CAPÍTULO DIECINUEVE
A la mañana siguiente, Lenny le entregó a Jane dos archivos.
—Algo interesante surgió cuando investigamos a los inquilinos. Unos hermanos gemelos viven a unas puertas de distancia. No estaban en casa ayer, o al menos, tuvieron el sentido común de no responder cuando tocamos. Ambos tienen antecedentes de asalto y consumo de drogas, principalmente meta.
—No me digas. Sabes que odio a los drogadictos.
—Eso ni siquiera es lo mejor —dijo mientras dejaba los archivos frente a ella—. Déjame presentarte a JT y JL Hobbins. Por si te lo preguntabas, JT es como le dicen a Jethro Thunder. ¿Quieres adivinar qué significa JL?
—Si no es Jethro Lightning, voy a estar decepcionada y furiosa.
—Le atinaste.
Jane comparó los archivos hasta que negó con la cabeza.
—¿Qué clase de pendejada es esta? ¿Gemelos llamados Jethro? ¿Thunder y Lightning? ¿Cómo chingados los distingues?
—Parece que a JL le falta un diente menos que a JT —sugirió Lenny.
—Eso no es un diente. Es un tumor ennegrecido .
—Estoy de acuerdo en que no asustará a nadie, pero para él es un diente.
—Está bien. Vamos a buscar a estos idiotas. Todavía no es mediodía, así que deberían seguir dormidos.
Veinte minutos después, se acercaron al departamento, con Jane todavía quejándose.
—No estoy para pelear hoy. Llevo una blusa nueva, y odio que esos drogadictos tengan la manía de morder por alguna razón.
—Entonces, ¿estás diciendo que disparemos primero antes de que se alteren?
—Exactamente lo que estoy diciendo.
Procedió a golpear la puerta con la macana. Esta vez, lo mantuvo en la mano. Se escucharon ruidos dentro, pero nadie abrió la puerta, así que Jane golpeó más fuerte.
Finalmente, una criatura de aspecto triste abrió la puerta lentamente. Su delgado cuerpo sin playera estaba cubierto de costras y mugre. Sus ojos desenfocados se movían en círculos al azar y sus manos temblaban.
Jane levantó su placa.
—Policía, ¿eres JT o JL?
Él extendió su brazo, que tenía tatuado «Thunder».
—Al menos no tenemos que ver su diente —murmuró Lenny en voz baja. Jane le dio un codazo en las costillas.
—Tenemos algunas preguntas. ¿Te importa si entramos? —preguntó Jane, mientras empujaba la puerta para entrar.
—Claro, está bien —masculló JT mientras pasaban junto a él hacia el departamento, que era tristemente similar a otros cuchitriles de adictos en los que habían estado antes.
Comida, basura, latas vacías de cerveza y ropa sucia competían por espacio en el suelo, junto al cuerpo de JL.
Al menos asumían que era JL, ya que se parecía a JT y tenía un rayo tatuado en el brazo.
—¿JL está muerto? —preguntó Jane.
JT se rió.
—Claro que no, güey. Se está echando una pestañita .
Tomó una cerveza medio llena y se la lanzó a su hermano, dándole justo en la cabeza. JL se levantó con cerveza escurriendo de su cabello.
—¿Por qué chingados hiciste eso?
JT se rió tan fuerte que no pudo responder. Jane perdió la paciencia.
—Escuchen, idiotas. Jenny Smithton, quien vive al final del pasillo, fue asesinada hace unos días. ¿Saben algo sobre eso?
Les mostró una foto. JT y JL miraron la foto y luego se miraron entre ellos.
—Nunca la habíamos visto antes —alegó JT.
—¿Estás seguro de eso? Vivía a cinco puertas de distancia. ¿Nunca la vieron?
—No salimos mucho como para conocer gente —ofreció JL.
Jane y Lenny los interrogaron durante otros diez minutos, pero no surgió nada útil. Claramente, JT y JL no tenían la capacidad de cometer un asesinato sin testigos y sin dejar evidencia obvia. Apenas tenían la capacidad de mantenerse vivos cada día.
—¿Quieres exonerarlos? —preguntó Lenny.
—No están exonerados, pero ponlos en segundo plano. Podemos regresar si no surge nada más, pero no veo cómo podrían estar organizados lo suficiente para hacerlo.
—¿Otra lluvia de ideas?
—Vamos de nuevo a La U. Tan pronto como encuentre una excusa para una orden, volvemos.