CAPÍTULO 37 #3
El oficial se encogió de hombros en dirección a la zona de prisioneros. Atravesé por última vez la puerta abierta de mi celda. Todo el fin de semana había imaginado vivir mi vida en una pequeña jaula, consumiéndome en el olvido. Banshee Gimió.
—No te preocupes, amigo, nos vamos a casa.
Recogí mis tres libros, esponjé la nueva almohada para el próximo huésped, agarré la vieja y desgastada almohada, y la tiré al bote de basura al salir.
Travis y yo vimos a mi G Wagon rodar hasta detenerse. Abrí la puerta y Banshee saltó al asiento del copiloto. Eché un vistazo al asiento trasero y vi que la alfombra había sido cortada donde el Alguacil había arrojado el cuchillo. Travis negó con la cabeza.
—Voy a añadir eso a la cuenta de la ciudad.
—¿Puedo llevarte a algún lugar?
Travis sonrió con picardía.
—No, creo que voy a ir a la cafetería a disfrutar de mi estatus de celebridad un rato. Todas las damas van a querer hablar conmigo.
—Bueno, disfruta. Voy a darme un baño caliente. Gracias, de nuevo, Travis. —Le tendí la mano .
Travis me estrechó la mano.
—De nada. Y espero que no volvamos a hacer esto, nunca.
Le vi caminar por la calle, saludando a todo el mundo. Un pequeño grupo le siguió, esperando enterarse de los últimos chismes. Travis parecía el flautista de Waterford.
Banshee se retorció en el asiento delantero. Me incliné para abrazarlo.
—Te vas a bañar cuando lleguemos a casa.
Banshee sacó la cabeza por la ventanilla y recogió olores durante todo el camino de vuelta a casa.
. . .
Me prometí a mí mismo no dar nunca por sentado tomar un baño caliente sin un hombre armado vigilándome. También le di un buen baño a Banshee, liberándonos a ambos del olor a cárcel.
Tomé una Coca-Cola light y me senté en la silla Adirondack del porche trasero.
Banshee salió al patio para sustituir el olor a champú por el de hojas muertas en su limpio pelaje.
Disfruté del sol con la brisa fresca en la cara.
Cerré los ojos y saboreé los aromas de flores y un toque de humo de leña.
Sentí la veta de la madera de la silla en cada yema de los dedos.
Abrí los ojos y me fijé en una bandada de pájaros que revoloteaban perezosamente en el cielo.
Se me humedecieron los ojos al contemplar lo cerca que estuve de perder todo esto y cómo Kirsten no podrá volver a experimentarlo.
Los pájaros se desdibujaron entre mis lágrimas mientras lloraba desinhibidamente por primera vez en años.
Sollocé por las vidas perdidas y la libertad ganada.
Lloré por la trágica vida del Alguacil, que vendió su alma y sacrificó a su hija para salvar a su hijo, solo para ser abatido por él.
Sobre todo, me dolía Kirsten, una víctima de la violencia sin sentido que lo perdió todo.
Fui yo quien la involucró. Fui responsable de su muerte, en cierto modo. Llevaría esa carga para siempre .
Al final, se me secaron las lágrimas, me limpié la sal de los ojos y decidí poner mi vida en orden. Silbé a Banshee, que saltó a mi lado con la lengua fuera del hocico.
—Vamos amigo. Tenemos que ir a ver si todavía tengo trabajo.
. . .
Nervioso por ver cómo me recibirían, atravesé las puertas dobles de la sala de urgencias del hospital y fui recibido con aplausos del personal y algunas palmadas en la espalda, todos contentos de verme.
CJ salió de su oficina para ver qué pasaba y se le iluminó la cara al verme. Se apresuró a abrazarme.
—¡Bienvenido de nuevo! Sabía que eras inocente.
—¿Significa que todavía tengo trabajo?
—¡Diablos, sí, tienes un trabajo! Soy demasiado vieja para cubrir tus turnos.
Señalé la sala de traumatología que había al final del pasillo, con un oficial en la puerta.
—¿Asumo que es Connor el que está ahí?
—Sí, Banshee destrozó esa muñeca. Rompió el radio y el cúbito, y desgarró la mitad de los músculos y tendones. Entrará al quirófano en unos minutos. Va a ser una larga recuperación, y probablemente nunca recupere por completo la función de esa mano.
Le rascó las orejas a Banshee mientras daba el reporte. Banshee irradiaba felicidad. Si disfrutaba más del rascado de las orejas o del informe sobre Connor, era imposible de discernir.
Me encogí de hombros.
—Las acciones tienen consecuencias. Disparas un arma cerca de Banshee bajo tu propio riesgo.
—Desde un punto de vista más logístico, ¿estás bien para trabajar en tu turno de mañana, o necesitas algo de tiempo libre? Puedes tomarte todo el tiempo que necesites.
—Gracias, pero voy a estar aquí. Prefiero estar trabajando que sentado solo en casa .
—Anímate, no estás solo. Ven esta noche a mi casa, a las seis. Es noche de pizza familiar, y tú y Banshee están invitados a unirse a nosotros.
Intenté rechazar la oferta.
—No quiero ser una molestia.
—No es molestia. Es noche de pizza con la familia y los amigos. Además, mis hijos se mueren por conocer a Banshee. ¿Nos vemos a las seis?
—Ahí vamos a estar. Gracias, por todo.
Platiqué con algunas personas más y el equipo de quirófano vino a recoger a Connor para operarlo. Lo llevaron en camilla, medio drogado, con el brazo vendado y con dos oficiales detrás. Es difícil creer cuánto sufrimiento ha causado este hombre. Le di la espalda y salí con Banshee a mi lado.