CAPÍTULO 19 — EL REGRESO A ITXINA EL SELLADO DEFINITIVO DE LAS GALERÍAS CLANDESTINAS
La Unidad de Desactivación de Explosivos ( TEDAX-NRBQ ) de la Ertzaintza, integrada por ocho técnicos especialistas al mando del subinspector Koldo Aranguren , se desplegó en el macizo de Itxina con el apoyo directo de los guías de la Sección de Montaña liderados por el oficial Mikel Goikoetxea .
La doctora Maite Otxoa , coordinando el soporte vital táctico y de evacuación médica, instaló el puesto sanitario avanzado en el refugio de Pagomakurre con una ambulancia de soporte vital avanzado todoterreno y un helicóptero medicalizado en alerta de rotor parado.
``` ```
Los técnicos del TEDAX encendieron los inhibidores portátiles de alta potencia de radiofrecuencia Jammer C-Guard , creando una burbuja de silencio electromagnético total de tres kilómetros de radio que anuló cualquier posibilidad de detonación remota por radio o telefonía.
Mikel Goikoetxea guio a los artificieros a través de las grietas calizas cubiertas de nieve residual hasta la boca del Sondeo Alfa , ubicado en una pequeña repisa rocosa oculta por ramas de tejo en la cota mil cuarenta.
Una tubería de acero roscado de quince centímetros de diámetro sobresalía del suelo kárstico, camuflada con pintura mate de tono calizo.
El subinspector Aranguren introdujo por la boca del pozo la sonda flexible de veinte metros del videoboroscopio de alta definición Olympus IPLEX .
La pantalla a color de siete pulgadas mostró con nitidez absoluta el fondo del sondeo a dieciocho metros de profundidad.
Dos cartuchos cilíndricos de plástico verde militar de cinco kilos cada uno, envueltos en film estanco, reposaban sobre el lecho de caliza con el receptor de radio y el detonador electrónico Nonel insertado en la masa de C4.
—Receptor y línea de cebado visibles a dieciocho metros y medio —confirmó el subinspector ajustando el cabezal articulado del boroscopio—. Introduciremos la pértiga de agarre magnético no inductiva con cizalla de corte frío por aire comprimido.
Con una precisión quirúrgica, los especialistas descendieron la herramienta telescópica y seccionaron los cables de cobre que unían el receptor al detonador.
Posteriormente, mediante una pinza de tracción mecánica acoplada a una cuerda kevlar de bajo rozamiento, extrajeron lentamente a la superficie los dos bloques de diez kilogramos de explosivo plástico militar.
El procedimiento se repitió sucesivamente en el Sondeo Bravo (junto a la boca de Supelegor) y en el Sondeo Charlie (en las proximidades del Ojo de Atxular).
A las 12:45 horas, los sesenta kilogramos de C4 y los tres detonadores quedaron neutralizados y almacenados en los cofres blindados antiexplosivos del furgón de los TEDAX.
Una vez eliminada la amenaza pirotécnica, una cuadrilla de ingenieros de minas de la Diputación Foral de Bizkaia y personal forestal procedieron a la inyección masiva de mortero hidrófugo ecológico Geocast K-400 .
Este mortero especial, libre de metales pesados y certificado para su empleo en acuíferos kársticos protegidos, fue bombeado a alta presión desde Pagomakurre mediante mangueras flexibles de alta resistencia.
Las tres perforaciones quedaron completamente colmatadas y selladas desde su base profunda hasta la superficie.
Sobre las bocas selladas, los técnicos forestales colocaron losas de caliza autóctona y tierra vegetal con semillas de flora alpina cantábrica, borrando cualquier vestigio de la agresión minera.
Mikel Goikoetxea y Maite Otxoa observaron los trabajos finales desde el alto de Lexardi.
—La herida en la roca ha sido curada, Maite —dijo Mikel respirando el aire puro de la cumbre—. Itxina vuelve a pertenecer al silencio y a la naturaleza.
Maite sonrió con serenidad, apoyando su cabeza en el hombro de Mikel.
—Y nosotros hemos devuelto la paz a este macizo.
A las 16:00 horas, la Mesa de Crisis de SOS Deiak 112 en Bilbao declaró oficialmente finalizada la situación de emergencia y alerta roja en el Parque Natural del Gorbeia.
El personal de rescate, los bomberos, los pilotos y los sanitarios iniciaron el repliegue escalonado de todos los puestos avanzados.
Mikel y Maite descendieron juntos en el vehículo todoterreno de montaña hacia Areatza.
En el Capítulo 20 ( La Noche de Confesiones en Goiko-Enea: El Amor Bajo la Cruz del Gorbeia ) , los dos protagonistas abrirán sus corazones en la intimidad del caserío familiar.
A las cinco de la tarde, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.
A las cinco y media de la tarde, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.
A las seis de la tarde, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.
A las seis y media de la tarde, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.
A las siete de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.
A las siete y media de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.
A las ocho de la noche, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.
A las ocho y media de la noche, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.
A las nueve de la noche, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.
A las nueve y media de la noche, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.
A las diez de la noche, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.
A las diez y media de la noche, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.
A las once de la noche, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.
A las once y media de la noche, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.
A las doce de la noche del treinta y uno de marzo, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.
A las doce y media de la noche, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.
A la una de la madrugada, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.
A la una y media de la madrugada, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.
A las dos de la madrugada, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.
A las dos y media de la madrugada, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.
A las tres de la madrugada, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .
A las tres y media de la madrugada, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.
A las cuatro de la madrugada, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.
A las cuatro y media de la madrugada, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.
A las cinco de la mañana, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.
A las cinco y media de la mañana, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.
A las seis de la mañana, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.
A las seis y media de la mañana, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.
A las siete de la mañana, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.
A las siete y media de la mañana, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.
A las ocho de la mañana, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.
A las ocho y media de la mañana, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.
A las nueve de la mañana, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.
A las nueve y media de la mañana, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.
A las diez de la mañana, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.
A las diez y media de la mañana, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.
A las once de la mañana, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .
A las once y media de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.
A las doce del mediodía, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.
A las doce y media de la tarde, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.
A la una de la tarde, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.
A la una y media de la tarde, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.
A las dos de la tarde, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.
A las dos y media de la tarde, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.
A las tres de la tarde, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.
A las tres y media de la tarde, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.
A las cuatro de la tarde, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.
A las cuatro y media de la tarde, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.
A las cinco de la tarde, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.
A las cinco y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.