EPÍLOGO
La casa estaba en silencio. Nora dormía arriba. Daniel también, en la habitación que ya no llamaban de invitados aunque ninguna conversación formal hubiera decidido el cambio. Laura bajó descalza. Abrió la puerta de la terraza. El aire olía a sal, pino y humedad.
El mismo olor del día en que había regresado. No sintió que su cuerpo supiera algo antes que ella. Esta vez estaban de acuerdo. Sobre la mesa había una fotografía nueva.
Cinco jóvenes en la terraza.
Clara.
Àlex.
Mireia.
Laura.
Daniel.
Durante mucho tiempo había mirado la imagen buscando lo que faltaba. Ahora vio lo que estaba. Una chica de diecisiete años que no sabía que aquella noche sería la última.
Pero también una chica que había cantado mal, hecho pulseras, discutido por sombrillas, querido vivir en Calella cuando fuera vieja y exigido a su padre que dijera la verdad. Laura cogió la pulsera azul y blanca de Clara. No se la puso. La dejó alrededor del marco.
Daniel apareció en la puerta de la cocina.
—¿Estás bien?
Laura miró el mar.
—Sí.
Él no preguntó si estaba segura. Nora bajó corriendo diez minutos después.
—¡Hoy sí me baño!
Laura sonrió.
—Hoy sí.
—¿Aunque el agua esté fría?
—Aunque esté fría.
Nora levantó los brazos como si acabara de ganar una guerra. Desayunaron y bajaron andando. El pueblo estaba lleno de final de verano: maletas, toallas, niños, terrazas, gente apurando un día que todavía parecía julio bajo el sol.
En El Canadell, Nora se quitó las sandalias y corrió al agua. Laura fue detrás. El primer contacto le heló los tobillos.
—¡Está congelada! —gritó.
—¡Te lo dije! —respondió Nora riendo.
Daniel entró también. Laura avanzó hasta que el agua le llegó a la cintura. Seguía sin gustarle nadar donde no veía el fondo. No necesitaba curarse de todo. Nora chapoteó cerca. Laura miró hacia la costa, las casas, los pinos. Calella no era solo un sitio.
Todavía no.
Quizá nunca lo sería. Los lugares, como las personas, podían contener más de una verdad. Laura se sumergió. Bajo el agua, durante un segundo, no oyó nada. Después salió a la superficie.
Nora reía.
Daniel decía algo que no entendió. El sol le dio en la cara.
Laura respiró.
Y siguió nadando.