CAPÍTULO 3 — Tres Repiques, Tres Noches
BLOQUE 1
Aquella misma noche, con el propio equipo instalado en el exterior de la iglesia con instrumental de grabación profesional dispuesto en varios ángulos distintos, Gabriel,
Lucía y Freixeiro esperaron pacientemente la propia hora que el párroco había confirmado repetidamente durante las últimas noches.
A las tres y once minutos exactos, tal como Freixeiro había asegurado, el sonido llegó, grave y sorprendentemente claro dada la distancia y el propio estado ruinoso de la torre: siete campanadas distintas, seguidas de una pausa de exactamente cuatro segundos,
repetidas tres veces consecutivas antes de detenerse por completo, dejando de nuevo el propio silencio nocturno habitual de aquella aldea rural.
---Ahí está ---murmuró Lucía, revisando de inmediato la propia grabación recién capturada con instrumental profesional---. Exactamente como usted describió, padre Freixeiro.
BLOQUE 2
Gabriel, procesando aquel fenómeno presenciado directamente con sus propios oídos, sintió que cualquier duda residual sobre la seriedad del caso se disolvía por completo ante la propia precisión matemática de lo que acababan de escuchar.
---Siete campanadas, tres repeticiones, una pausa de cuatro segundos exactos entre cada campanada individual ---repitió, anotando cuidadosamente cada detalle en su propio cuaderno---. Esto no puede ser casual bajo ninguna circunstancia razonable.
Lucía, ya analizando la propia grabación con software especializado en su portátil, confirmó con datos técnicos precisos lo que la propia observación directa ya sugería.
---La frecuencia exacta de cada campanada es idéntica en las tres repeticiones, sin ninguna variación perceptible ---dijo---.
Esto confirma que no se trata de ningún fenómeno natural aleatorio.
Estamos frente a un mecanismo, activado de manera consistente, con una precisión que solo un diseño deliberado podría explicar.
BLOQUE 3
Freixeiro, todavía impresionado a pesar de haber presenciado aquel fenómeno ya en múltiples ocasiones anteriores, ofreció una reflexión que capturaba, con considerable honestidad, su propia experiencia como testigo repetido de aquel misterio.
---Cada noche que lo escucho, se me pone la piel de gallina de todos modos, aunque ya sepa qué esperar ---admitió---. Hay algo profundamente inquietante en escuchar campanas que nadie está tocando, sin importar cuántas explicaciones racionales terminemos encontrando.
Gabriel, considerando aquella reflexión con una comprensión genuina, ofreció su propia perspectiva acumulada tras años enteros investigando fenómenos aparentemente inexplicables que, sin excepción, terminaban revelando causas completamente terrenales.
---Entiendo perfectamente esa sensación, padre ---dijo---.
Pero le aseguro, por toda la experiencia que acumulamos en investigaciones anteriores, que detrás de esto hay, casi con toda seguridad, un mecanismo diseñado por manos humanas hace varios siglos, esperando pacientemente a que algo específico lo activara de nuevo después de mucho tiempo en silencio.
Lucía, ya calculando mentalmente los próximos pasos necesarios para confirmar aquella hipótesis con el rigor científico habitual, formuló la prioridad inmediata que representaba, para todo el equipo, el siguiente objetivo concreto.
---Necesitamos identificar qué cambió, exactamente, hace ocho noches, para que este mecanismo empezara a activarse después de treinta años de completo silencio ---dijo---. Y tengo la sospecha de que la respuesta no está dentro de esta iglesia, sino en algún punto de los alrededores.