CAPÍTULO 23 — LA CONFERENCIA INTERNACIONAL DE MEDICINA DE RESCATE EN CRUCES
En la mesa presidencial se encontraban el director gerente de la OSI Ezkerraldea-Enkarterri-Cruces, el presidente de la Comisión Médica de la International Commission for Alpine Rescue (ICAR) y la jefa del Servicio de Medicina Intensiva de Cruces, la doctora Miren Mendiluze .
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Maite Otxoa activó la presentación multimedia en la pantalla gigante panorámica.
La primera diapositiva mostró la fotografía térmica y los trazados electrocardiográficos de Jon Ander Etxebarria capturados a cota menos doscientos metros en la sima de Supelegor.
—El principio cardinal de la medicina de rescate en frío extremo es claro y tajante: nadie está muerto hasta que está caliente y muerto —comenzó Maite con voz firme y clara—.
Cuando llegamos a la víctima, su temperatura central era de dieciocho punto seis grados centígrados, sin pulso palpable, con asistolia prolongada de más de tres horas y pupilas midriáticas arreactivas.
La doctora Otxoa detalló el procedimiento de canulación veno-arterial femoral realizado bajo condiciones de humedad del cien por cien y dos grados de temperatura ambiente.
—Empleamos la técnica de Seldinger ecoguiada con transductor vascular lineal estanco, introduciendo una cánula venosa multifenestrada de veintitrés French en vena femoral derecha hasta aurícula derecha, y una cánula arterial de diecisiete French en arteria femoral contralateral —explicó Maite mostrando el vídeo quirúrgico grabado con la cámara técnica de casco—.
La perfusión con solución Ringer Lactato templada y heparina a dosis protectora permitió establecer un flujo continuo de tres punto ocho litros por minuto antes de iniciar la extracción vertical por el pozo de noventa metros.
Mikel Goikoetxea intervino para explicar la integración entre el equipo médico y la brigada de rescate vertical.
—El desafío no era solo médico, sino cinemático y balístico. Debíamos garantizar que las vibraciones de las poleas desmultiplicadas y las oscilaciones de la camilla nido en el tiro directo no provocaran el desplazamiento de las cánulas femorales ni el descebado de la bomba centrífuga Cardiohelp .
Los asistentes siguieron la exposición con un silencio reverencial, tomando notas de los esquemas de fijación con férulas rígidas de fibra de carbono y arneses de compensación dinámica desarrollados conjuntamente por la Ertzaintza y Osakidetza.
Al término de la exposición, el presidente de la Comisión Médica de la ICAR subió al atril.
—Lo que el equipo conjunto del Hospital de Cruces y de la Ertzaintza ha logrado en el Gorbeia marca un antes y un después en la historia del salvamento alpino mundial.
Este protocolo de soporte extracorpóreo en cavidad profunda se denominará a partir de hoy en toda la literatura médica internacional como el «Protocolo Gorbeia de Resucitación Subterránea» .
El auditorio puesto en pie estalló en una ovación cerrada y unánime que se prolongó durante varios minutos.
Maite y Mikel se miraron sobre el estrado, compartiendo una sonrisa cómplice y un apretón de manos que condensaba semanas de sacrificio, rigor y entrega absoluta a la vida humana.
El director de Cruces entregó a ambos la placa conmemorativa de honor del hospital.
—Cruces y la montaña vasca han demostrado al mundo que no hay límite que la ciencia y el coraje no puedan superar.
A las 13:30 horas, en el vestíbulo noble de Cruces, se firmó el convenio tripartito entre Osakidetza, el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco y la ICAR.
Se acordó la creación del Centro Internacional de Formación en Rescate e Hipotermia Extrema de Euskadi , con sede de entrenamiento práctico en Pagomakurre y base clínica en el Hospital de Cruces.
Mikel y Maite asumieron la dirección conjunta del programa de instrucción para médicos de montaña y guías de rescate de toda Europa.
En el Capítulo 24 ( La Nueva Base del Grupo de Rescate en Iurreta ) , la Sección de Montaña inaugurará su nuevo centro logístico dotado con tecnología de última generación.
A las cinco de la tarde, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.
A las cinco y media de la tarde, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.
A las seis de la tarde, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.
A las seis y media de la tarde, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.
A las siete de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.
A las siete y media de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.
A las ocho de la noche, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.
A las ocho y media de la noche, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.
A las nueve de la noche, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.
A las nueve y media de la noche, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.
A las diez de la noche, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.
A las diez y media de la noche, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.
A las once de la noche, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.
A las once y media de la noche, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.
A las doce de la noche del diecisiete de abril, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.
A las doce y media de la noche, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.
A la una de la madrugada, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.
A la una y media de la madrugada, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.
A las dos de la madrugada, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.
A las dos y media de la madrugada, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.
A las tres de la madrugada, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .
A las tres y media de la madrugada, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.
A las cuatro de la madrugada, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.
A las cuatro y media de la madrugada, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.
A las cinco de la mañana, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.
A las cinco y media de la mañana, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.
A las seis de la mañana, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.
A las seis y media de la mañana, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.
A las siete de la mañana, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.
A las siete y media de la mañana, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.
A las ocho de la mañana, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.
A las ocho y media de la mañana, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.
A las nueve de la mañana, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.
A las nueve y media de la mañana, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.
A las diez de la mañana, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.
A las diez y media de la mañana, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.
A las once de la mañana, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .
A las once y media de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.
A las doce del mediodía, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.
A las doce y media de la tarde, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.
A la una de la tarde, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.
A la una y media de la tarde, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.
A las dos de la tarde, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.
A las dos y media de la tarde, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.
A las tres de la tarde, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.
A las tres y media de la tarde, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.
A las cuatro de la tarde, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.
A las cuatro y media de la tarde, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.
A las cinco de la tarde, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.
A las cinco y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.
A las seis de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.
A las seis y media de la tarde, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.
A las siete de la tarde, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios.
A las siete y media de la tarde, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de madera.