La última vez que vi a Sophie PRÓLOGO
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La última vez que vi a Sophie

La última vez que vi a Sophie

Por Mali Meer

© inepub.com

PRÓLOGO

El policía me pregunta por tercera vez de qué color era el auto.

—Azul.

Mi madre está sentada a mi lado. No la miro.

Me dijeron que tengo que mirar al señor cuando me haga preguntas y contestar sólo lo que recuerde, aunque no me parezca importante.

El problema es que ya no sé qué cosas son importantes.

Desde que Sophie desapareció, todos preguntan por cosas que antes no importaban: qué comimos aquella noche, a qué hora subí a mi habitación, qué llevaba puesto Sophie, si estaba enojada, si dijo adónde iba.

El policía se llama señor Watkins. Tiene una taza de café junto a una carpeta muy gruesa y lleva la corbata torcida. Antes me dio un chocolate caliente, pero sigue sobre la mesa y ya tiene una capa oscura en la superficie.

—¿Azul claro o azul oscuro, Claire?

Cierro los ojos y vuelvo a ver la lluvia contra la ventana, la cortina corrida apenas hacia un lado y las luces de la calle reflejadas en el pavimento mojado.

Sophie está afuera con su mochila negra y la campera que mamá odiaba porque tenía un agujero en una manga.

También hay un auto estacionado en la calle.

—Oscuro —digo—. Azul oscuro.

El señor Watkins escribe algo.

—¿Estás segura?

Dudo antes de responder.

—Creo que sí.

—Está bien si no estás segura.

Miro a mi madre. Ella me devuelve una sonrisa pequeña, cansada.

—Dejala pensar —dice.

Watkins espera mientras cierro los ojos otra vez. El auto sigue estacionado frente a nuestra casa. Distingo las luces traseras, pero el resto se desarma cuanto más me esfuerzo por verlo.

—Sí —digo finalmente—. Era azul oscuro.

—¿Viste quién conducía?

Niego con la cabeza.

—¿Era un hombre?

—No sé.

—¿Una mujer?

—No sé.

—¿Viste la cara?

—No.

El señor Watkins vuelve a escribir. Su bolígrafo hace un ruido suave contra el papel.

—¿Qué viste primero, a Sophie o el auto?

Pienso unos segundos.

—A Sophie.

—¿Y después?

—El auto.

—¿Sophie estaba cerca?

Cierro los ojos otra vez. Puedo verla afuera y puedo ver el auto en la misma calle, pero cuando intento juntar una cosa con la otra, la imagen se desarma.

—No sé.

—Está bien.

Mi madre me toca la mano.

—Pensá un poquito más.

El policía gira la cabeza hacia ella.

—Señora Bennett, necesito que Claire responda sólo lo que recuerde.

—Claro.

Mi madre retira la mano. No parece enojada, sólo cansada. Todos estamos cansados desde que Sophie no está.

Watkins pasa una página.

—Antes dijiste que Sophie y tu mamá habían discutido esa noche.

Miro la carpeta.

—Sí.

—¿Sabés por qué?

—No.

—¿Escuchaste algo?

—No.

—¿Sophie te dijo algo después?

Por un momento vuelvo a estar en su habitación. Sophie está junto al armario y la mochila descansa abierta sobre la cama. Tiene algo en la mano: un sobre blanco. No consigo recordar qué hizo con él ni por qué estaba allí.

—Claire.

Levanto la cabeza. El señor Watkins espera.

—¿Te dijo algo?

Pienso otra vez en el sobre, pero la imagen ya se ha ido. Mi madre tose muy bajito.

—No —digo.

El señor Watkins me observa durante unos segundos antes de cerrar la carpeta.

—Está bien, Claire. Terminamos por hoy.

Mi madre me rodea con un brazo.

—¿Ves? Ya está.

Apoyo la cabeza contra ella. Quiero irme a casa, quiero que Sophie vuelva y quiero que todos dejen de preguntarme por aquella noche.

Durante mucho tiempo, de todo lo que recordaba de ese día, el auto azul fue lo más claro.