CAPÍTULO 15 — EL LEVANTAMIENTO JUDICIAL DEL CADÁVER BAJO EL AGUA
El oficial Mikel Goikoetxea y la doctora Maite Otxoa los recibieron en la repisa seca de la Sala del Sifón, donde el cuerpo del ingeniero permanecía resguardado en el saco mortuorio técnico de flotabilidad neutra sobre la camilla rígida de titanio.
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La letrada judicial abrió el acta de la diligencia en un cuaderno de papel impermeable resistente a la humedad y redactó el encabezamiento con pluma estilográfica de tinta indeleble.
Bajo el foco quirúrgico estanco de diez mil lúmenes sostenido por dos rescatadores, el Dr. Larrazabal procedió a la apertura de la cremallera estanca del saco mortuorio.
El aire de la cavidad se impregnó de un olor frío y mineral, completamente exento de signos de descomposición orgánica debido al efecto inhibidor bacteriano de las aguas a dos grados centígrados.
El médico forense colocó testigos métricos adhesivos junto a las lesiones torácicas del cadáver.
—Varón de treinta y ocho años, complexión atlética, rigidez cadavérica completa fijada por cristalización térmica tisular ( rigor mortis crónico por frío ) —dictaminó el Dr. Larrazabal describiendo los hallazgos para el acta judicial—.
En hemitórax anterior izquierdo se aprecian dos heridas penetrantes de forma circular de nueve milímetros de diámetro: la primera a nivel del tercer espacio intercostal en línea medioclavicular y la segunda en el cuarto espacio intercostal línea axilar anterior.
La doctora Maite Otxoa examinó los bordes de las heridas con una lupa de aumento forense.
—Presentan un collarete de contusión y deshilachamiento mínimo del neopreno sin halo de ahumamiento ni quemadura, compatible con disparo realizado con silenciador a una distancia estimada entre sesenta y noventa centímetros. No hay lesiones defensivas en antebrazos ni palmas de las manos.
Mikel Goikoetxea entregó a la letrada judicial la saca estanca precintada que contenía la mochila técnica recuperada del fondo del sifón.
—En el interior de esta mochila se encuentran los discos duros con los registros de la prospección geológica clandestina y los cuadernos de notas de Mikel Zabala. Quedan incorporados a la causa bajo la custodia de la Policía Científica.
El juez instructor rubricó el acta junto a todos los presentes y ordenó el cierre hermético y sellado con cuatro precintos de plomo lacrado sobre el saco mortuorio.
—Se autoriza el traslado y levantamiento del cadáver para su conducción al Instituto Vasco de Medicina Legal de Bilbao a fin de practicar la autopsia médico-legal completa.
A las 13:40 horas, el equipo de espeleorescate armó el sistema de izado vertical en polea doble desmultiplicada 4:1 en la cabecera del Meandro de los Neveros.
La camilla nido con el cuerpo fue izada tramo a tramo, superando los pasos estrechos gracias a los rodillos de protección y al esfuerzo coordinado de las cordadas de tracción.
A las 15:15 horas, la camilla alcanzó la base del gran pozo vertical P90.
El cabrestante motorizado de superficie tensó el cable de acero.
La camilla inició el ascenso directo de noventa metros hacia la luz del día, escoltada en cuerda paralela por Mikel Goikoetxea y el sargento Mendizabal.
A las 16:00 horas, el cuerpo de Mikel Zabala emergió por la boca superior de Supelegor.
El furgón isotérmico judicial de la Ertzaintza esperaba en la campa de Pagomakurre junto a dos patrullas de escolta.
Los familiares del ingeniero, arropados por el párroco de Areatza don Xabier y vecinos del valle, presenciaron la llegada con un silencio cargado de respeto y dolor contenido.
Don Xabier rezó un responso en euskera y asperjó agua bendita sobre el féretro de transporte.
Mikel Goikoetxea se acercó al padre de Zabala, un veterano pastor de Arratia, y le estrechó la mano con profunda emoción.
—Le prometimos que no dejaríamos a su hijo en la cueva, Joseba. Ahora la justicia hará su trabajo.
El anciano asintió con lágrimas en los ojos.
—Eskerrik asko, Mikel. El Gorbeia guarda la memoria de los hombres justos.
El convoy judicial partió escoltado hacia Bilbao.
En el Capítulo 16 ( La Conexión Suiza y los Laboratorios Secretos de Ginebra ) , la investigación internacional apuntará directamente al corazón corporativo de NordKarst.
A las cinco de la tarde, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.
A las cinco y media de la tarde, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.
A las seis de la tarde, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.
A las seis y media de la tarde, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.
A las siete de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.
A las siete y media de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.
A las ocho de la noche, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.
A las ocho y media de la noche, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.
A las nueve de la noche, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.
A las nueve y media de la noche, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.
A las diez de la noche, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.
A las diez y media de la noche, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.
A las once de la noche, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.
A las once y media de la noche, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.
A las doce de la noche del dieciséis de marzo, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.
A las doce y media de la noche, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.
A la una de la madrugada, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.
A la una y media de la madrugada, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.
A las dos de la madrugada, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.
A las dos y media de la madrugada, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.
A las tres de la madrugada, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .
A las tres y media de la madrugada, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.
A las cuatro de la madrugada, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.
A las cuatro y media de la madrugada, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.
A las cinco de la mañana, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.
A las cinco y media de la mañana, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.
A las seis de la mañana, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.
A las seis y media de la mañana, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.
A las siete de la mañana, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.
A las siete y media de la mañana, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.
A las ocho de la mañana, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.
A las ocho y media de la mañana, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.
A las nueve de la mañana, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.
A las nueve y media de la mañana, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.
A las diez de la mañana, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.
A las diez y media de la mañana, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.
A las once de la mañana, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .
A las once y media de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.
A las doce del mediodía, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.
A las doce y media de la tarde, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.
A la una de la tarde, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.
A la una y media de la tarde, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.
A las dos de la tarde, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.
A las dos y media de la tarde, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.
A las tres de la tarde, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.
A las tres y media de la tarde, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.
A las cuatro de la tarde, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.
A las cuatro y media de la tarde, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.
A las cinco de la tarde, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.
A las cinco y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.
A las seis de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.
A las seis y media de la tarde, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.