CAPÍTULO 28
Banshee y yo llegamos con donas calientes para mi turno de mañana en la sala de urgencias vacía. Mi primer paciente no llegó hasta pasadas las ocho.
—Buenos días, soy el Doctor Docker. ¿Qué ocurre hoy?
—Creo que me rompí el esternón.
—No es una queja muy común. Dime cómo pasó.
—Anoche estaba entrenando a un equipo de animadoras y lanzamos a una chica al aire.
Se suponía que tenía que aterrizar plana en nuestros brazos, pero aterrizó de lado y su codo golpeó en medio de mi pecho.
Dolía como la chingada anoche y era peor esta mañana.
Busqué mis síntomas en Google y creo que tengo el esternón roto.
—No le creas, Doc. Es una dramática. —La nueva interlocutora entró en la habitación y se plantó al otro lado de la cama. Miré a uno y otro lado—. ¿Son gemelas? —Pelirrojas e idénticas en todos los rasgos, hasta en los ojos azul claro, respondió la hermana de la paciente.
—Soy Hannah, y no somos gemelas. Soy adoptada. Nuestros padres pasaron mucho tiempo buscando a alguien a la altura de Jessica .
—No escuches nada de lo que diga. Es una ñoña. Sí, somos gemelas —dijo Jessica.
—Asumo que tu padre tiene problemas de presión alta y canas.
—Y probablemente una úlcera —añadió Hannah.
—Bueno, vamos al grano. Necesito hacer un examen rápido, y luego podemos hacer una radiografía de tórax. Probablemente no muestre un esternón roto, pero quiero asegurarme de que las costillas y los pulmones están bien.
—Entonces, ¿cuál es el tratamiento si está roto? —Jessica preguntó.
Antes de que pudiera responder, Hannah empezó a cantar:
—Reposo, hielo e ibuprofeno. Reposo, hielo e Ibuprofeno. —La miré y se encogió de hombros—. Papá nos dice que reposemos, pongamos hielo y tomemos ibuprofeno cada vez que nos lesionamos.
—Tu padre es muy inteligente.
Hannah torció los ojos.
—No le digas eso. Ya está seguro de que es médico.
—Como sea vamos a hacer primero la radiografía y después armamos un plan.
Empezaron a discutir sobre qué heridas dolían más antes de que saliera de la habitación. Debe haber sido toda una aventura criar a esas dos.
. . .
Kirsten pasó por allí a la hora de comer con un par de contenedores blancos de poliestireno.
—¿Tienes chance de comer? —preguntó.
—Depende de lo que haya en ese contenedor. Si es pastel de carne, la respuesta es no.
Se asomó al interior.
—No. Parece que a este le pusieron un sándwich de queso a la parrilla y papas fritas.
—¿Y el otro?
Se asomó al otro contenedor .
—Parece otro sándwich de queso a la parrilla y papas fritas.
Alcé las cejas sorprendido.
—Dra. Jenkins, ¿la he contagiado de mis malos hábitos?
—Digamos que se me está pegando un poco.
—Preferiría estar pegado a ti.
—Yo también, pero tiene que ser más tarde. Solo tengo unos minutos libres antes de mi siguiente cirugía.
Fuimos a la sala de descanso y disfrutamos de nuestro elegante almuerzo. Banshee nos mostró todos los trucos que conocía, ganándose una papa frita y una sonrisa de Kirsten por cada uno de ellos.
—¿Tienes planes para esta noche? —pregunté mientras terminábamos.
—No, es una noche de pizza y Netflix.
—¿Qué tal si llevo la pizza y podemos tener una noche de pizza, Netflix y relajarnos juntos?
—Tengo una mejor idea. ¿Qué tal si nos relajamos primero, comemos pizza, vemos Netflix y luego nos relajamos otra vez?
—Una noche con doble relajación suena como un reto, pero vale la pena. ¿A las cinco?
—A las cinco en punto está bien. Tengo que irme. —Recogió la basura y se inclinó para darme un beso rápido en la mejilla—. Hasta luego. Te amo.
Ambos hicimos una pausa mientras ella esperaba mi reacción a su uso de la palabra con A por primera vez. Me incliné para abrazarla, mientras le susurraba al oído:
—Yo también te amo.
. . .
Tomás llegó al rancho a la hora de comer y se sentó con John, Connor y Rogelio.
—Estoy tan decepcionado, no puedo creer que resultaron ser unos inútiles para resolver este problema. No tolero el fracaso. Supongo que este Doctor ya reportó el accidente de anoche a la policía .
Respondió John.
—Lo hizo, pero no mencionó el nombre de Connor, así que probablemente no sabe que fuimos nosotros.
—¡Pendejo! Claro que sabe que fuiste tú. Ha estado asomando la cabeza por aquí, y luego alguien intentó sacarlo de la carretera. ¿Quién más intentaría deshacerse de ese Doctor?
Connor interrumpió.
—¡No es mi culpa! Su camioneta es más pesada de lo que pensé.
Tomás volvió su mirada de acero hacia Connor.
—Hoy tuve que decidir entre enterrarte vivo, meterte en un barril o dejarte vivir un poco más. Lo mejor es que cierres el hocico y dejes a los adultos hablar.
Connor tragó saliva cuando Tomás volvió a dirigir su intensa mirada a John.
—Otro atentado contra su vida puede atraer demasiada atención con tantos cadáveres en esta ciudad. No vamos a matar a este Doctor, pero lo vamos a desacreditar. Cuando acabemos con él, nadie le va a creer, diga lo que diga.
Tomás pasó cinco minutos explicando el plan.
—Nos vamos esta noche.
Asintieron con la cabeza. Connor prácticamente salivaba con anticipación.
. . .
El resto de la tarde fue un flujo constante de pacientes fáciles.
Entre una consulta y otra, pensaba en mi relación con Kirsten y en el momento en que nuestro noviazgo se había transformado en amor.
Normalmente no soy de los que se enamoran.
Había tenido muchas relaciones en el pasado, pero solían ser un acuerdo mutuo para pasar el rato juntos y divertirse.
Ninguno tenía potencial para una relación duradera o, Dios no lo quiera, para casarse.
Cuando se me metió la idea del matrimonio en la cabeza, ya no se me iba, lo cual era extraño, porque habían pasado 38 años sin pensar en ello.
El matrimonio implicaba establecerse en un lugar, y niños, y escuelas, y minivans, y reuniones de padres y profesores.
Tal vez incluso gemelas. No hay nada inherentemente malo en ninguna de esas ideas, pero no asocié ninguna de ellas con mi propia vida.
Estaba destinado a trasladarme a otra ciudad al cabo de tres meses para vivir nuevas aventuras.
A las cuatro en punto, terminé mi jornada, finalicé mis expedientes y me fui a casa para darme un baño rápido antes de dirigirme a casa de Kirsten. Llegué unos minutos después de las cinco, y Kirsten me recibió con una sudadera y shorts, con el cabello mojado, recién salida de la regadera.
—Vamos, entra. Voy a ponerme crema humectante.
—En el momento perfecto, como siempre. Afortunadamente para ti, estoy certificado en aplicación de cremas.
—Son buenas noticias. Algunas de estas partes del cuerpo son difíciles de alcanzar.
Entró lentamente en el dormitorio, quitándose la sudadera y los shorts.
. . .
Media hora después, una Kirsten bien hidratada luchaba por recuperar el aliento.
—Bueno, esa fue la aplicación de crema humectante más intensa que he experimentado.
—Te advertí que soy un experto.
—Nunca voy a volver a dudar de tus habilidades. Todo ese ejercicio me dio antojos, ¿sabes de que?
—¿Segunda ronda?
Me dio un puñetazo en el brazo.
—No, me dan ganas de una pizza. Y luego la segunda ronda.
Pedimos pizza, nos pusimos la ropa y nos arreglamos lo suficiente para que no pareciera que nos habíamos revolcado en la cama. Nos acomodamos en el sofá y checamos las opciones de películas .
—Sabes, sobre lo que dije antes hoy, no estoy segura de por qué lo dije. ¿Te molestó? —preguntó Kirsten mientras yo me desplazaba por las opciones de películas.
—No me molestó, más bien me tomó por sorpresa.
Kirsten sonrió.
—Supongo que en medio de urgencias no era el mejor lugar para anunciar mi amor por ti.
—En medio de urgencias no suele ser un buen lugar para anunciar nada.
—¿Por qué te gusta tanto la medicina de urgencias?
—Imprevisibilidad. Puedo estar leyendo un libro y, al momento siguiente, reanimando a una víctima de un traumatismo. Siempre estás a un momento del caos en urgencias.
—¿Te gusta el caos?
—Me gustan los retos que enfrentas durante el caos. El trabajo consiste en domarlo y poner un orden que produzca los mejores resultados para los pacientes.
—¿Qué hay de tu trabajo como médico de urgencias itinerante con un contrato nuevo cada tres meses? ¿No te cansas de moverte?
—Para Banshee y para mí es una aventura ir a lugares nuevos y conocer gente nueva.
—Te lo he preguntado antes. ¿Lo haces porque huyes de algo o porque buscas algo?
—Quizá un poco de ambas.
—¿Qué buscas?
—Lo voy a saber cuando lo vea, y entonces voy a saber que es el momento de sentar cabeza.
—Supongo que tengo que trabajar para convencerte de que extiendas tu contrato.
—Estás haciendo un buen trabajo hasta ahora. Entonces, ¿qué película vamos a ver?
—Se me antoja algo con acción y drama.
—¿ Qué tal La Supremacía Bourne?
—¿Cuál es ?
—Esa en la que está metido en su rollo cuando Treadstone le tiende una trampa, así que tiene que ir a partirles la madre.
—¿No muere su novia en esa?
—Sí, pero lo hace pagar. Ve a recoger la pizza mientras yo voy poniendo la película.
. . .
Dos horas y una pizza después, la película había terminado y ambos estábamos llenos.
—Tengo que irme. Tengo que estar en urgencias mañana tempranito.
—Todavía no te vayas. No hemos comido postre.
—¿Hiciste mágicamente un pastel mientras yo veía la película?
—No, tenía otra cosa en mente. El mejor postre.
Veinte minutos después, Kirsten se acurrucó encima de mí.
—Espero por Dios que no tengas planeado un tercer plato para esta noche. O no voy a poder trabajar mañana.
Kirsten se rió mientras se quitaba de encima de mí y se ponía una sudadera.
—Quizá otro día podamos repetirlo, pero mañana también tengo que trabajar.
Me acompañó hasta la puerta, aún vistiendo solo su sudadera.
—Espero que no tengas vecinos chismosos. Sería todo un escándalo que te vieran vestida así.
Kirsten abrió la puerta de golpe, salió al porche y se echó a reír.
—Tengo los vecinos más chismosos del mundo y estoy segura de que mi escandaloso comportamiento va a ser el chisme de la ciudad mañana. ¿Pero sabes qué? No me importa, porque te amo, y espero que encuentres aquí lo que buscas.
Me echó los brazos al cuello y se puso de puntillas para darme un largo y sensual beso y sus vecinos una larga mirada a su perfecto trasero. El beso terminó por fin y le di una suave palmada en el culo .
—Creo que ya lo encontré. Correle, entra antes de que alguien llame a la policía.
Kirsten seguía en el porche sonriendo mientras Banshee y yo nos dirigíamos al G Wagon. Me sopló un beso exagerado, se giró hacia la puerta, se levantó la sudadera y dio un último meneo de caderas mientras entraba.
—Banshee, ¿qué te parece pasar un poco más de tiempo en Montana?
. . .
Connor observó la escena desde el final de la calle. Doc estaba tan engreído con ese perro y su bonito carro, y esa putita meneando el culo para que todo el mundo la viera. Veamos lo engreído que estaba esta noche.
Llamó a Tomás por teléfono.
—Doc se fue, probablemente vaya camino a su casa.
—Démosle tiempo para que llegue y se instale. Abandonen la zona y estén en posición en treinta minutos. No la cagues, o dormirás en un barril esta noche.
Connor se fue a buscar comida rápida. La anticipación le dio hambre.