La Última Balada de Elise Chapter 10
100%

Chapter 10

Dejé de forcejear, pero no porque el miedo hubiera desaparecido.

Al contrario: se había transformado en algo más frío, más profundo.

Porque si era él, si era Rosso, entonces la razón por la que me sujetaba así, en la oscuridad, tapándome la boca, no podía ser buena.

-Necesito que me escuches sin gritar - Su aliento rozó mi oído, y sentí que temblaba, algo que nunca había sentido en él, ni siquiera en los momentos más peligrosos - Y necesito que no te muevas hasta que termine de hablar. Por favor.-

Asentí, apenas, con el corazón golpeándome el pecho.

Lentamente, retiró la mano de mi boca, pero no me soltó la cintura.

Me giró con suavidad hasta que quedamos frente a frente, y la luz de la luna me permitió ver su rostro con una claridad que hubiera preferido no tener.

Sus ojos rojos, siempre ardientes, siempre burlones, estaban rotos.

-Mi padre acaba de llegar - Estoy segura que eso ya lo sabe - Y me dijo algo, Rosso. Me dijo que nunca envió a nadie a protegerme.-

Rosso cerró los ojos un instante, como si mis palabras confirmaran algo que ya temía.

-Lo sé.-

-¿Lo sabes?-

-Si, Elise. -Su voz se quebró en mi nombre, algo que jamás había escuchado en él - Porque yo le cercene los dedos a tu padre y tome su anillo-

El aire abandonó mis pulmones.

-¿Qué…?-

-Me contrataron para matar a tu padre y al fallar tu fuiste la siguiente en mi lista - Las palabras salieron de él como si le costaran más que cualquier herida de batalla. - Hace ocho meses. Un hombre, cuyo nombre nunca conociste, con oro suficiente para comprar mi lealtad diez veces. Me pago …-

Retrocedí un paso, chocando contra el borde de mi propia cama, sintiendo que el mundo entero se desmoronaba bajo mis pies por segunda vez esa noche.

-El asesino del baile en el territorio de los Potente… - mientras hablaba até los cabos dolorosamente, cada palabra que decía era como una puñalada que me infringía sola. - Tú… tú lo contrataste.-

Rosso no apartó la mirada, aunque algo en sus ojos me suplicaba que lo hiciera.

-Sí-

Las lágrimas empezaron a rodar, calientes, imposibles de contener.

-Sotto…-

-Sotto descubrió demasiado - Su voz se volvió apenas un susurro, cargado de un peso que parecía aplastarlo.

- Estaba investigando, atando cabos que nadie más había atado. No pude permitir que llegara hasta ti con esa información.-

-Lo mataste - Una arcada me invadió -Envenenaste a mi amigo de la infancia.-

-Sí.-

La palabra cayó entre nosotros como una losa, definitiva, irreversible.

Quise gritar, quise golpearlo, quise arrancarle los ojos rojos que tanto había llegado a amar en la oscuridad de mis noches solitarias.

Pero el cuerpo se me había convertido en piedra, incapaz de moverse, atrapado entre el horror y una tristeza tan profunda que dolía respirar.

-¿Por qué me dices esto ahora? -logré susurrar. - ¿Por qué no simplemente terminas lo que empezaste?-

Algo se rompió en su rostro, una grieta en la máscara que siempre había llevado, burlona y segura.

-Porque debí matarte hace meses, Elise. Tuve mil oportunidades.

Tuve tu confianza, tu cuerpo dormido a mi alcance en cada viaje en carruaje, tu garganta expuesta cada vez que te reías de mis bromas estúpidas - Su voz se rompió por completo - Y nunca pude hacerlo.

Porque en algún punto, sin darme cuenta, sin quererlo, sin permitírmelo, me enamoré de ti. -

-Entonces detente. - Extendí las manos hacia él, temblando, aferrándome a un hilo de esperanza absurdo - Detente, Rosso. Huyamos. Podemos irnos, esconderte de quien te contrató, decirle a mi padre…- Estoy confundida, no se si lo dije fue real o solo estoy intentando ganar tiempo.

El sonrió y sacó el cuchillo de entre los pliegues de su chaqueta de cuero, y la luz de la luna se reflejó en el filo con un brillo frío que me heló la sangre.

-Si no termino el contrato, ellos vendrán por mí. Y peor, Elise: vendrán por ti de todas formas, con alguien que no dudará, que no sentirá nada al clavarte un cuchillo entre las costillas. Al menos si soy yo…-

-¿Al menos si eres tú qué? - Mi voz se elevó, histérica, rota. - ¿Al menos si eres tú será rápido? ¿Al menos si eres tú será con amor?-

-Al menos si soy yo, no sentirás miedo hasta el final - Sus ojos rojos brillaron con lágrimas que nunca imaginé ver en él -Baila conmigo, Elise. Una última vez. Como la primera noche.-

-No. - Negué con la cabeza, retrocediendo, pero su mano libre ya se había cerrado alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él con una fuerza contra la que no tenía forma de luchar.

-Baila conmigo - Su voz sonó rota, suplicante, mientras la punta del cuchillo se apoyaba fría contra mi costado, guiándome, obligándome a moverme al ritmo de una música que solo existía en nuestros recuerdos.

-Por favor, Elise. Dame esto. Dame un último baile antes de que todo termine.-

Y a pesar del terror, a pesar de las lágrimas que no podía detener, a pesar de saber exactamente lo que aquel filo prometía, mis pies se movieron con los suyos.

Giramos lentamente por mi habitación bañada de luna, tal como habíamos girado aquella primera noche en el salón de baile, cuando él era solo un extraño de ojos rojos y risa burlona, y yo era solo una anfitriona asustada.

-Te amo, Elise DeMonety - Susurró contra mi oído, su voz quebrada, su cuerpo temblando contra el mío - Más de lo que jamás pensé que podría amar a nadie. Y lo siento. Dioses, cuánto lo siento… siempre seré tu idiota…-

Sentí el frío del acero presionar con más fuerza contra mi piel.

Y luego, la punta del cuchillo se hundió en mi costado.