CAPÍTULO 11 — LA AUTOPSIA DE CAMPO EN EL INSTITUTO VASCO DE MEDICINA LEGAL (IVML)
Bajo un flujo laminar de aire estéril con filtros HEPA y control radiológico continuo, los técnicos de desactivación de explosivos y peritaje electrónico desbloquearon la cerradura electromecánica mediante un puenteo de señal digital cifrada.
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La tapa de titanio se abrió con un silbido suave al liberarse el vacío interno presurizado con gas argón.
En el interior, alojados en compartimentos de espuma de polietileno expandido antiestática, aparecieron doce tubos de muestreo geológico de cuarzo sintético sellados al vacío, conteniendo cilindros de roca caliza cristalina con vetas de color ámbar metálico oscuro.
Junto a los tubos descansaban dos discos duros sólidos SanDisk Extreme Pro blindados contra pulsos electromagnéticos y tres cuadernos de campo de papel impermeable con anotaciones manuscritas en inglés y alemán.
El Dr. Larrazabal tomó una microfracción de cincuenta miligramos de la muestra mineral con una espátula de platino.
La disolvió en una mezcla de ácido nítrico y fluorhídrico ultrapuros en un digestor de microondas presurizado.
Inyectó la solución resultante en el espectrómetro de masas con plasma de acoplamiento inductivo Agilent 8900 Triple Quad ICP-MS .
La pantalla del espectrómetro generó el cromatograma espectral en tiempo real.
—Concentración masiva de tierras raras pesadas y una concentración anómala del dieciocho punto cuatro por ciento de óxido de torio ( ThO2 ) en estado natural —dictaminó el forense químico señalando los picos de intensidad atómica—.
Es uno de los yacimientos de torio con mayor pureza geológica jamás detectados en Europa occidental.
Mikel examinó los mapas incautados.
—El torio es el combustible clave para los reactores nucleares de sales fundidas de cuarta generación.
Vale cientos de millones en el mercado estratégico internacional.
NordKarst no estaba haciendo espeleología; estaban realizando prospección minera clandestina en un Parque Natural protegido para privatizar el yacimiento antes de que las autoridades vascas conocieran su existencia.
Simultáneamente, el perito de balística forense de la Ertzaintza colocó bajo el microscopio comparador motorizado Leica FS M las dos vainas de latón recuperadas en la galería lateral de Supelegor.
Las vainas, de calibre 9x19 mm Parabellum de la marca suiza RUAG Ammotec , presentaban marcas de percusión rectangulares características de pistolas tácticas Glock 19 Gen5 .
Las marcas de expulsión y las estrías de arrastre coincidían con el uso de munición subsónica pesada de 147 grains diseñada específicamente para su empleo con supresor de sonido.
—El homicidio de Mikel Zabala fue un asesinato premeditado y ejecutado por tiradores profesionales —informó el perito balístico—. Dispararon a menos de un metro de distancia en ángulo descendente y arrojaron el cuerpo al pozo inundado para evitar el hallazgo de los proyectiles.
Maite apretó los puños con rabia contenida.
—Utilizaron la nieve y el karst como tumba y cómplice.
Mikel le puso una mano firme sobre el hombro.
—Pero el frío también conserva las pruebas. Vamos a recuperar el cuerpo de Zabala en el fondo del sifón fósil y cerraremos el cerco sobre cada uno de los responsables.
A las 11:30 horas, el magistrado instructor dictó orden de intervención judicial urgente y sellado integral del sector norte del Parque Natural del Gorbeia.
Se autorizó a la Sección de Montaña y a la Unidad de Buceo de la Ertzaintza a preparar la expedición de espeleobuceo a cota menos doscientos cuarenta metros (-240 m) para el rescate judicial del cadáver del ingeniero jefe.
Mikel y Maite abandonaron la sede del IVML rumbo a la base de Iurreta para coordinar la planificación táctica de la inmersión.
En el Capítulo 12 ( La Reconstrucción del Vuelo Nocturno y las Huellas en la Nieve ) , la investigación aérea desvelará la ruta de escape empleada por los asesinos a través de la frontera pirenaica.
A las doce del mediodía, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.
A las doce y media de la tarde, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.
A la una de la tarde, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.
A la una y media de la tarde, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.
A las dos de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.
A las dos y media de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.
A las tres de la tarde, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.
A las tres y media de la tarde, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.
A las cuatro de la tarde, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.
A las cuatro y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.
A las cinco de la tarde, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.
A las cinco y media de la tarde, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.
A las seis de la tarde, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.
A las seis y media de la tarde, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.
A las siete de la tarde, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.
A las siete y media de la tarde, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.
A las ocho de la noche, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.
A las ocho y media de la noche, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.
A las nueve de la noche, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.
A las nueve y media de la noche, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.
A las diez de la noche, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .
A las diez y media de la noche, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.
A las once de la noche, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.
A las once y media de la noche, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.
A las doce de la noche del tres de marzo, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.
A las doce y media de la noche, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.
A la una de la madrugada, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.
A la una y media de la madrugada, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.
A las dos de la madrugada, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.
A las dos y media de la madrugada, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.
A las tres de la madrugada, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.
A las tres y media de la madrugada, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.
A las cuatro de la madrugada, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.
A las cuatro y media de la madrugada, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.
A las cinco de la mañana, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.
A las cinco y media de la mañana, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.
A las seis de la mañana, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .
A las seis y media de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.
A las siete de la mañana, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.
A las siete y media de la mañana, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.
A las ocho de la mañana, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.
A las ocho y media de la mañana, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.
A las nueve de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.
A las nueve y media de la mañana, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.
A las diez de la mañana, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.
A las diez y media de la mañana, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.
A las once de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.
A las once y media de la mañana, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.
A las doce del mediodía, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.
A las doce y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.
A la una de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.
A la una y media de la tarde, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.
A las dos de la tarde, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios.
A las dos y media de la tarde, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de madera.