Capítulo 35 #2
¿Tiene una cámara en la mano?
Conteniendo la respiración, me pego a la pared y noto cómo se me tensa la parte superior del cuerpo.
Da un paso a un lado.
No hay cámara.
Solo sus manos, subiéndose la bragueta.
Menos mal.
De repente, Lil aparece a mi lado y me da un codazo.
—¿«Tenemos»?
—¿Mm? —consigo despegarme de la ventana.
—¿Kahlo y tú, desarrollando ideas juntos? —pregunta Lil, entusiasmada.
De golpe, vuelvo a la conversación.
—¡Sí! —respondo. Siento las mejillas encendidas—. ¿No es increíble?
—Realmente increíble —admite. Llena dos vasos de agua y me tiende uno—. ¿También estáis trabajando juntos en el diseño?
No. Por desgracia, no. Sería un sueño crear nuevos diseños con él. Poder mirar por encima de su hombro, aprender de él. Pero todavía queda mucho para eso. Además, tampoco tengo tiempo.
Hago un gesto restándole importancia.
—Solo hemos tenido una idea que él va a desarrollar. Nada más.
Lil se coloca a mi lado.
—Bueno, entonces cuéntame.
Me encanta la idea. Hablo del fruncido que me llamó la atención y lo vuelvo a ver con total claridad. En mi mente lo acompaño de un escote profundo, la seda más fina, quizá un lateral de tul transparente. Soñadora, apoyo la frente en el cristal y dejo que la imaginación se desboque.
Me pierdo en ello y rediseño una y otra vez el vestido en mi cabeza. Cambio el largo, los tirantes, la espalda, los adornos. Le añado plumas, las sustituyo por lentejuelas y, a modo de prueba, bajo un poco más el escote.
Una oleada de emoción me recorre. Esto podría ser precioso.
Lil sonríe con picardía.
—Deberías comentárselo a Kahlo, ¿no crees?
Sí, podría hacerlo. A lo mejor incluso podría enseñarle mis diseños y pedirle su opinión. Quizá de verdad sean buenos.
Kjell dijo que eran geniales.
Kjell...
Ahí está otra vez, esa sensación como de nubes difusas con el sol asomando entre ellas. Exactamente así es con Kjell. A veces nublado. Pero siempre tan prometedor que dejo de ver los velos grises.
—¿Todo bien? —Lil alarga la mano hacia mí—. No tienes por qué hacerlo, solo era una idea.
La miro fijamente.
—¿Cómo sabes si puedes confiar en alguien?
Frunce el ceño.
—¿Te refieres a Kahlo?
Bajo la mirada hacia mi vaso de agua y sigo los movimientos de la superficie y el brillo húmedo que deja en los bordes.
—No. Me refiero a Kjell...
Lil ya sabe de él, igual que Aurora. Les conté a las dos que estuvimos juntos en Öland y que no quiero dejar de besarlo nunca. Que me cambió la vida, de alguna manera. Y que pienso en él todo el tiempo.
—¿Problemas en el paraíso?
Me encojo de hombros.
—Seguro que solo me lo estoy imaginando.
Ojalá sea así. Lo nuestro es demasiado bonito para no ser real.
Mi mejor amiga se acerca más a mí.
—¿Qué sucede? —pregunta con cariño, animándome a contarle lo que ocurrió durante mi visita a Abisko.
—¿Y si estaba escuchando a escondidas? —pregunto al final—. ¿Y si, de algún modo, me está espiando?
Dios mío, sueno tan paranoica como Papá. Aun así, no dejo de darle vueltas a la idea.
—¿Para qué? —Lil se da golpecitos pensativa en la barbilla con el índice—. ¿Qué ganaría con eso?
—Ese es el problema. No tengo ni idea —he pensado más de una vez en esa pregunta—. ¿Y si simplemente es desconfiado por naturaleza?
Sería comprensible, con todo lo que pasó con sus padres.
¿Y si lo único que quiere es asegurarse de que puede confiar en mí?
—Nunca le has mentido —responde Lil, negando con la cabeza—. ¿Verdad?
—En absolutamente nada.
No hace falta que añada que eso, en realidad, es excesivo. Lil sabe tan bien como yo lo difícil que será convencer a Papá de que Kjell es de fiar.
Ese será el verdadero reto cuando despierte. No el nuevo rumbo que he elegido para Touch av lyx , sino el hecho de haber dejado entrar a un hombre en mi vida.
Papá se va a poner hecho una furia. Y no va a creer que lo tengo bajo control. Que no pasará nada malo, aunque me haya enamorado.
Porque esto es distinto. Kjell hace que todo sea mejor. Me hace mejor a mí.
¿O solo es lo que quiero creer? ¿Y si está jugando conmigo de la forma más cruel y yo no lo veo por los corazones que tengo en los ojos?
—Dios mío, ¿y si va a la prensa con todo lo que ahora sabe de mí? —Me cubro la boca con las manos. Si hace eso, todo se acabaría.
Mi única oportunidad se desvanecería en el aire.
Tendría que abandonar el mundo que tanto amo y en el que apenas estoy empezando a volver. Esta vez, quizá para siempre, y tal vez sin las comodidades que mi padre me concedió la primera vez.
Lil me acaricia la espalda.
—¿Por qué iba a hacer algo así? No tiene ningún motivo —responde con voz suave.
Es verdad, no lo tiene. Pero es fotógrafo y seguramente tiene muchos amigos en los medios.
—¿Y si sin querer se le escapó algo de información?
Por ejemplo, cuando sale con sus amigos. Ellos pueden ir atando cabos, especular y, de pronto, acabo en la portada de un periódico.
Se me cierra aún más la garganta.
Al mismo tiempo, me siento fatal por sospechar algo así de Kjell. Debería confiar más en él. Aparte del aparador revuelto en el salón de mi antigua casa y del hecho de que él estaba, quizá por pura casualidad, justo fuera de la puerta donde Mamá y yo nos reconciliamos, no hay nada.
—No, eso es una locura —digo con firmeza, apretando los puños—. Hace semanas que le conté mi historia y no ha pasado nada malo desde entonces.
Lil asiente, pensativa.
—No me equivoco, ¿verdad? —la miro fijamente—. Kjell está tan enamorado como yo. Amar es confiar; es comprensible que le cueste y por eso a veces actúa de forma extraña. No hay nada más detrás.
—Es posible —concede Lil, pero por su expresión noto que no está segura.
Fuerzo una sonrisa.
—No, es más que posible: es muy probable.
Es la mejor explicación para todo lo que ha pasado. Debería avergonzarme solo de pensar otra cosa.