido abrazo y le dijo:

—Me alegro mucho de que hayas encontrado a alguien, Elizabeth.

—Seguro que no es MacTear —declaró Dyna con un bufido—. ¡Te dije que tenía algo malo dentro!

Elizabeth se quedó mirando a la muchacha. Efectivamente, se lo había dicho.

Quizá era hora de que todos empezaran a escucharla.

Capítulo Veintitrés

Otra boda para el Clan Grant, incluyendo a los cuatro primos. Pero a la tierna edad de cuatro años, Dyna ya sobrepasa a los tres muchachos. Con el tiempo aprenderán que Dyna va muy por delante de ellos.

La puerta se abrió y se dieron la vuelta, a Elizabeth se le escapó un gemido ante aquella visión. Su padre iba primero, lucía espléndido con su traje de cuadros. Lo seguían sus tres hermanos, Jamie, Jake y Connor.

—Todo está preparado, muchacha —dijo él—. ¡Estás preciosa! —Besó su mejilla y luego la de Maddie—. Todas lo estáis.

Detrás llegaron sus cuatro primos, todos ataviados con sus mejores galas: Alasdair, Alick, Elshander, y por último llegó Dyna.

—Todos lucís maravillosos —dijo Elizabeth mirando a sus sobrinos, luego se puso de puntillas para besar la mejilla de su padre y susurrarle lo apuesto que se estaba.

—Hemos hecho que Dyna entrara la última —dijo Alick mientras Els soltaba una risita.

Dyna se limitó a sonreír y esperar, como si solo les estuviera permitiendo pensar que habían ganado. Conociendo su mente astuta, Elizabeth pensó que probablemente así era.

—En este mismo orden es como iremos hasta la capilla —dijo su padre—. Nada de caballos, hoy iremos a pie. De modo que todos daos la vuelta, y andando.

Todos siguieron las instrucciones, Alex, Maddie y Elizabeth iban detrás; Kyla y Maeve a ambos lados de Sabina, justo delante de Elizabeth. Los hermanos iban delante de las mujeres y los primos delante de ellos.

¿Y a la cabeza? Dyna, que se dio la vuelta para mirar victoriosa a los tres muchachos.

—¿Es que nunca aprenderán quién es la más lista? —preguntó Jake.

Connor se limitó a reír.

Se abrió la puerta del gran salón, sostenida por Loki y Finlay, y salieron en orden. En cuanto llegaron al pie de la escalera, un grupo de huérfanos que llevaban flores los rodearon.

Todos avanzaron en silencio mientras los miembros del clan se agolpaban a los lados del camino para observar a la procesión; las madres llevaban pañuelos para secarse las lágrimas.

Los curiosos los siguieron hasta el rincón más alejado del patio, donde estaba la capilla.

Los primos intentaban indicarle a Dyna el camino que debía seguir, pero ella los ignoraba y decidía por su cuenta la mejor ruta, especialmente en base a la cantidad de gente que se agolpaba aquí y allá.