CAPÍTULO 13 — LA SEGUNDA INCURSIÓN EL EQUIPO DE ESPELEOBUCEO EN EL SIFÓN FÓSIL
El oficial Mikel Goikoetxea coordinó la columna de transporte integrada por doce especialistas en espeleorescate y cuatro buceadores tácticos, acompañados por la doctora Maite Otxoa al frente del equipo de soporte hiperbárico y reanimación avanzada.
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El espejo de agua negra y cristalina reflejaba las luces LED de los cascos, revelando una bóveda sumergida que descendía en vertical hacia las profundidades abisales del macizo.
El sargento buceador Gorka Etxebarria y el agente Jon Mirena Urkidi procedieron al ensamblado y chequeo exhaustivo de los rebreathers JJ-CCR .
Verificaron la estanqueidad de las juntas tóricas de vitón, calibraron las tres células galvánicas de oxígeno con oxígeno puro al cien por cien y comprobaron que el absorbente de cal sodada Sofnolime 797 en el filtro axial no presentaba compactación ni humedad.
Maite Otxoa revisó los sistemas de calefacción eléctrica activa integrados en las capas térmicas interiores Santi BZ400 , conectando los acumuladores de litio estancos a los conectores de paso de los trajes secos de trilaminado.
—A dos grados de temperatura del agua, el tiempo de supervivencia sin calefacción activa se reduce a menos de cuarenta minutos antes del choque térmico —advirtió Maite ajustando los sensores de temperatura cutánea—.
Monitorearemos la frecuencia cardíaca telemétrica y la fracción inspirada de oxígeno ( PO2 ) que debe mantenerse estricta en 1. 2 bares durante toda la inmersión.
Mikel Goikoetxea colocó el cáncamo de anclaje de acero inoxidable en la roca exterior sobre la orilla del sifón y fijó el nudo cero del carrete de hilo guía primario.
—Punto cero asegurado. Hilo tensado y etiquetado con flechas direccionales de salida reflectantes cada cinco metros.
A las 11:00 horas, tras realizar el control cruzado de seguridad de tres minutos en superficie ( bubble check y prueba de presión negativa del circuito respiratorio), los dos buceadores se sumergieron suavemente en el agua helada.
El haz de luz halógena de doce mil lúmenes cortó la oscuridad absoluta del agua fósil, revelando paredes verticales de caliza esculpidas en forma de tubo de presión con sedimentos de arcilla inalterados desde el Cuaternario.
Gorka avanzó desenrollando el hilo guía con la mano izquierda, manteniendo una flotabilidad neutra perfecta para no levantar partículas del lecho que pudieran anular la visibilidad.
A los quince metros de penetración horizontal, el conducto viró bruscamente en vertical hacia abajo en una sima sumergida de seis metros de diámetro.
Los ordenadores de buceo trimix Shearwater Petrel 3 registraron el descenso continuo: menos diez metros, menos quince metros, menos veinte metros de profundidad bajo la lámina de agua (-240 metros respecto a la superficie exterior).
A las 11:28 horas, a una profundidad de veinticuatro metros en el fondo de la fosa sumergida, el foco de Gorka iluminó un objeto que destacaba sobre las losas de roca.
El cuerpo del ingeniero Mikel Zabala yacía en decúbito supino, conservado intacto por el agua gélida a dos grados, con el arnés de espeleología y los impactos de bala nítidamente visibles en el pecho de su mono de neopreno.
Gorka fijó el carrete guía a un bloque de roca adyacente y activó la cámara de vídeo técnica subacuática de alta definición.
Registró detalladamente la posición del cuerpo, la ausencia de desplazamientos por corrientes y la presencia de una mochila estanca trincada a su cintura.
A las 11:42 horas, los buceadores iniciaron el ascenso lento respetando las paradas de descompresión profunda en las cotas de doce y seis metros.
A las 12:15 horas, las cabezas de Gorka y Jon Mirena emergieron en la orilla de la sala subterránea.
—Objetivo localizado a cota menos veinticuatro metros de sifón —informó Gorka retirándose la boquilla del rebreather—. El cuerpo de Mikel Zabala está intacto y listo para el empaquetado judicial. Lleva la mochila con las copias de seguridad de los informes de prospección.
Mikel Goikoetxea apretó el puño con solemne respeto.
—Hemos venido a buscarte, Mikel. Te llevaremos a casa.
En el Capítulo 14 ( La Inmersión en Aguas a Dos Grados y el Hallazgo a -240 metros ) , el operativo llevará a cabo la recuperación técnica del cadáver bajo estrictos protocolos judiciales.
A las doce y media de la tarde, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.
A la una de la tarde, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.
A la una y media de la tarde, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.
A las dos de la tarde, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.
A las dos y media de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.
A las tres de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.
A las tres y media de la tarde, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.
A las cuatro de la tarde, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.
A las cuatro y media de la tarde, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.
A las cinco de la tarde, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.
A las cinco y media de la tarde, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.
A las seis de la tarde, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.
A las seis y media de la tarde, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.
A las siete de la tarde, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.
A las siete y media de la tarde, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.
A las ocho de la noche, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.
A las ocho y media de la noche, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.
A las nueve de la noche, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.
A las nueve y media de la noche, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.
A las diez de la noche, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.
A las diez y media de la noche, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .
A las once de la noche, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.
A las once y media de la noche, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.
A las doce de la noche del diez de marzo, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.
A las doce y media de la noche, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.
A la una de la madrugada, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.
A la una y media de la madrugada, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.
A las dos de la madrugada, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.
A las dos y media de la madrugada, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.
A las tres de la madrugada, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.
A las tres y media de la madrugada, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.
A las cuatro de la madrugada, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.
A las cuatro y media de la madrugada, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.
A las cinco de la mañana, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.
A las cinco y media de la mañana, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.
A las seis de la mañana, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.
A las seis y media de la mañana, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .
A las siete de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.
A las siete y media de la mañana, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.
A las ocho de la mañana, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.
A las ocho y media de la mañana, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.
A las nueve de la mañana, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.
A las nueve y media de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.
A las diez de la mañana, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.
A las diez y media de la mañana, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.
A las once de la mañana, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.
A las once y media de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.
A las doce del mediodía, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.
A las doce y media de la tarde, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.
A la una de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.
A la una y media de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.